Ayer compartí una película infantil Kung fu Panda con unos amigos y a pesar de ser un género infantil encontré elementos de reflexión que me robaron por momentos mis pensamientos pero afortunadamente no me desvelaron pues el cansancio acumulado me permitió disfrutar de horas extra de sueño en Paris. Para quienes han visto la película puede que les resulte más sencillo entender mis líneas. Panda descubre que el ingrediente secreto que su padre y sus antecesores han venido usando en su especial receta es: nada. Y luego en otra escena en la que recibe el tan anhelado pergamino con la sabiduría necesaria para ser un buen guerrero, lo abre y lo encuentra vacío “aparentemente” pues su imagen se refleja cual espejo.
Yo observo este tipo de imágenes y es como si algo se activara en mi ser para leer el profundo mensaje que se oculta tras un velo, velo que pocos muestran interés en remover hoy en día. Hace muchos años tuve la oportunidad de ver otra película sobre un hombre guerrero que debía pasar por un sin número de pruebas, arriesgando su vida, superando las dificultades, entre otras, para que al final pudiera encontrar el tesoro que inspiraba su aventura. Cuando lo abre se sorprende al ver frente a si mismo su propia imagen reflejada en un espejo. Definitivamente es ahí donde debemos buscar y no en otro lugar. Es ahí donde albergamos las herramientas, el poder, el potencial para abrir nuestras alas y alzar vuelo como Juan Salvador Gaviota, para no seguir eternamente sobrevolando la superficie.
Hay tanto que conocer de nosotros mismos pero a veces nos resulta más atractivo atender más los afanes de un mundo externo en el que se nos exige producir, consumir, volver a producir para volver a consumir y así sucesivamente. Y en medio de esa rutina y las preocupaciones por adquirir nuevas cosas para poder “ser felices” y satisfacer “nuestras necesidades”, el tiempo se nos empieza a pasar sin mirar hacia dentro de nosotros y sin alimentar nuestra vida interior. Así como nuestro cuerpo físico necesita de alimentos para mantenerse vital, con la misma urgencia e importancia nuestra vida interior requiere de otro tipo de alimentos que no se encuentran en las cadenas de almacenes que solemos visitar.
He aquí algunas sugerencias que desde mi propia experiencia puedo compartir:
- Propiciar espacios de silencio. Aprender a estar con nosotros mismos
- Tener contacto con la naturaleza. Salir a caminar. Sentarnos en un parque
- Hacer una pausa antes de comer. ( Esta es inspirada en mi hermana! )
- Caminar con conciencia y abrir los sentidos hacia dentro.
- Meditar
- Leer y pensar en eso que se ha leído
- Servir por una causa noble
- Compartir con la gente. Escuchar lo que otros tienen por contar.
Qué tal si construimos algunas otras ideas de cómo enriquecer nuestra vida interior a partir de las que se vivencian?
Agradeciendo desde ya su participación.
lunes, 3 de mayo de 2010
El eterno presente
He vuelto a recordar una frase que mi padre solía repetirme de niña, tantas veces lo hizo que me la aprendí y esta vez hace parte de lo que me inspira a escribir. “Qué es la vida? Un frenesí. Qué es la vida? Una ilusión. Que toda la vida es sueño y los sueños sueño son ... como a nuestro parecer todo tiempo pasado fue mejor”. Con frecuencia se tiende a mirar a aquello que ya no está en nuestras manos, aquellas memorias de tiempos en los que sonreíamos, en donde todo parecía ser más sencillo y fácil, tiempos en los que apenas se iniciaba y por lo tanto todo era más novedoso y al mismo lugar era enigmático porque no se lograba visualizar futuro alguno.
Siempre he sido una amante de los buenos recuerdos, trayéndolos a mi mente cuando considero necesario y por ello talvez es que termino descuidando por no decir evadiendo este presente que se nos ofrece a cada instante. Porque ni para que hablar del mañana si en gran parte es incierto, robando de nuevo la atención del aquí y el ahora. He leído algunos textos sobre ese poder o esa capacidad de vivir el eterno presente pero sin embargo en la práctica para ser sincera aún me muevo como un péndulo entre la visita nostálgica de un pasado y el ansioso y poco claro panorama del futuro. Imagino que se trata de un equilibrio armónico que nos permita vivir inteligentemente un día a día, basándonos en las experiencias y el aprendizaje adquirido y proyectando con mayor certeza y una gran dosis de flexibilidad lo que vendrá. Quisiera encontrar la fórmula mágica – y si alguno ya la tiene pues se las recomiendo – para solamente albergar lo bueno, lo positive, lo bonito en mi corazón y no dejar que la oscuridad ingrese pues es tan fácil que empiezo a percibir dolor, empiezo a identificar fricciones que para nada enriquecen.
Que tan importante se vuelve dar entonces prioridad al amor, al perdón, a la profunda comprensión de los seres humanos y de nuestra complejidad reflejada en las relaciones que establecemos. Si esta vida es tan solo una ilusión, si este viaje no es tan largo y es aquí y ahora en donde nos encontramos, pues deberíamos ser más concientes de rodearnos de espacios fraternos en donde dar un abrazo se convierte en lo natural y no en lo que escasea; en donde podemos entregarnos sin miedo alguno y sin necesidad de usar máscara alguna pues hay la libertad de ser quien se es. El hoy es lo que tenemos en frente. Estas líneas al ser leídas han quedado revoloteando en mi mente como un pájaro lo hace cuando hay una jaula que lo ha capturado. No pretendo que suceda lo mismo con ustedes pero si que nos obsequiemos unos segundos para digerir la frase con la que cierro esta entrada.
“El pasado es historia,
el futuro un misterio pero el HOY es un regalo,
por eso se llama PRESENTE”.
Siempre he sido una amante de los buenos recuerdos, trayéndolos a mi mente cuando considero necesario y por ello talvez es que termino descuidando por no decir evadiendo este presente que se nos ofrece a cada instante. Porque ni para que hablar del mañana si en gran parte es incierto, robando de nuevo la atención del aquí y el ahora. He leído algunos textos sobre ese poder o esa capacidad de vivir el eterno presente pero sin embargo en la práctica para ser sincera aún me muevo como un péndulo entre la visita nostálgica de un pasado y el ansioso y poco claro panorama del futuro. Imagino que se trata de un equilibrio armónico que nos permita vivir inteligentemente un día a día, basándonos en las experiencias y el aprendizaje adquirido y proyectando con mayor certeza y una gran dosis de flexibilidad lo que vendrá. Quisiera encontrar la fórmula mágica – y si alguno ya la tiene pues se las recomiendo – para solamente albergar lo bueno, lo positive, lo bonito en mi corazón y no dejar que la oscuridad ingrese pues es tan fácil que empiezo a percibir dolor, empiezo a identificar fricciones que para nada enriquecen.
Que tan importante se vuelve dar entonces prioridad al amor, al perdón, a la profunda comprensión de los seres humanos y de nuestra complejidad reflejada en las relaciones que establecemos. Si esta vida es tan solo una ilusión, si este viaje no es tan largo y es aquí y ahora en donde nos encontramos, pues deberíamos ser más concientes de rodearnos de espacios fraternos en donde dar un abrazo se convierte en lo natural y no en lo que escasea; en donde podemos entregarnos sin miedo alguno y sin necesidad de usar máscara alguna pues hay la libertad de ser quien se es. El hoy es lo que tenemos en frente. Estas líneas al ser leídas han quedado revoloteando en mi mente como un pájaro lo hace cuando hay una jaula que lo ha capturado. No pretendo que suceda lo mismo con ustedes pero si que nos obsequiemos unos segundos para digerir la frase con la que cierro esta entrada.
“El pasado es historia,
el futuro un misterio pero el HOY es un regalo,
por eso se llama PRESENTE”.
Gli Italiani sono molto gentili
Regresaré pronto a Londres con algunas pocas palabras en italiano que espero conservar en mi mente hasta una próxima aventura en esta bota itálica en la que brevemente y sin exagerar puedo decir pase unos días maravillosos en compañía de una familia colombo-italiana. Vine inicialmente a Bérgamo a reencontrame con una amiga colombiana, la cual fue mi profesora cuando yo era pequeñita. Me he sentido como en casa, creo que he sido adoptada por unos días y eso lo percibo ante la profunda generosidad que no creo yo tener. Pensé en esa valiosa virtud de dar y como muchas personas, en este caso esta familia en particular, tiene esa actitud de entregar sin condición. Muchas de las veces cuando damos y somos generosos es porque hay una pequeña dosis de interés, un deseo por sacar provecho o por lo menos de recibir un reconocimiento. Como quisiera erradicar este tipo de acciones en mi vida en donde se espera recompensa.
Recuerdo mientras escribo aquel cuento que narra que una vez un hombre se encontró con otro hombre y este segundo estaba sembrando unas semillas en el camino. El primer hombre se acercó y lo cuestionó sobre lo absurdo que era estar sembrando semillas por todo el tiempo que implicaba esperar para obtener los frutos. Y el hombre continuó haciéndolo mientras decía algo como “aquellos árboles que yo he disfrutado y de los cuales he podido recoger frutos los sembró alguien que pensó en los que vendrían después”. Y eso es dar sin esperar, eso es entregarse sin egoísmos. Como parte de una sorpresa familiar resulté yendo a Milán y a Venecia. Y lo positivo de no planearlo es que aquello que llegó fue bienvenido y las expectativas que había construido de alguna manera no solamente se cumplieron sino que sobrepasaron mi pensar. Recorrí algunos de sus sitios turísticos compartiendo un poco y esta vez tomando menos fotos de lo que usualmente tomo. Italia me dio calor humano y del sol también; me regaló un buen sabor de pasta, pizza y helados; recorrí lugares que me hacían pensar en una vida más tranquila y en el contacto con la naturaleza.
Es increíble como los lazos que se han construido en algún momento se sigan manteniendo a pesar del tiempo y de la distancia. Vi fotos de mi niñez en las que compartía con mi amiga y ahora siento que puedo mirar sus ojos y leer un poco en ellos de su propia historia y de lo que en algunas conversaciones pudimos compartir. La generosidad será parte de mi reflexión para las próximas semanas. Estoy segura que si todos diéramos un poco más, incluso, estoy casi segura que si lo damos todo nunca nos faltará porque es como una fuente permanente que fluye, que va y viene sin que haya necesidad de esperarlo.
Recuerdo mientras escribo aquel cuento que narra que una vez un hombre se encontró con otro hombre y este segundo estaba sembrando unas semillas en el camino. El primer hombre se acercó y lo cuestionó sobre lo absurdo que era estar sembrando semillas por todo el tiempo que implicaba esperar para obtener los frutos. Y el hombre continuó haciéndolo mientras decía algo como “aquellos árboles que yo he disfrutado y de los cuales he podido recoger frutos los sembró alguien que pensó en los que vendrían después”. Y eso es dar sin esperar, eso es entregarse sin egoísmos. Como parte de una sorpresa familiar resulté yendo a Milán y a Venecia. Y lo positivo de no planearlo es que aquello que llegó fue bienvenido y las expectativas que había construido de alguna manera no solamente se cumplieron sino que sobrepasaron mi pensar. Recorrí algunos de sus sitios turísticos compartiendo un poco y esta vez tomando menos fotos de lo que usualmente tomo. Italia me dio calor humano y del sol también; me regaló un buen sabor de pasta, pizza y helados; recorrí lugares que me hacían pensar en una vida más tranquila y en el contacto con la naturaleza.
Es increíble como los lazos que se han construido en algún momento se sigan manteniendo a pesar del tiempo y de la distancia. Vi fotos de mi niñez en las que compartía con mi amiga y ahora siento que puedo mirar sus ojos y leer un poco en ellos de su propia historia y de lo que en algunas conversaciones pudimos compartir. La generosidad será parte de mi reflexión para las próximas semanas. Estoy segura que si todos diéramos un poco más, incluso, estoy casi segura que si lo damos todo nunca nos faltará porque es como una fuente permanente que fluye, que va y viene sin que haya necesidad de esperarlo.
domingo, 4 de abril de 2010
De crisálida a mariposa
“Entre más grande la prueba, más glorioso es el triunfo”
Estando en Paris tuve la fortuna de toparme con varias películas, gracias a las sugerencias de unos buenos amigos que tengo en esas tierras. Entre ellas una muy corta conocida como El circo de las mariposas, una vez vista quedaron circulando en mi mente ideas sobre el tamaño de nuestras pruebas y como otros seres con GRANDES dificultades – empezando con las físicas – logran hacer más historia. No creo en un Dios que se olvida de algunos, favoreciendo a unos cuantos tan sólo ni mucho menos condenando por “nuestros pecados cometidos”. Creo en cambio que se nos da aquello que nos corresponde junto con el potencial para lograr grandes conquistas, pero somos pocos los que reconocemos que en nuestro ser habitan todos los elementos necesarios para afrontar lo que nos llega a diario, o mejor dicho, lo que nos corresponde karmáticamente vivir. Quienes me conocen recordarán de pronto un ejemplo que suelo utilizar en mi discurso pedagógico y si mal no recuerdo le pertenece a alguien más que me lo enseñó. La vida es un largo viaje en el que cada uno carga un equipaje. Algunos andan con maletas inmensas, otras son maletas incómodas, otras son livianas, otras son de buenas marcas y costosas, pero finalmente todos vamos en compañía de ese equipaje.
Personalmente mi lucha ha sido un poco en hacer que sea ligero pues como dijo mi hermana cuando yo me preparaba para viajar a Londres y pretendía traerme todas mis pertenencias de Colombia, “lo que vas a necesitar no está en la maleta sino en vos”. Retomando el ejemplo que quiero transmitir, durante ese viaje que es la vida vamos aprendiendo múltiples cosas, nos enfrentamos a experiencias dolorosas y/o satisfactorias, descubrimos nuevas dimensiones en nosotros y en los otros, entre otras. Entonces y simbólicamente atesoramos algo, lo que podemos llamar aprendizaje y lo colocamos dentro de esta maleta. La memoria juega un papel fundamental pues nos facilita el acceso a este archivo, eso sí dependiendo de cuanto la ejercitamos. Y cuando de repente vemos que la vida nos está obsequiando una situación diferente, nueva, difícil, compleja… pues nos corresponde recordar que hemos aprendido en el pasado y podemos nuevamente dar solución y asumir eso que llega de la mejor manera. Sé que no es tan fácil como escribirlo porque yo misma me he visto en circunstancias en donde siento que mi maleta está vacía o que la he extraviado en alguna parte. Pero cuando hay una actitud positiva esos archivos se muestran disponibles, logramos encontrar las herramientas y salimos victoriosos como los espartanos en aquel entonces.
La vida es un largo viaje. Que mejor que estar conscientes de ello y saber obrar con inteligencia porque mucho de lo que nos importa e intranquiliza es pasajero, es temporal, es ilusorio. Hoy la vida nos ofrece un reto del cual somos capaces de salir adelante, mañana nos traerá la cosecha de nuestra propia siembra y así sucesivamente esta rueda del Samsara seguirá girando mostrándonos ciclos de luz y oscuridad, vida y muerte, primavera e invierno, alegría y dolor. No participar en esta rueda es un estado que pocos han logrado, por lo tanto y desde mi punto de vista, nos queda la decisión de ser protagonistas y no simples espectadores. Que tan importante es valorar y dar uso a todo aquello que hemos aprendido. Que tan esencial es abrir con más frecuencia nuestro equipaje pues ahí está la voz que sabe, la voz interior que escuchan tan sólo los que permanezcan en silencio por unos instantes.
Estando en Paris tuve la fortuna de toparme con varias películas, gracias a las sugerencias de unos buenos amigos que tengo en esas tierras. Entre ellas una muy corta conocida como El circo de las mariposas, una vez vista quedaron circulando en mi mente ideas sobre el tamaño de nuestras pruebas y como otros seres con GRANDES dificultades – empezando con las físicas – logran hacer más historia. No creo en un Dios que se olvida de algunos, favoreciendo a unos cuantos tan sólo ni mucho menos condenando por “nuestros pecados cometidos”. Creo en cambio que se nos da aquello que nos corresponde junto con el potencial para lograr grandes conquistas, pero somos pocos los que reconocemos que en nuestro ser habitan todos los elementos necesarios para afrontar lo que nos llega a diario, o mejor dicho, lo que nos corresponde karmáticamente vivir. Quienes me conocen recordarán de pronto un ejemplo que suelo utilizar en mi discurso pedagógico y si mal no recuerdo le pertenece a alguien más que me lo enseñó. La vida es un largo viaje en el que cada uno carga un equipaje. Algunos andan con maletas inmensas, otras son maletas incómodas, otras son livianas, otras son de buenas marcas y costosas, pero finalmente todos vamos en compañía de ese equipaje.
Personalmente mi lucha ha sido un poco en hacer que sea ligero pues como dijo mi hermana cuando yo me preparaba para viajar a Londres y pretendía traerme todas mis pertenencias de Colombia, “lo que vas a necesitar no está en la maleta sino en vos”. Retomando el ejemplo que quiero transmitir, durante ese viaje que es la vida vamos aprendiendo múltiples cosas, nos enfrentamos a experiencias dolorosas y/o satisfactorias, descubrimos nuevas dimensiones en nosotros y en los otros, entre otras. Entonces y simbólicamente atesoramos algo, lo que podemos llamar aprendizaje y lo colocamos dentro de esta maleta. La memoria juega un papel fundamental pues nos facilita el acceso a este archivo, eso sí dependiendo de cuanto la ejercitamos. Y cuando de repente vemos que la vida nos está obsequiando una situación diferente, nueva, difícil, compleja… pues nos corresponde recordar que hemos aprendido en el pasado y podemos nuevamente dar solución y asumir eso que llega de la mejor manera. Sé que no es tan fácil como escribirlo porque yo misma me he visto en circunstancias en donde siento que mi maleta está vacía o que la he extraviado en alguna parte. Pero cuando hay una actitud positiva esos archivos se muestran disponibles, logramos encontrar las herramientas y salimos victoriosos como los espartanos en aquel entonces.
La vida es un largo viaje. Que mejor que estar conscientes de ello y saber obrar con inteligencia porque mucho de lo que nos importa e intranquiliza es pasajero, es temporal, es ilusorio. Hoy la vida nos ofrece un reto del cual somos capaces de salir adelante, mañana nos traerá la cosecha de nuestra propia siembra y así sucesivamente esta rueda del Samsara seguirá girando mostrándonos ciclos de luz y oscuridad, vida y muerte, primavera e invierno, alegría y dolor. No participar en esta rueda es un estado que pocos han logrado, por lo tanto y desde mi punto de vista, nos queda la decisión de ser protagonistas y no simples espectadores. Que tan importante es valorar y dar uso a todo aquello que hemos aprendido. Que tan esencial es abrir con más frecuencia nuestro equipaje pues ahí está la voz que sabe, la voz interior que escuchan tan sólo los que permanezcan en silencio por unos instantes.
martes, 30 de marzo de 2010
Caminando hacia el Sol Primaveral
El sábado 20 de Marzo salimos con unos compañeros a realizar una caminata nocturna – la misma que tuve la oportunidad de realizar el año anterior – hacia las afueras de Londres. Todo inició tomando un tren a las 12:15pm y en la estación indicada comenzamos a caminar a eso de la 1am. La noche estaba oscura, la luna no se dejó ver y debido a la lluvia el camino estaba algo embarrado. Sin embargo, la inspiración era clara y todos sabíamos que a las 6am recibiríamos el Sol como símbolo del inicio de la Primavera. Mientras cruzábamos por caminos espesos entre árboles, habían instantes en los que compartíamos alguna que otra palabra con otro caminante, o también, por el contrario nos dejábamos sumergir en el silencio. Lo curioso es que cuando uno está en silencio la mente empieza a generar monólogos, todo tipo de reflexiones y conexiones que con frecuencia se nos escapan a la comprensión racional. Que útil sería aplicar las enseñanzas budistas de estar conscientes de aquello que entra a nuestra mente porque ahí es cuando identificamos esos diálogos internos que a veces son constructivos y otras veces son dañinos.
Observar la naturaleza nocturna me permitía ver su belleza de otro color y algo gracioso era que para uno un tronco gigante en el camino ( como un gran obstáculo! ) se reducía a una rama, lo que parece un lago es un pequeño charco, las ramas forman figuras abstractas, los sonidos se multiplican y los sentidos se abren a una maravillosa sensación de unión con el Cosmos. Tuvimos dos descansos en medio de las 7 horas que caminamos y debo reconocer que tuve un periodo en que mis párpados descansaban mientras mi cuerpo seguía en marcha confiando en quien iba en frente pues esa era la clave para no extraviarse y para continuar a pesar de la oscuridad. Recordé la caminata del año anterior – mi primera en Londres – y como en esa época yo estaba atravesando por otras situaciones, esperaba con ansias que algunos proyectos personales se concretaran y tal vez sin la sabiduría de ir despacio sino por el contrario con un afán absurdo de ver realizados todos mis deseos.
Este año marzo me ha ofrecido otra mirada más en relación con los ciclos que se cierran y se renuevan, con la luz venciendo la oscuridad, con la posibilidad de replantear ideas, cuestionar paradigmas, soltar juicios, y tomar decisiones como Arjuna en el texto de Baghavad Gita. Y siento que un nuevo año ha iniciado, no en enero sino en marzo pues además coincide con mi cumpleaños lo cual simboliza renovación. Las experiencias cotidianas se pueden tornar en alegorías para comprender la vida tal y como es y llego a la conclusión que se trata de andar incluso cuando no hay luz, que se trata de conservar la fe en un nuevo amanecer y que lo que a veces representan obstáculos no son más que oportunidades para hacer crecer nuestra alma que pide a gritos acción pues no disfruta la inercia. Que la Primavera siga expresándose a mi paso mientras otros y yo aprendemos a apreciar lo que un nuevo rayo impregna a su paso.
Observar la naturaleza nocturna me permitía ver su belleza de otro color y algo gracioso era que para uno un tronco gigante en el camino ( como un gran obstáculo! ) se reducía a una rama, lo que parece un lago es un pequeño charco, las ramas forman figuras abstractas, los sonidos se multiplican y los sentidos se abren a una maravillosa sensación de unión con el Cosmos. Tuvimos dos descansos en medio de las 7 horas que caminamos y debo reconocer que tuve un periodo en que mis párpados descansaban mientras mi cuerpo seguía en marcha confiando en quien iba en frente pues esa era la clave para no extraviarse y para continuar a pesar de la oscuridad. Recordé la caminata del año anterior – mi primera en Londres – y como en esa época yo estaba atravesando por otras situaciones, esperaba con ansias que algunos proyectos personales se concretaran y tal vez sin la sabiduría de ir despacio sino por el contrario con un afán absurdo de ver realizados todos mis deseos.
Este año marzo me ha ofrecido otra mirada más en relación con los ciclos que se cierran y se renuevan, con la luz venciendo la oscuridad, con la posibilidad de replantear ideas, cuestionar paradigmas, soltar juicios, y tomar decisiones como Arjuna en el texto de Baghavad Gita. Y siento que un nuevo año ha iniciado, no en enero sino en marzo pues además coincide con mi cumpleaños lo cual simboliza renovación. Las experiencias cotidianas se pueden tornar en alegorías para comprender la vida tal y como es y llego a la conclusión que se trata de andar incluso cuando no hay luz, que se trata de conservar la fe en un nuevo amanecer y que lo que a veces representan obstáculos no son más que oportunidades para hacer crecer nuestra alma que pide a gritos acción pues no disfruta la inercia. Que la Primavera siga expresándose a mi paso mientras otros y yo aprendemos a apreciar lo que un nuevo rayo impregna a su paso.
lunes, 29 de marzo de 2010
En medio de una conversación de hombres
Hace unas semanas venía de regreso a casa en el mismo tren de siempre cuando un par de hombres se sentaron en las sillas de enfrente y sin pensar que hay más gente en Londres de lo que uno cree que entienden el español, iniciaron un diálogo en el cual yo fui partícipe sin ser invitada. Uno de ellos era español y el otro era peruano y este último, diría yo, llevaba poco de estar viviendo acá. Su tono de voz, su curiosidad, sus deseos de expresar, su naturalidad, así me lo comunicó. Pero entonces de un momento a otro empezaron a abordar una temática bastante interesante: las mujeres. Ambos coincidían en decir que con frecuencia se topaban con mujeres muy bonitas y atractivas, de esas que pareciera usaran 2 tallas menos o ahorran en tela para salir medio desnudas cuando yo en cambio necesito cubrirme con bufandas y sacos. Y los minutos transcurrían mientras uno hablaba de lo que para él era importante vivir en un primer encuentro con una mujer pues él consideraba ya no era un adolescente y podía ir directo al punto. Pronunció lo que yo alguna vez había leído o comentaba con amigas “Yo no le pierdo tiempo a una mujer si no me lo da desde la primera cita”. Para quien lo duda “dárselo” es tener sexo, ni siquiera es “hacer el amor”.
El otro hombre se reía aprobando dicho comentario mientras yo pensaba en lo superficial que son los lazos que se pueden crear, en la imagen que muchos tendrán de “nosotras” pues finalmente somos un objeto sexual y para ofrecer un producto en nuestra sociedad materialista en muchas ocasiones la presencia de una mujer en ropas ligeras parece que es fundamental. Yo pretendía mirar por la ventana mientras seguía en medio de este par, los cuales incluso daban detalles de mujeres con las que a veces se encontraban, mujeres con trajes que dejan ver claramente las curvas y siluetas, con escotes que ofrecen un panorama, pero por más grande que sea el escote el alma nunca se muestra sino por el contrario se esconde detrás de un pequeño cuadrito de tela. Parece que los hombres disfrutan dejar volar su imaginación hacia lo que hay detrás de unas prendas por eso yo siempre he pensado que la belleza interior es otra cuestión y que tan sólo algunos hombres estarán curiosos por descubrirla. No los culpo porque observo al mismo tiempo como la mujer se ofrece, como se vende como si fuera un maniquí en una vitrina reclamando a gritos la atención, olvidando su rol femenino por el hecho de capturar al sexo opuesto haciendo uso de su capacidad seductora.
Y cuando pienso en esto me miro a mi misma y decido que es mi alma la que entrego y no solamente mi cuerpo. Que hermoso es estar frente a un espejo y ver a la mujer soñadora que se esconde. Prefiero y me quedo mil veces con la mujer que no lo da en la primera cita porque prefiere esperar al príncipe y soñar con castillos, prefiere un hombre que note lo que un cuerpo desnudo no logra comunicar. Me quedo con estas mujeres y con estos hombres que dan al sexo un sentido mágico y profundo, ese significado que hoy brilla por su ausencia.
El otro hombre se reía aprobando dicho comentario mientras yo pensaba en lo superficial que son los lazos que se pueden crear, en la imagen que muchos tendrán de “nosotras” pues finalmente somos un objeto sexual y para ofrecer un producto en nuestra sociedad materialista en muchas ocasiones la presencia de una mujer en ropas ligeras parece que es fundamental. Yo pretendía mirar por la ventana mientras seguía en medio de este par, los cuales incluso daban detalles de mujeres con las que a veces se encontraban, mujeres con trajes que dejan ver claramente las curvas y siluetas, con escotes que ofrecen un panorama, pero por más grande que sea el escote el alma nunca se muestra sino por el contrario se esconde detrás de un pequeño cuadrito de tela. Parece que los hombres disfrutan dejar volar su imaginación hacia lo que hay detrás de unas prendas por eso yo siempre he pensado que la belleza interior es otra cuestión y que tan sólo algunos hombres estarán curiosos por descubrirla. No los culpo porque observo al mismo tiempo como la mujer se ofrece, como se vende como si fuera un maniquí en una vitrina reclamando a gritos la atención, olvidando su rol femenino por el hecho de capturar al sexo opuesto haciendo uso de su capacidad seductora.
Y cuando pienso en esto me miro a mi misma y decido que es mi alma la que entrego y no solamente mi cuerpo. Que hermoso es estar frente a un espejo y ver a la mujer soñadora que se esconde. Prefiero y me quedo mil veces con la mujer que no lo da en la primera cita porque prefiere esperar al príncipe y soñar con castillos, prefiere un hombre que note lo que un cuerpo desnudo no logra comunicar. Me quedo con estas mujeres y con estos hombres que dan al sexo un sentido mágico y profundo, ese significado que hoy brilla por su ausencia.
sábado, 13 de marzo de 2010
Un día para pensar en el Amor
Hace unas semanas se celebró el Día de San Valentín. Días antes de la fecha la ciudad se inundó de bombas, flores, tarjetas, peluches, chocolates y corazones.. todo esto con la intención de motivar a las personas a expresar el amor a aquellos seres con los que seguramente comparten la cotidianidad pero que en medio de la jornada tendemos a olvidar las pequeñas expresiones de afecto. Y mientras observaba esa dinámica me veía a mi misma sin la necesidad o sin el deseo de ser partícipe en la celebración, quizás porque en Colombia nuestra fecha es en septiembre o talvez porque en mi cabeza rondan nuevos pensamientos sobre lo que es el Amor. Y cuando me refiero al Amor no hablo en exclusivo de las relaciones afectivas con otros seres sino del sentimiento fraternal y universal en el que damos cobijo sin discriminación alguna a todo lo que nos rodea. Amamos incluso los Ideales, las enseñanzas de muchos filósofos que en el pasado dieron respuestas a nuestras actuales preguntas, amamos las flores que decoran nuestros pasos, amamos el Sol que nunca duda en hacer su aparición diaria – no hay opción para decir: Hoy no lo haré! Estoy cansado. Mejor mañana – y amamos también la lluvia que limpia y renueva.
Viviendo en Londres he tenido que descubrir la belleza en el invierno, en la lluvia, en la nieve, en el clima inestable, en la aparente frialdad de las personas. Si es lo que queremos, el corazón puede abrirse para amar a todo aquel/aquello que hace posible nuestra existencia. Un breve ejemplo que alguna vez escuché: Cuando estamos desayunando y degustamos esos alimentos, pensamos acaso en todos los seres que hay implicados? Aquel que sembró la fruta, el que la cosechó, el que la transportó, el que la vendió, etc.. Pensamos acaso en los rayos del sol que dieron vida a esa semilla, en el agua, el viento…etc.. En fin, no me extiendo pero fácilmente podría hacerlo para reconocer la interdependencia que existe y que a menudo ni siquiera agradecemos. Pero cuando nos conectamos con el Amor, ese que es sublime y profundo, dejamos la preocupación por el beneficio propio y disfrutamos la maravillosa posibilidad de crear lazos y de alimentar los que ya tenemos. Que diferente sería el mundo, cuanto podríamos crecer internamente si damos cobijo al Amor que libera, el que no espera, el que se entrega, el que no pesa, el que aumenta, el que no se agota sino que se multiplica al darlo. Si me encontrara con Cupido no dudaría un instante en pedirle que nos impregne de Amor.
Viviendo en Londres he tenido que descubrir la belleza en el invierno, en la lluvia, en la nieve, en el clima inestable, en la aparente frialdad de las personas. Si es lo que queremos, el corazón puede abrirse para amar a todo aquel/aquello que hace posible nuestra existencia. Un breve ejemplo que alguna vez escuché: Cuando estamos desayunando y degustamos esos alimentos, pensamos acaso en todos los seres que hay implicados? Aquel que sembró la fruta, el que la cosechó, el que la transportó, el que la vendió, etc.. Pensamos acaso en los rayos del sol que dieron vida a esa semilla, en el agua, el viento…etc.. En fin, no me extiendo pero fácilmente podría hacerlo para reconocer la interdependencia que existe y que a menudo ni siquiera agradecemos. Pero cuando nos conectamos con el Amor, ese que es sublime y profundo, dejamos la preocupación por el beneficio propio y disfrutamos la maravillosa posibilidad de crear lazos y de alimentar los que ya tenemos. Que diferente sería el mundo, cuanto podríamos crecer internamente si damos cobijo al Amor que libera, el que no espera, el que se entrega, el que no pesa, el que aumenta, el que no se agota sino que se multiplica al darlo. Si me encontrara con Cupido no dudaría un instante en pedirle que nos impregne de Amor.
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