"Señora de los libros", "Señora de la Escritura",

domingo, 18 de septiembre de 2011

A bit of India


To be honest I am not really sure where to start and what to say about 4 weeks travelling in India. Definitely not enough time for such a big country but probably enough for me to get an idea as on a few occasions I found myself counting down the days to return to London. There is no word in the dictionary to describe what India inspired us, maybe diverse, maybe challenging, maybe complex could be some options. It is a mix of feelings and thoughts constantly like a rollercoaster with ups and downs and then you are happy, later sad, then confused, then excited, later tired or exhausted, and so on. It turns into a very interesting opportunity to see yourself dealing with lots of challenging situations almost all the time.

I have to recognise that I found more than I was looking for and I feel grateful now to each single experience I had there, especially those 10 days in a Buddhist meditation retreat in the middle of the mountains. I decided to write a list of the things I liked and enjoyed, and also another list of the things that made me feel not happy at all and inspired reflection. Based on a diary which we managed to write everyday with our top 5 impressions I am going to share them with you as I know some people are already waiting to hear them.

Now I understand clearly why it is said that once you go to India you will never be the same again. You discover another reality and see with your own eyes many things you are not used to. You have two options: getting crazy or welcoming whatever comes with an open mind. I tried most of the time to have the second option of course but there is no doubt that sometimes I felt like I was spending my summer holidays in the wrong place. I realize much more than before how lucky I am and I have been in my life. My struggles are at a different level. And I was glad I was not on my own for the first 17 days and travelling with my boyfriend was a considerable help... Love is always a great support!

I would like to express my gratitude to all those who gave us some help and advice. (Thanks Asia, Miha, Tanu, Lambert, Sivan and thanks for all those who were in contact with us during the trip). With no further comments, here are the lists. I should advice future travellers that no matter how prepared you think you are in terms of reading and hearing some other people’s experiences, once you land in such a complex country you have to face a huge but interesting challenge and make your own journey to make the most of it.

martes, 26 de julio de 2011

Breve historia de un amigo virtual



Hace algún tiempo inicié una amistad virtual que hoy en día me demuestra lo poco sano y honesto en lo que lo virtual puede llegar a convertirse. A través de facebook acepté los elogios a mis entradas en el blog que escribo y así fue como empezó el intercambio con esta persona, la cual no identificaré con nombres porque no hay necesidad. Mi placer de compartir ideas y experiencias alzó vuelo y sin pensarlo dos veces abrí mi privacidad para expresar lo que en ese momento estaba viviendo y no sentí desconfianza alguna para dejar que mi corazón se viera al descubierto por alguien que no me conocía. Mis ojos solo vieron una posibilidad natural y limpia de interactuar e intercambiar vivencias personales, sobre todo aquellas en el plano de lo emocional.

Había entonces un poco de complicidad en los emails que nos escribíamos. A veces preguntas y situaciones que me hacían pensar. Yo me tomaba el tiempo para responder y dejar fluir mis propias convicciones frente a lo que se me interrogaba. Ahora que releo los mensajes, y afortunadamente es así, no hay nada en absoluto que cambiaría porque me di la oportunidad de ser yo en esas líneas. Sin embargo creo que hay una clara lección por aprender y de ahí que me haya motivado a incluirlo en mis reflexiones. Lo virtual no es necesariamente un espacio seguro y las intenciones de quienes se acercan a nosotros no las conocemos en absoluto. Facebook tiene su luz y tiene su sombra, como todo en este mundo. Hay mayor posibilidad de sentir la energía de alguien cuando estamos frente a aquella persona y tomando un café discutimos un tema cualquiera. Ahora que los meses han pasado y este personaje no ha hecho aparición, no me cabe la menor duda que detrás de un perfil creado se escondía, probablemente, otro ser que no es capaz de mostrar su rostro sino que prefiere usar una máscara para de esta manera jugar un juego en el que yo ya me he retirado. A veces me inquieta pensar los motivos que llevan a alguien a optar por este tipo de propuesta.

Yo escojo mejor la relación madura, transparente y humana en donde no hay temor a compartir nuestras victorias y fracasos, en donde el corazón puede abrirse y mostrarse como es, en donde puedo sin temor alguno decir los errores que he cometido y los triunfos que a veces me hacen sonreír. Y para este tipo de relación mi alma está más que dispuesta porque soy una convencida en la necesidad de acercarnos a los otros, de sentirnos como hermanos en un mismo barco, de contarnos nuestras propias historias de vida y aprendizajes.

De cara a la oscuridad


Creo recordar algunas oportunidades cuando estaba en el grupo juvenil JANOS (de Nueva Acrópolis) donde salíamos a acampar y nos aventurábamos a lo que fuera: a caminar, a escalar, a pasar por ríos, a embarrarnos de pies a cabeza; cualquier desafío propuesto por nuestros instructores era una maravillosa excusa para probar nuestra juventud. Con ello pretendíamos afirmarnos de manera positiva en el potencial que otros sabían que teníamos porque cuando uno es adolescente no hay esa certeza y es poco lo que está impregnado de claridad. Sin embargo, habían ganas, entusiasmo, energía y valentía para decir si y aceptar la invitación a aquello que implicaba correr riesgos. Fue entonces en aquellos años que tuve mis primeras experiencias en la naturaleza y en medio de bosques seguro que hubo temor, especialmente cuando me encontraba sola como parte de algún ejercicio asignado.

Esta vivencia es exactamente la que he vuelto a tener y aunque fueron tan sólo unos segundos en medio de un bosque oscuro, denso y misterioso, muchos fueron los pensamientos que atravesaron mi mente. Definitivamente el poder que tiene la mente es algo que me sigue siendo interesante e inquietante, porque pareciera que cualquier práctica espiritual tuviera que estar atravesada por el aspecto mental. Me produjo temor el estar de cara a la oscuridad en medio de gigantescos árboles que parecían transformarse en monstruos, los sonidos aumentaban su volumen, imágenes creadas por mi propia imaginación jugaban conmigo mientras yo tenía mis pies en la tierra. Me permití sentir algo de frío en el cuerpo pero al mismo tiempo me repetía como una consigna que el sendero me era familiar, que habían otros compañeros cerca caminando como yo, que no había peligro en la naturaleza. Pero desafortunadamente hemos olvidado ese vínculo que tenemos con la Tierra, con la Naturaleza, y por eso creo yo, nos genera miedo.

Es como cuando de niños creemos que debajo de la cama hay monstruos o en el closet se esconde un fantasma, y nos asusta la ausencia de luz cuando es la hora de dormir, o incluso vemos figuras proyectadas en las paredes creadas por algunas ramas de árboles que danzan con el viento. A veces incluso soñamos con criaturas a las que nos enfrentamos o simplemente nos atemorizan. Todo lo anterior forma parte de un juego mental que si no aprendemos a conocer y a controlar nos llevará a abismos de dudas y montañas de inseguridades. Y entonces cada nueva decisión que llega a nuestra vida nos paraliza porque creemos no tener la respuesta o a veces nos distraemos buscándola afuera cuando finalmente recordamos que está en nosotros. Ahí donde no solemos mirar, ahí está a nuestra espera de ser descubierta.

He regresado a la ciudad y no hay bosques físicos en los que experimentar de nuevo, pero si hay otro tipo de bosques, aquellos que habitan en nuestras mentes. Esos en donde caminamos, nos extraviamos, nos confundimos, vislumbramos de nuevo el camino, nos distraemos de nuevo, nos topamos con otros seres, y hasta nos generan temor porque no hay manera de permanecer en ellos sin que tengamos que sacar el espíritu guerrero de lucha y de sed de victoria.

martes, 12 de julio de 2011

Todo termina en la basura


No siempre, o diría yo, pocas veces somos conscientes de las cosas que adquirimos, de todo aquello que compramos con el objetivo de saciar nuestra sed de consumo. Hace unos días acompañaba a mi pareja a llevar a un lugar especial algunas cosas que ya no necesitaba, cosas que no hacían parte de la lista de lo que él deseaba guardar. Como sé lo que es de vez en cuando salir de cosas, organizar, botar, regalar, donar, me uní con la mejor intención de disfrutar esta limpieza.

Pero mi actitud se fue transformando cuando al acercarnos a aquel lugar se trataba de algo así como un basurero donde todo es destruído. Cualquier objeto que se entregue es vuelto trisas. Por supuesto que se trata de reciclar pues todos los contenedores están organizados por material. Pero al observar la cantidad de cosas que había y que la gente llevaba me encontré a mi misma sintiendo algo de dolor en el pecho. No podía creer que libros, tarros, cds, televisores, floreros, espejos, cojines, en fin, todo lo que es llevado es destruido por unas máquinas gigantes que cumplen dicho papel. No sé si esta vez exagero con mi sentir pero me imagino que en un país como Alemania tiene otro tipo de problemáticas en donde este escenario no viene al caso. Sin embargo, y aceptando que es una opción para muchas personas ir a dejar lo que no desean, me quedé con la reflexión que todo lo que alguna vez adquirimos, no importa si es costoso o barato, si es grande o pequeno, todo, termina en la basura.

Porque dudo que haya algo de lo que ahora poseo que seguirá siendo conservado por mis próximas generaciones. Y entonces me topo de nuevo con lo efímero que es este mundo y con lo natural que se nos ha vuelto adquirir cosas que duran un tiempo para luego reemplazarlas por otras y otras y otras. Lo cierto es que nada que sea realmente esencial pertenece al mundo del mercado. Nada de aquello que nos otorga felicidad lo podemos adquirir a cambio de unas monedas. Nada de lo que es espiritual se vivencia a través del mundo absurdo del consumo y el materialismo. Por eso no debemos temer a reducir nuestro equipaje ni a regalar, ni a donar, ni a salir de cosas que no nos pertenecen ni son tan importantes para nuestra felicidad. Pienso en la opción de un viaje, ya sea en este mundo o al que viene, y eso me impulsa a comprender que no hay nada material que me sea esencial. Yo estoy segura que es mucho lo que aun sigo guardando porque sin duda nos apegamos a las cosas, a lo que algunos nos han dado, a lo que creemos que necesitaremos en algún momento, a lo que nos ha costado esfuerzo, pero al final nada podrá ser llevado con nosotros. Esta sociedad está hambrienta de sueños y esperanzas.

Lo que necesitamos no son más celulares ni televisores ni laptops ni máquinas que hagan las cosas por nosotros. Lo que realmente necesitamos es abrir los ojos hacia lo que es realmente esencial. El problema y como lo dice el principito “Lo esencial es invisible a los ojos”. Ahí está el secreto y mientras más tiempo nos tome, más será la basura que en unos países destruirán mientras en otros se mendiga por el pan.

miércoles, 1 de junio de 2011

La prueba está en perseverar


Hace unos días la vida me sorprendió con lo que a veces llamamos “malas noticias” pues no es posible hacer el curso que pretendía hacer el siguiente año lectivo en el colegio donde trabajo. El colegio había manifestado el apoyo pero eso no fue suficiente debido a otros requisitos que deben cumplirse, entre esos el de tener experiencia como docente en el Reino Unido. Para quienes saben de mi proceso conocen que actualmente me desempeño como Asistente y sin embargo he asumido clases por iniciativa propia y por el placer que me causa el estar frente a unos niños. Me alegra si ellos aprenden a mi lado pero me atrevo a decir que soy yo la que aprende más al escucharlos.

Y entonces aquella torre de ilusiones se vino abajo y me reencontré de nuevo con aquellas lágrimas que con rapidez evocaron derrota y una sensación de impotencia en el pecho que me nubló por unas horas el panorama. Me sentí en una dimensión desconocida sin claridad, sin norte, sin esperanzas, y todo porque el enseñar para mí siempre ha tenido gran importancia y encontrar obstáculos para hacerlo no es sencillo de aceptar. Dejé el colegio sin motivación alguna, de hecho mi última hora enseñando teatro fue como estar ahí pero solamente en cuerpo porque mi mente era testigo de una profunda confusión y avalancha de pensamientos de todo tipo. Es interesante observar como nuestra personalidad reacciona y como fácilmente nos dejamos invadir por sensaciones de dolor, de rabia, de temor. Yo trataba de observar mis reacciones al tiempo que me repetía a mi misma la consigna que yo misma elegí para este año: “Todo llega a mí en el tiempo correcto”. Sin embargo digerirlo era más complicado aún porque pensaba en mi futuro, en lo que quiero, en las metas que me he trazado, en el tiempo que corre constante, en el afán por ver resuelta mi situación, en el que no quiero darle larga a lo que considero es lo que hay que hacer, en fin, tantas y muchas más ideas que impidieron ver la luz.

La mañana siguiente el sol trajo consigo un poco de luz y cada día ha sido así porque empiezo a notar que todo tiene una razón de ser; que desde el viernes las piezas que se movieron de este gran rompecabezas comienzan a ordenarse y apenas ahora creo ver la imagen. Otras puertas se abrirán – como siempre lo he dicho – y esta historia será un capítulo terminado como quien lee un libro y ansía conocer lo que sucederá en el siguiente capítulo. El libro no está a la venta en ninguna tienda sino que es aquel que nosotros vamos escribiendo con nuestros pasos y decisiones; unas páginas se convertirán en nuestras favoritas y otras evitaremos leer de nuevo aunque el aprendizaje será nuestro, eso no nos lo arrebata nada ni nadie. A veces la prueba está en perseverar, y si de eso se trata, yo me levanto ahora con la confianza en que un día celebraré este logro.

lunes, 30 de mayo de 2011

Hasta trotando se aprende


Hoy ha sido hermoso desde que en la mañana acepté una invitación a trotar. Quienes me conocen saben lo poco deportiva que soy pero como si me gusta la idea de hacer cosas nuevas, la idea de tratar algo a lo que no me he expuesto antes, encontré rápidamente la ropa apropiada mientras la sábana marcaba todavía mis mejillas. Si tuviera que escoger un ejercicio optaría por el de caminar pero esta vez se trataba de trotar. Poco sencillo es encontrar el ritmo en el que uno no se canse pero en el que haya también un poco de esfuerzo. Percibía con mayor agudeza los latidos de mi corazón y escuchaba mi respiración ruidosa como posible expresión de mi cansancio inicial.

A veces en la vida suele sucedernos algo parecido cuando damos cabida a algo nuevo, cuando nos atrevemos a decir si a algo que desconocemos pero que en el fondo nos atrae en medio de ese misterio. Mientras trotaba observaba lo que había a mi paso: la calle, las flores, avisos publicitarios, personas, semáforos, y luego en el parque: árboles, otras personas trotando, piedras, perros, pájaros. Todo parecía estar en su lugar mientras yo rompía el silencio con el sonido de mi trote y alguna que otra queja excusándome en el hecho que nunca antes había trotado. Evoqué la frase “Eres más fuerte de lo que crees” porque curiosamente sentía aquel impulso a seguir adelante a pesar que mis piernas débiles me sugerían lo contrario. Pensaba en la meta como aquel regreso a casa en donde podría gozar de un buen desayuno, una ducha y porque no, de un merecido descanso. Y entonces la meta se robó mi posibilidad de estar en el momento, de estar presente con conciencia en el trote porque mi mente fantaseaba con lo que iba a ser en unos minutos más tarde. En ocasiones que he practicado el caminar conscientemente percibo lo complejo que es mantener nuestra mente atenta en cada paso que se da, regalarnos la sensación de sentir nuestro peso, nuestros pies tocando el suelo, nuestra respiración, nuestro ser ahí presente en cuerpo y mente. Y puede que trotar sea igualmente una oportunidad para retarnos a hacerlo sin visualizar la meta – contrario a como lo hice yo – sino con la manifestación de ese poder que nos permite estar presentes.

Pocas son las veces en las que nos detenemos a sentir como es nuestra respiración porque funciona de manera automática y no nos toca recordarle al cuerpo que lo haga. Sin embargo y he de señalar que esto es parte de lo que he aprendido en cuanto a la meditación, el solo acto de respirar es una puerta de acceso al meditar y cuando hacemos el intento de concentrarnos en ese simple pero mágico acto de la respiración nos damos cuenta lo inquieta y traviesa que es nuestra mente. Aún recuerdo mi primer día de meditación en un centro budista en donde yo anhelaba descubrir la fórmula mágica y el misterio de la práctica meditativa mientras mi profesor se limitó a introducirnos en la respiración consciente. Y con eso tuve suficiente para comprender que el camino es largo para aquel que quiere ser dueño de sí mismo, para aquel que quiere tocar las puertas del Nirvana.

Yo seguiré, ya sea trotando o caminando, pero con la tarea constante de hacerlo con todo mi ser, con la conciencia despierta porque la experiencia de unos segundos conscientes es como tocar otra dimensión. Creo la he llegado a tocar en algunos momentos pero sin duda hay una fuerza que me jalona hacia abajo cuando lo que deseo es volar alto y perderme en la lejanía.

De nuevo entre nubes


Cuando era niña solía celebrar el año nuevo con la tradición de salir corriendo alrededor de la cuadra cargando una maleta de viaje pues según dicen eso es augurio de viajes en el año que se inicia. Entre más grande la maleta parece ser que el viaje es más largo. (Con tal que no se trate todavía de aquel viaje al otro lado!). Junto con mi hermana disfrutábamos la idea de correr y soñar con destinos, los cuales en un principio se reducían a Palmira, Bogotá y el más sorprendente cuando vivía en Colombia fue viajar a Panamá.

Hace ya casi tres años que vivo en Londres y desde entonces la vida me ha permitido realizar numerosos viajes y es por eso que con frecuencia me encuentro de nuevo entre nubes. Y no me quejo aunque a veces resulte agotador porque cada viaje representa un paso hacia dentro de mi misma. Es como la historia del alquimista que en busca de respuestas realiza un largo viaje que termina exactamente en el lugar de inicio pues todo, y aunque nos suene un poco increíble, todo está en nuestro interior. Sin embargo me inclino por la idea de darle a los viajes externos una connotación especial porque desde mi punto de vista son necesarios, nos permiten tener acceso a zonas desconocidas que tan sólo se hacen visibles cuando nos exponemos a otros lugares. Conocer otras personas, probar otras comidas, visitar museos, templos y parques, tomar algunas fotos, observar la arquitectura, conversar con alguien que se cruza en el camino, todo lo anterior brinda aprendizaje y eso es lo que me resulta fascinante. Ya no corro como lo hacia antes pues mis pasos se han vuelto más meditativos; ya no siento la urgencia de hacer mucho en poco tiempo sino que prefiero menos pero con conciencia; ya mis ojos curiosos tienden a esconderse detrás del silencio de quien observa sin carreras.

Cada año visualizo y planeo aquellos lugares que por algún motivo llaman mi atención, porque quizás alguien me ha dicho o lo he leído en alguna parte o porque se conecta con la filosofía a la que he tenido acceso. Viajar me resulta inspirador porque me hace sentir pequeña en medio de lo inmenso y variado que es mundo. Viajar rompe con mis paradigmas mostrándome otras formas, otras opciones de vida, otras y variadas manifestaciones que no han sido aquellas con las que he crecido. Cada lugar tiene una belleza particular, una historia que contar y un legado por transmitir, por eso conocer gente facilita que conozcamos el mundo a través de otros ojos. Muchos son los países que me faltan por visitar, creo mi padre está llevando la cuenta, y para ser sincera no sé si llegue a una edad en la que viajar deje de ser una de mis actividades favoritas. Me imagino que uno cambia, los compromisos son otros, lo que hoy es urgente dejará de serlo, lo que me hoy me preocupa reducirá de tamaño con el paso de los años. Viajar es una posibilidad que nos brinda el mundo moderno en donde en tan sólo unas horas nos transportamos a lugares distantes, mostrándonos que no hay fronteras y que somos ciudadanos del mundo.

Pero el viaje más importante y especial es aquel que realizamos dentro de nosotros mismos porque es un regalo que deberíamos darnos más seguido. Entre más lo hagamos más increíbles son las sorpresas que encontraremos pues son muchos los tesoros esperando a ser descubiertos. Buen viento y buena mar!