Mientras hablaba de Buda y compartía con otras personas las enseñanzas de este Maestro Espiritual venían muchas ideas a mi mente de lo que es la vida, de cómo nos resulta tan complejo comprender que las cosas en este mundo son pasajeras. Todo viene y se va, llega y parte, sin que podamos hacer nada al respecto porque esa es la naturaleza de este mundo material en el que estamos inmersos. Tan solo la esencia del ser permanecerá y para quienes creemos que a este mundo hemos de regresar, pues esta esencia encontrará de nuevo la forma de manifestarse para seguir un proceso evolutivo y de crecimiento. Solemos poner nuestra felicidad en manos de objetos, de situaciones, de seres que nos rodean; y entonces cuando algo de esto nos falta o nos falla pareciera que estuviéramos condenamos a sufrir, a recorrer la senda de la infelicidad.
La felicidad es un estado interno al que se llega sin dependencia alguna en el mundo externo – o por lo menos a esa conclusión he llegado hasta el momento después de leer a Buda y de recordar algunas palabras sabias de Plotino. Pero como no estamos muy conscientes de la realidad, de aquello a lo que llamamos real, pues terminamos apegándonos a lo ilusorio y pasajero. Un día no planeado la vida nos muestra que se trata de una rueda – la rueda del Samsara – en donde hay subidas y bajadas, nacimientos y muertes, luces y sombras, días y noches, triunfos y derrotas, y así sucesivamente. Una rueda en la que estamos destinados a permanecer mientras no hayamos alcanzado la liberación o lo que los budistas conocen como el Nirvana. Y no por ello debemos sentir que no hay al respecto por hacer, sino por el contrario, el ejercicio es estar conscientes de nuestra actitud, de nuestras reacciones, de nuestras justificaciones para hacer o no hacer algo, de nuestras tendencias a reproducir lo que el sistema nos vende o lo que hemos heredado de nuestros padres.
Afortunados aquellos que pueden ver más allá de la superficie para divisar a lo lejos las estrellas, aquellas que nos guiarán a las profundidades de nuestro ser.
Quisiera igualmente compartir algunos ejercicios que pueden llegar a ser útiles para quienes deseen acercarse a la filosofía budista o simplemente experimentar un poco con el objetivo de Despertar.
• Caminata consciente: aquellos recorridos que hacemos a diario a pie los podemos aprovechar para estar en contacto con nosotros y descubrir que hay rincones que aún no hemos explorado en nuestro interior.
• Preguntarnos: Es realmente cierto? A veces hay ideas que rondan en nuestra cabeza sobre algún comentario, alguna situación en particular, etc. En vez de seguir alimentando esta idea, podemos hacer un alto y preguntarnos si eso es cierto. Muchas veces nos damos cuenta que no vale la pena desgastarnos con juicios destructivos que otros hacen para con nosotros.
• Diario: al final del día escribir unos breves renglones sobre algo que hayamos notado en particular, algún aprendizaje, alguna inquietud, alguna reflexión. Regresar con el tiempo y leer aquello que hemos escrito no solamente es interesante sino que nos permite ser cómplices de nuestro propio proceso.
• Meditación o momento mágico: concentrarnos en la respiración y trayendo de nuevo nuestra atención cuando la mente se dispersa y se haya viajando por los múltiples pasadizos con los que juega. Se recomiendo hacer un conteo de 1 a 8 y regresar de 8 a 1 y así seguir. Contar nos ayuda a centrarnos más.
• Dieta cultural: asistir a eventos culturales, a presentaciones de ballet, de ópera, visitar museos, galerías de arte, bibliotecas, ir a charlas, a talleres, a cine. Todo lo anterior nos alimenta y nos nutre de una manera positiva.
• Lo que no quiero cambiar: para identificar nuestras luces es bueno tomarnos el tiempo para hacer un listado de aquello que no queremos cambiar. Estas son nuestras piedras fuertes en las que podemos sostenernos mientras trabajamos en las sombras que también hacen parte del paquete con el que venimos.
• Salir al campo: buscar espacios en los que podamos estar en contacto con la naturaleza para recargarnos de energía. La naturaleza es un libro abierto para aquel que está dispuesto a leer las maravillas de la vida. Observar un árbol, un camino de hormigas, una gota de rocío, el sol ocultándose para dar bienvenida a la noche; observar y compartir con nuestra tierra es vital.
• 1 acto consciente: escoger a diario un acto en el cual queramos practicar la presencia consciente. Puede ser lavando los platos, cepillándonos los dientes, comiendo, cocinando, entre otras. Durante ese periodo que no debe ser muy largo, nos proponemos vivirlo a plenitud.
• Atención a nuestros monólogos: nuestra mente es increíble y con frecuencia nos ofrece una serie de películas de drama que si estamos atentos podemos darle un final feliz en vez de alimentar esos diálogos que nos acostumbramos a tener.
Deseando que cada uno sepa encontrar el camino adecuado para encontrarse a sí mismo, la cual parece ser una tarea de nunca acabar.
jueves, 22 de julio de 2010
Regresando a mi tierra Colombia
Estoy a unas cuantas horas de pisar nuevamente tierra colombiana y cuando pienso en ello se me hace un nudo en la garganta, mis ojos se humedecen y una sonrisa pícara se dibuja en mi rostro. Quienes han vivido este tipo de situaciones comprenderán más fácilmente esta sensación extraña, mezcla de alegría y de nostalgia, que me invade y me acompaña. Talvez a ello se suma la claridad que hay un partir, que en 6 semanas el avión irá en dirección contraria para aterrizar en Londres.
Cuando pienso en este viaje no puedo dejar de agradecer a la vida por facilitarme y hacer realidad el reencontrarme de nuevo con mis padres, mi familia y amigos. Han pasado 2 años y no sé si eso es poco o mucho pues termina siendo un concepto relativo. Poco para accedera la gran variedad de oportunidades que Londres ofrece pero mucho si me refiero a los lazos que me unen a la gente, vínculos con todos aquellos que han participado activamente en mi vida.
Estoy segura y así lo dice mi intuición, que muchas cosas han sucedido en estos dos años. Lo veo en mi propia vida y decisiones que he venido tomando y lo siento igualmente en mi interior. Me inquieta saber como será mi actitud estando en el lugar donde crecí, como percibiré a la gente, como será el sabor de cada plato, como me encontrarán aquellos que aprecio, como será despertar de nuevo en la cama que me perteneció en algún momento por tantos años.
Ya habrá tiempo para resolver estas dudas y para enriquecer mi experiencia personal...
Cuando pienso en este viaje no puedo dejar de agradecer a la vida por facilitarme y hacer realidad el reencontrarme de nuevo con mis padres, mi familia y amigos. Han pasado 2 años y no sé si eso es poco o mucho pues termina siendo un concepto relativo. Poco para accedera la gran variedad de oportunidades que Londres ofrece pero mucho si me refiero a los lazos que me unen a la gente, vínculos con todos aquellos que han participado activamente en mi vida.
Estoy segura y así lo dice mi intuición, que muchas cosas han sucedido en estos dos años. Lo veo en mi propia vida y decisiones que he venido tomando y lo siento igualmente en mi interior. Me inquieta saber como será mi actitud estando en el lugar donde crecí, como percibiré a la gente, como será el sabor de cada plato, como me encontrarán aquellos que aprecio, como será despertar de nuevo en la cama que me perteneció en algún momento por tantos años.
Ya habrá tiempo para resolver estas dudas y para enriquecer mi experiencia personal...
lunes, 3 de mayo de 2010
El ingrediente secreto es nada...
Ayer compartí una película infantil Kung fu Panda con unos amigos y a pesar de ser un género infantil encontré elementos de reflexión que me robaron por momentos mis pensamientos pero afortunadamente no me desvelaron pues el cansancio acumulado me permitió disfrutar de horas extra de sueño en Paris. Para quienes han visto la película puede que les resulte más sencillo entender mis líneas. Panda descubre que el ingrediente secreto que su padre y sus antecesores han venido usando en su especial receta es: nada. Y luego en otra escena en la que recibe el tan anhelado pergamino con la sabiduría necesaria para ser un buen guerrero, lo abre y lo encuentra vacío “aparentemente” pues su imagen se refleja cual espejo.
Yo observo este tipo de imágenes y es como si algo se activara en mi ser para leer el profundo mensaje que se oculta tras un velo, velo que pocos muestran interés en remover hoy en día. Hace muchos años tuve la oportunidad de ver otra película sobre un hombre guerrero que debía pasar por un sin número de pruebas, arriesgando su vida, superando las dificultades, entre otras, para que al final pudiera encontrar el tesoro que inspiraba su aventura. Cuando lo abre se sorprende al ver frente a si mismo su propia imagen reflejada en un espejo. Definitivamente es ahí donde debemos buscar y no en otro lugar. Es ahí donde albergamos las herramientas, el poder, el potencial para abrir nuestras alas y alzar vuelo como Juan Salvador Gaviota, para no seguir eternamente sobrevolando la superficie.
Hay tanto que conocer de nosotros mismos pero a veces nos resulta más atractivo atender más los afanes de un mundo externo en el que se nos exige producir, consumir, volver a producir para volver a consumir y así sucesivamente. Y en medio de esa rutina y las preocupaciones por adquirir nuevas cosas para poder “ser felices” y satisfacer “nuestras necesidades”, el tiempo se nos empieza a pasar sin mirar hacia dentro de nosotros y sin alimentar nuestra vida interior. Así como nuestro cuerpo físico necesita de alimentos para mantenerse vital, con la misma urgencia e importancia nuestra vida interior requiere de otro tipo de alimentos que no se encuentran en las cadenas de almacenes que solemos visitar.
He aquí algunas sugerencias que desde mi propia experiencia puedo compartir:
- Propiciar espacios de silencio. Aprender a estar con nosotros mismos
- Tener contacto con la naturaleza. Salir a caminar. Sentarnos en un parque
- Hacer una pausa antes de comer. ( Esta es inspirada en mi hermana! )
- Caminar con conciencia y abrir los sentidos hacia dentro.
- Meditar
- Leer y pensar en eso que se ha leído
- Servir por una causa noble
- Compartir con la gente. Escuchar lo que otros tienen por contar.
Qué tal si construimos algunas otras ideas de cómo enriquecer nuestra vida interior a partir de las que se vivencian?
Agradeciendo desde ya su participación.
Yo observo este tipo de imágenes y es como si algo se activara en mi ser para leer el profundo mensaje que se oculta tras un velo, velo que pocos muestran interés en remover hoy en día. Hace muchos años tuve la oportunidad de ver otra película sobre un hombre guerrero que debía pasar por un sin número de pruebas, arriesgando su vida, superando las dificultades, entre otras, para que al final pudiera encontrar el tesoro que inspiraba su aventura. Cuando lo abre se sorprende al ver frente a si mismo su propia imagen reflejada en un espejo. Definitivamente es ahí donde debemos buscar y no en otro lugar. Es ahí donde albergamos las herramientas, el poder, el potencial para abrir nuestras alas y alzar vuelo como Juan Salvador Gaviota, para no seguir eternamente sobrevolando la superficie.
Hay tanto que conocer de nosotros mismos pero a veces nos resulta más atractivo atender más los afanes de un mundo externo en el que se nos exige producir, consumir, volver a producir para volver a consumir y así sucesivamente. Y en medio de esa rutina y las preocupaciones por adquirir nuevas cosas para poder “ser felices” y satisfacer “nuestras necesidades”, el tiempo se nos empieza a pasar sin mirar hacia dentro de nosotros y sin alimentar nuestra vida interior. Así como nuestro cuerpo físico necesita de alimentos para mantenerse vital, con la misma urgencia e importancia nuestra vida interior requiere de otro tipo de alimentos que no se encuentran en las cadenas de almacenes que solemos visitar.
He aquí algunas sugerencias que desde mi propia experiencia puedo compartir:
- Propiciar espacios de silencio. Aprender a estar con nosotros mismos
- Tener contacto con la naturaleza. Salir a caminar. Sentarnos en un parque
- Hacer una pausa antes de comer. ( Esta es inspirada en mi hermana! )
- Caminar con conciencia y abrir los sentidos hacia dentro.
- Meditar
- Leer y pensar en eso que se ha leído
- Servir por una causa noble
- Compartir con la gente. Escuchar lo que otros tienen por contar.
Qué tal si construimos algunas otras ideas de cómo enriquecer nuestra vida interior a partir de las que se vivencian?
Agradeciendo desde ya su participación.
El eterno presente
He vuelto a recordar una frase que mi padre solía repetirme de niña, tantas veces lo hizo que me la aprendí y esta vez hace parte de lo que me inspira a escribir. “Qué es la vida? Un frenesí. Qué es la vida? Una ilusión. Que toda la vida es sueño y los sueños sueño son ... como a nuestro parecer todo tiempo pasado fue mejor”. Con frecuencia se tiende a mirar a aquello que ya no está en nuestras manos, aquellas memorias de tiempos en los que sonreíamos, en donde todo parecía ser más sencillo y fácil, tiempos en los que apenas se iniciaba y por lo tanto todo era más novedoso y al mismo lugar era enigmático porque no se lograba visualizar futuro alguno.
Siempre he sido una amante de los buenos recuerdos, trayéndolos a mi mente cuando considero necesario y por ello talvez es que termino descuidando por no decir evadiendo este presente que se nos ofrece a cada instante. Porque ni para que hablar del mañana si en gran parte es incierto, robando de nuevo la atención del aquí y el ahora. He leído algunos textos sobre ese poder o esa capacidad de vivir el eterno presente pero sin embargo en la práctica para ser sincera aún me muevo como un péndulo entre la visita nostálgica de un pasado y el ansioso y poco claro panorama del futuro. Imagino que se trata de un equilibrio armónico que nos permita vivir inteligentemente un día a día, basándonos en las experiencias y el aprendizaje adquirido y proyectando con mayor certeza y una gran dosis de flexibilidad lo que vendrá. Quisiera encontrar la fórmula mágica – y si alguno ya la tiene pues se las recomiendo – para solamente albergar lo bueno, lo positive, lo bonito en mi corazón y no dejar que la oscuridad ingrese pues es tan fácil que empiezo a percibir dolor, empiezo a identificar fricciones que para nada enriquecen.
Que tan importante se vuelve dar entonces prioridad al amor, al perdón, a la profunda comprensión de los seres humanos y de nuestra complejidad reflejada en las relaciones que establecemos. Si esta vida es tan solo una ilusión, si este viaje no es tan largo y es aquí y ahora en donde nos encontramos, pues deberíamos ser más concientes de rodearnos de espacios fraternos en donde dar un abrazo se convierte en lo natural y no en lo que escasea; en donde podemos entregarnos sin miedo alguno y sin necesidad de usar máscara alguna pues hay la libertad de ser quien se es. El hoy es lo que tenemos en frente. Estas líneas al ser leídas han quedado revoloteando en mi mente como un pájaro lo hace cuando hay una jaula que lo ha capturado. No pretendo que suceda lo mismo con ustedes pero si que nos obsequiemos unos segundos para digerir la frase con la que cierro esta entrada.
“El pasado es historia,
el futuro un misterio pero el HOY es un regalo,
por eso se llama PRESENTE”.
Siempre he sido una amante de los buenos recuerdos, trayéndolos a mi mente cuando considero necesario y por ello talvez es que termino descuidando por no decir evadiendo este presente que se nos ofrece a cada instante. Porque ni para que hablar del mañana si en gran parte es incierto, robando de nuevo la atención del aquí y el ahora. He leído algunos textos sobre ese poder o esa capacidad de vivir el eterno presente pero sin embargo en la práctica para ser sincera aún me muevo como un péndulo entre la visita nostálgica de un pasado y el ansioso y poco claro panorama del futuro. Imagino que se trata de un equilibrio armónico que nos permita vivir inteligentemente un día a día, basándonos en las experiencias y el aprendizaje adquirido y proyectando con mayor certeza y una gran dosis de flexibilidad lo que vendrá. Quisiera encontrar la fórmula mágica – y si alguno ya la tiene pues se las recomiendo – para solamente albergar lo bueno, lo positive, lo bonito en mi corazón y no dejar que la oscuridad ingrese pues es tan fácil que empiezo a percibir dolor, empiezo a identificar fricciones que para nada enriquecen.
Que tan importante se vuelve dar entonces prioridad al amor, al perdón, a la profunda comprensión de los seres humanos y de nuestra complejidad reflejada en las relaciones que establecemos. Si esta vida es tan solo una ilusión, si este viaje no es tan largo y es aquí y ahora en donde nos encontramos, pues deberíamos ser más concientes de rodearnos de espacios fraternos en donde dar un abrazo se convierte en lo natural y no en lo que escasea; en donde podemos entregarnos sin miedo alguno y sin necesidad de usar máscara alguna pues hay la libertad de ser quien se es. El hoy es lo que tenemos en frente. Estas líneas al ser leídas han quedado revoloteando en mi mente como un pájaro lo hace cuando hay una jaula que lo ha capturado. No pretendo que suceda lo mismo con ustedes pero si que nos obsequiemos unos segundos para digerir la frase con la que cierro esta entrada.
“El pasado es historia,
el futuro un misterio pero el HOY es un regalo,
por eso se llama PRESENTE”.
Gli Italiani sono molto gentili
Regresaré pronto a Londres con algunas pocas palabras en italiano que espero conservar en mi mente hasta una próxima aventura en esta bota itálica en la que brevemente y sin exagerar puedo decir pase unos días maravillosos en compañía de una familia colombo-italiana. Vine inicialmente a Bérgamo a reencontrame con una amiga colombiana, la cual fue mi profesora cuando yo era pequeñita. Me he sentido como en casa, creo que he sido adoptada por unos días y eso lo percibo ante la profunda generosidad que no creo yo tener. Pensé en esa valiosa virtud de dar y como muchas personas, en este caso esta familia en particular, tiene esa actitud de entregar sin condición. Muchas de las veces cuando damos y somos generosos es porque hay una pequeña dosis de interés, un deseo por sacar provecho o por lo menos de recibir un reconocimiento. Como quisiera erradicar este tipo de acciones en mi vida en donde se espera recompensa.
Recuerdo mientras escribo aquel cuento que narra que una vez un hombre se encontró con otro hombre y este segundo estaba sembrando unas semillas en el camino. El primer hombre se acercó y lo cuestionó sobre lo absurdo que era estar sembrando semillas por todo el tiempo que implicaba esperar para obtener los frutos. Y el hombre continuó haciéndolo mientras decía algo como “aquellos árboles que yo he disfrutado y de los cuales he podido recoger frutos los sembró alguien que pensó en los que vendrían después”. Y eso es dar sin esperar, eso es entregarse sin egoísmos. Como parte de una sorpresa familiar resulté yendo a Milán y a Venecia. Y lo positivo de no planearlo es que aquello que llegó fue bienvenido y las expectativas que había construido de alguna manera no solamente se cumplieron sino que sobrepasaron mi pensar. Recorrí algunos de sus sitios turísticos compartiendo un poco y esta vez tomando menos fotos de lo que usualmente tomo. Italia me dio calor humano y del sol también; me regaló un buen sabor de pasta, pizza y helados; recorrí lugares que me hacían pensar en una vida más tranquila y en el contacto con la naturaleza.
Es increíble como los lazos que se han construido en algún momento se sigan manteniendo a pesar del tiempo y de la distancia. Vi fotos de mi niñez en las que compartía con mi amiga y ahora siento que puedo mirar sus ojos y leer un poco en ellos de su propia historia y de lo que en algunas conversaciones pudimos compartir. La generosidad será parte de mi reflexión para las próximas semanas. Estoy segura que si todos diéramos un poco más, incluso, estoy casi segura que si lo damos todo nunca nos faltará porque es como una fuente permanente que fluye, que va y viene sin que haya necesidad de esperarlo.
Recuerdo mientras escribo aquel cuento que narra que una vez un hombre se encontró con otro hombre y este segundo estaba sembrando unas semillas en el camino. El primer hombre se acercó y lo cuestionó sobre lo absurdo que era estar sembrando semillas por todo el tiempo que implicaba esperar para obtener los frutos. Y el hombre continuó haciéndolo mientras decía algo como “aquellos árboles que yo he disfrutado y de los cuales he podido recoger frutos los sembró alguien que pensó en los que vendrían después”. Y eso es dar sin esperar, eso es entregarse sin egoísmos. Como parte de una sorpresa familiar resulté yendo a Milán y a Venecia. Y lo positivo de no planearlo es que aquello que llegó fue bienvenido y las expectativas que había construido de alguna manera no solamente se cumplieron sino que sobrepasaron mi pensar. Recorrí algunos de sus sitios turísticos compartiendo un poco y esta vez tomando menos fotos de lo que usualmente tomo. Italia me dio calor humano y del sol también; me regaló un buen sabor de pasta, pizza y helados; recorrí lugares que me hacían pensar en una vida más tranquila y en el contacto con la naturaleza.
Es increíble como los lazos que se han construido en algún momento se sigan manteniendo a pesar del tiempo y de la distancia. Vi fotos de mi niñez en las que compartía con mi amiga y ahora siento que puedo mirar sus ojos y leer un poco en ellos de su propia historia y de lo que en algunas conversaciones pudimos compartir. La generosidad será parte de mi reflexión para las próximas semanas. Estoy segura que si todos diéramos un poco más, incluso, estoy casi segura que si lo damos todo nunca nos faltará porque es como una fuente permanente que fluye, que va y viene sin que haya necesidad de esperarlo.
domingo, 4 de abril de 2010
De crisálida a mariposa
“Entre más grande la prueba, más glorioso es el triunfo”
Estando en Paris tuve la fortuna de toparme con varias películas, gracias a las sugerencias de unos buenos amigos que tengo en esas tierras. Entre ellas una muy corta conocida como El circo de las mariposas, una vez vista quedaron circulando en mi mente ideas sobre el tamaño de nuestras pruebas y como otros seres con GRANDES dificultades – empezando con las físicas – logran hacer más historia. No creo en un Dios que se olvida de algunos, favoreciendo a unos cuantos tan sólo ni mucho menos condenando por “nuestros pecados cometidos”. Creo en cambio que se nos da aquello que nos corresponde junto con el potencial para lograr grandes conquistas, pero somos pocos los que reconocemos que en nuestro ser habitan todos los elementos necesarios para afrontar lo que nos llega a diario, o mejor dicho, lo que nos corresponde karmáticamente vivir. Quienes me conocen recordarán de pronto un ejemplo que suelo utilizar en mi discurso pedagógico y si mal no recuerdo le pertenece a alguien más que me lo enseñó. La vida es un largo viaje en el que cada uno carga un equipaje. Algunos andan con maletas inmensas, otras son maletas incómodas, otras son livianas, otras son de buenas marcas y costosas, pero finalmente todos vamos en compañía de ese equipaje.
Personalmente mi lucha ha sido un poco en hacer que sea ligero pues como dijo mi hermana cuando yo me preparaba para viajar a Londres y pretendía traerme todas mis pertenencias de Colombia, “lo que vas a necesitar no está en la maleta sino en vos”. Retomando el ejemplo que quiero transmitir, durante ese viaje que es la vida vamos aprendiendo múltiples cosas, nos enfrentamos a experiencias dolorosas y/o satisfactorias, descubrimos nuevas dimensiones en nosotros y en los otros, entre otras. Entonces y simbólicamente atesoramos algo, lo que podemos llamar aprendizaje y lo colocamos dentro de esta maleta. La memoria juega un papel fundamental pues nos facilita el acceso a este archivo, eso sí dependiendo de cuanto la ejercitamos. Y cuando de repente vemos que la vida nos está obsequiando una situación diferente, nueva, difícil, compleja… pues nos corresponde recordar que hemos aprendido en el pasado y podemos nuevamente dar solución y asumir eso que llega de la mejor manera. Sé que no es tan fácil como escribirlo porque yo misma me he visto en circunstancias en donde siento que mi maleta está vacía o que la he extraviado en alguna parte. Pero cuando hay una actitud positiva esos archivos se muestran disponibles, logramos encontrar las herramientas y salimos victoriosos como los espartanos en aquel entonces.
La vida es un largo viaje. Que mejor que estar conscientes de ello y saber obrar con inteligencia porque mucho de lo que nos importa e intranquiliza es pasajero, es temporal, es ilusorio. Hoy la vida nos ofrece un reto del cual somos capaces de salir adelante, mañana nos traerá la cosecha de nuestra propia siembra y así sucesivamente esta rueda del Samsara seguirá girando mostrándonos ciclos de luz y oscuridad, vida y muerte, primavera e invierno, alegría y dolor. No participar en esta rueda es un estado que pocos han logrado, por lo tanto y desde mi punto de vista, nos queda la decisión de ser protagonistas y no simples espectadores. Que tan importante es valorar y dar uso a todo aquello que hemos aprendido. Que tan esencial es abrir con más frecuencia nuestro equipaje pues ahí está la voz que sabe, la voz interior que escuchan tan sólo los que permanezcan en silencio por unos instantes.
Estando en Paris tuve la fortuna de toparme con varias películas, gracias a las sugerencias de unos buenos amigos que tengo en esas tierras. Entre ellas una muy corta conocida como El circo de las mariposas, una vez vista quedaron circulando en mi mente ideas sobre el tamaño de nuestras pruebas y como otros seres con GRANDES dificultades – empezando con las físicas – logran hacer más historia. No creo en un Dios que se olvida de algunos, favoreciendo a unos cuantos tan sólo ni mucho menos condenando por “nuestros pecados cometidos”. Creo en cambio que se nos da aquello que nos corresponde junto con el potencial para lograr grandes conquistas, pero somos pocos los que reconocemos que en nuestro ser habitan todos los elementos necesarios para afrontar lo que nos llega a diario, o mejor dicho, lo que nos corresponde karmáticamente vivir. Quienes me conocen recordarán de pronto un ejemplo que suelo utilizar en mi discurso pedagógico y si mal no recuerdo le pertenece a alguien más que me lo enseñó. La vida es un largo viaje en el que cada uno carga un equipaje. Algunos andan con maletas inmensas, otras son maletas incómodas, otras son livianas, otras son de buenas marcas y costosas, pero finalmente todos vamos en compañía de ese equipaje.
Personalmente mi lucha ha sido un poco en hacer que sea ligero pues como dijo mi hermana cuando yo me preparaba para viajar a Londres y pretendía traerme todas mis pertenencias de Colombia, “lo que vas a necesitar no está en la maleta sino en vos”. Retomando el ejemplo que quiero transmitir, durante ese viaje que es la vida vamos aprendiendo múltiples cosas, nos enfrentamos a experiencias dolorosas y/o satisfactorias, descubrimos nuevas dimensiones en nosotros y en los otros, entre otras. Entonces y simbólicamente atesoramos algo, lo que podemos llamar aprendizaje y lo colocamos dentro de esta maleta. La memoria juega un papel fundamental pues nos facilita el acceso a este archivo, eso sí dependiendo de cuanto la ejercitamos. Y cuando de repente vemos que la vida nos está obsequiando una situación diferente, nueva, difícil, compleja… pues nos corresponde recordar que hemos aprendido en el pasado y podemos nuevamente dar solución y asumir eso que llega de la mejor manera. Sé que no es tan fácil como escribirlo porque yo misma me he visto en circunstancias en donde siento que mi maleta está vacía o que la he extraviado en alguna parte. Pero cuando hay una actitud positiva esos archivos se muestran disponibles, logramos encontrar las herramientas y salimos victoriosos como los espartanos en aquel entonces.
La vida es un largo viaje. Que mejor que estar conscientes de ello y saber obrar con inteligencia porque mucho de lo que nos importa e intranquiliza es pasajero, es temporal, es ilusorio. Hoy la vida nos ofrece un reto del cual somos capaces de salir adelante, mañana nos traerá la cosecha de nuestra propia siembra y así sucesivamente esta rueda del Samsara seguirá girando mostrándonos ciclos de luz y oscuridad, vida y muerte, primavera e invierno, alegría y dolor. No participar en esta rueda es un estado que pocos han logrado, por lo tanto y desde mi punto de vista, nos queda la decisión de ser protagonistas y no simples espectadores. Que tan importante es valorar y dar uso a todo aquello que hemos aprendido. Que tan esencial es abrir con más frecuencia nuestro equipaje pues ahí está la voz que sabe, la voz interior que escuchan tan sólo los que permanezcan en silencio por unos instantes.
martes, 30 de marzo de 2010
Caminando hacia el Sol Primaveral
El sábado 20 de Marzo salimos con unos compañeros a realizar una caminata nocturna – la misma que tuve la oportunidad de realizar el año anterior – hacia las afueras de Londres. Todo inició tomando un tren a las 12:15pm y en la estación indicada comenzamos a caminar a eso de la 1am. La noche estaba oscura, la luna no se dejó ver y debido a la lluvia el camino estaba algo embarrado. Sin embargo, la inspiración era clara y todos sabíamos que a las 6am recibiríamos el Sol como símbolo del inicio de la Primavera. Mientras cruzábamos por caminos espesos entre árboles, habían instantes en los que compartíamos alguna que otra palabra con otro caminante, o también, por el contrario nos dejábamos sumergir en el silencio. Lo curioso es que cuando uno está en silencio la mente empieza a generar monólogos, todo tipo de reflexiones y conexiones que con frecuencia se nos escapan a la comprensión racional. Que útil sería aplicar las enseñanzas budistas de estar conscientes de aquello que entra a nuestra mente porque ahí es cuando identificamos esos diálogos internos que a veces son constructivos y otras veces son dañinos.
Observar la naturaleza nocturna me permitía ver su belleza de otro color y algo gracioso era que para uno un tronco gigante en el camino ( como un gran obstáculo! ) se reducía a una rama, lo que parece un lago es un pequeño charco, las ramas forman figuras abstractas, los sonidos se multiplican y los sentidos se abren a una maravillosa sensación de unión con el Cosmos. Tuvimos dos descansos en medio de las 7 horas que caminamos y debo reconocer que tuve un periodo en que mis párpados descansaban mientras mi cuerpo seguía en marcha confiando en quien iba en frente pues esa era la clave para no extraviarse y para continuar a pesar de la oscuridad. Recordé la caminata del año anterior – mi primera en Londres – y como en esa época yo estaba atravesando por otras situaciones, esperaba con ansias que algunos proyectos personales se concretaran y tal vez sin la sabiduría de ir despacio sino por el contrario con un afán absurdo de ver realizados todos mis deseos.
Este año marzo me ha ofrecido otra mirada más en relación con los ciclos que se cierran y se renuevan, con la luz venciendo la oscuridad, con la posibilidad de replantear ideas, cuestionar paradigmas, soltar juicios, y tomar decisiones como Arjuna en el texto de Baghavad Gita. Y siento que un nuevo año ha iniciado, no en enero sino en marzo pues además coincide con mi cumpleaños lo cual simboliza renovación. Las experiencias cotidianas se pueden tornar en alegorías para comprender la vida tal y como es y llego a la conclusión que se trata de andar incluso cuando no hay luz, que se trata de conservar la fe en un nuevo amanecer y que lo que a veces representan obstáculos no son más que oportunidades para hacer crecer nuestra alma que pide a gritos acción pues no disfruta la inercia. Que la Primavera siga expresándose a mi paso mientras otros y yo aprendemos a apreciar lo que un nuevo rayo impregna a su paso.
Observar la naturaleza nocturna me permitía ver su belleza de otro color y algo gracioso era que para uno un tronco gigante en el camino ( como un gran obstáculo! ) se reducía a una rama, lo que parece un lago es un pequeño charco, las ramas forman figuras abstractas, los sonidos se multiplican y los sentidos se abren a una maravillosa sensación de unión con el Cosmos. Tuvimos dos descansos en medio de las 7 horas que caminamos y debo reconocer que tuve un periodo en que mis párpados descansaban mientras mi cuerpo seguía en marcha confiando en quien iba en frente pues esa era la clave para no extraviarse y para continuar a pesar de la oscuridad. Recordé la caminata del año anterior – mi primera en Londres – y como en esa época yo estaba atravesando por otras situaciones, esperaba con ansias que algunos proyectos personales se concretaran y tal vez sin la sabiduría de ir despacio sino por el contrario con un afán absurdo de ver realizados todos mis deseos.
Este año marzo me ha ofrecido otra mirada más en relación con los ciclos que se cierran y se renuevan, con la luz venciendo la oscuridad, con la posibilidad de replantear ideas, cuestionar paradigmas, soltar juicios, y tomar decisiones como Arjuna en el texto de Baghavad Gita. Y siento que un nuevo año ha iniciado, no en enero sino en marzo pues además coincide con mi cumpleaños lo cual simboliza renovación. Las experiencias cotidianas se pueden tornar en alegorías para comprender la vida tal y como es y llego a la conclusión que se trata de andar incluso cuando no hay luz, que se trata de conservar la fe en un nuevo amanecer y que lo que a veces representan obstáculos no son más que oportunidades para hacer crecer nuestra alma que pide a gritos acción pues no disfruta la inercia. Que la Primavera siga expresándose a mi paso mientras otros y yo aprendemos a apreciar lo que un nuevo rayo impregna a su paso.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
