Gracias a Dios, a la vida, al destino, a las leyes de la Naturaleza, a mi Ser Superior…
Por mi familia (incluyendo todos los miembros pero especialmente mis padres y mi querida hermana).
Por mi trabajo y mi nueva experiencia como profesora.
Por todas las lecciones que logré enseñar en Acrópolis y también las lecciones que recibí como estudiante.
Por la prosperidad y abundancia.
Por haber sido capaz de terminar una relación y meses más tarde comprender qué tan importante es sanar mis pasadas experiencias para vencer el temor a amar nuevamente.
Por cada persona que conocí y que me enseñó algo.
Por mi nuevo compañero quien me ha dado suficiente motivación para ser yo misma.
Por cada viaje y cada lugar que visité.
Por la gran oportunidad de haber ido a Colombia y el tiempo que pude compartir con mi familia y mis amigos.
Por mi blog que empezó en febrero y continuará como un ejercicio que me impulse a escribir un libro en el futuro.
Por los correos electrónicos de gente que aprecia compartir procesos y sentimientos.
Por cada palabra que aprendí en mi vocabulario de inglés.
Por el trasladarme a un nuevo lugar, un pequeño cuarto que me ofrece más libertad e independencia.
Por los momentos que he compartido con gente amable (charlas, cantos, bailes, comidas, etc.).
Por todos esos libros que llegaron a mis manos y me hicieron recordar.
Por el alimento que comí ya que soy bendecida al tener suficiente comida.
Por mi salud y el flujo de energía que constantemente sentí para cumplir con mis compromisos.
Por el contacto con la meditación y las enseñanzas budistas.
Por estar rodeada de gente que manifiesta su generosidad y bondad.
Por hacerme entender que la vida no es una carrera sino un viaje mágico.
Por las respuestas que encontré y las preguntas que todavía tengo (como lo he dicho muchas veces, las
respuestas siempre están esperando que las veamos pero a menudo las ignoramos).
Por dar un paso adelante para conocerme mejor, aunque a veces tenga miedo de lo que veo.
Por cada lección que me ha dado la vida incluyendo penas y alegrías.
Por todo el soporte y amor que obtuve cuando aparentemente estaba sola.
Y por supuesto, gracias por el cuerpo físico, mi energía, mis emociones, mis pensamientos y mi profunda convicción que somos más que lo que pensamos… somos almas en un regreso eterno.
(Traducido del inglës por G Lema. Editado por Natalia)
sábado, 25 de diciembre de 2010
lunes, 20 de diciembre de 2010
Seguir sin tí pero contigo
No comprendo porque me sigo asombrando de los textos que a mis manos llegan si soy una fiel creyente en las leyes cósmicas y kármicas donde todo tiene su razón de ser, incluso en aquellos momentos en que no vemos con claridad el por qué de ciertas vivencias. Leer la experiencia de la autora en el libro Seguir sin tí, quien atraviesa por una separación luego de más de 20 años, escuchar su voz y percibir así las emociones me ha permitido regresar de nuevo a un capítulo que creí había cerrado hace algunos meses. Mejor dicho, lo que creo haber hecho fué acelerar un cierre, un poco de negación por temor al dolor, me encargué de ocupar mi mente para evitar caer en la tentación de pensar, porque cuando se piensa en ocasiones es como querer digerir una porción más grande de la que cabe en nuestra boca… no hubo de otra sino respirar profundo e ir tragando el amargo sabor de una separación. Y cuando hablo de este proceso de separarse no lo reduzco al aspecto físico en donde se cogen unas maletas y se abandonan los espacios, sino además a la sagrada conexión que hay entre dos almas que han vivido unidas por muchos años. El tiempo en este caso ha sido mi amigo galopante y me ha hecho ver con verdaderos ojos lo que antes no era visible para mí pero siempre estuvo ahí; el tiempo me ha ayudado a sanar las heridas de esa niña que existe en mí, comprendiendo que crecer a veces duele; el tiempo me ha enseñado que aún cuando somos derrotados en apariencia hay siempre pequeñas victorias en nuestro interior. Sólo uno sabe cuando ha aprendido, cuando ha dado un paso en la interminable senda de la vida.
Por eso hoy quiero seguir sin tí pero contigo a la vez porque mi corazón sabe a quien ha amado y no olvida como quien borra unas letras de un tablero los procesos compartidos. Invoco la presencia de una llama, una luz mágica que recorra cualquier rincón oscuro que nuestra relación haya dejado, una luz sanadora que tenga efectos terapeúticos, una luz que nos haga recordar lo que nuestras almas siempre han sabido pero con frecuencia olvidan.
Quiero seguir sin tí pero contigo a la vez porque siempre he agradecido la posibilidad de haberte conocido, de haber crecido a tu lado, de haber incluso cambiado en esos años en los que signos de mujer empezaban a hacer su aparición. Hoy, he vuelto a ver en tí de nuevo esa alma noble de la cual me enamoré y esa pequeña semilla que llevabas dentro ha empezado a extenderse hacia el Sol.
Todas las despedidas encierran una dosis de nostalgia, como cuando se deja el colegio o se viaja a otro país o se despide a un ser que ha partido. Pero la existencia de inicios en un mundo dual hace que de inmediato exista su opuesto, los cierres. Lo que entonces importa es la manera como construímos esos cierres: si optamos por azotar la puerta y salir corriendo o, en cambio, honramos el vínculo y nos fundimos en un abrazo eterno.
No cuento aún con la formula mágica para cambiar lo que ya fué pero si pudiera en mi imaginación retroceder el tiempo, escogería la segunda opción porque hay mayor posibilidad de conservar la sonrisa cómplice entre los dos.
Seguiré sin tí pero contigo hasta que sea la hora de regresar.
sábado, 30 de octubre de 2010
El hombre que busco
Un hombre...
con el que pueda construir
con el que pueda ser YO sin miedo a ser juzgada
con el que pueda sonreir, divertirme, reir a carcajadas
con el que pueda explorar la sexualidad sin tabúes y sin temor
con el que pueda leer un texto en compañía con el que pueda compartir unas crispetas y una película romántica
con el que pueda hablar abiertamente de cualquier tema (incluyendo religion, familia, economía)
con el que viaje, cante, baile, cocine, duerma, descubra
Un hombre que sea independiente
que no busque una mamá sino una amante, una compañera de ruta
que tenga sueños y proyectos personales
que tenga inquietudes ante la vida
que se pregunte, que busque respuestas, que siga preguntándose,
que medite, que reflexione, que de vez en cuando escuche su alma para dar prioridad a lo espiritual y lo profundo y no lo superficial
Un hombre que sepa alimentar la relación con detalles
que me sorprenda y que se deje sorprender
que me apoye en mis decisiones
y me haga ver con ternura y con objetividad su punto de vista cuando no comparta mi opinión
que me escuche y me haga partícipe de su mundo interior
que me despierte un día con una canción (aunque no tenga la mejor voz)
o proponga algún plan para pasar el día juntos
Un hombre que tenga la intención – y se note – de conocerse
que no se conforme con lo que es y lo que tiene
que tenga los pies bien puestos en la tierra pero su mirada hacia el horizonte
que no le de miedo de arriesgarse ni a enfrentar cualquier batalla interna
que reconozca sus errores y aprenda de ellos
que sepa discernir con sabiduría ante cualquier situación que se presente….
Un hombre que no sea perfecto pero que tenga deseos de ser mejor,
ese es el HOMBRE que busco con la esperanza que
yo sea la mujer que él busca.
con el que pueda construir
con el que pueda ser YO sin miedo a ser juzgada
con el que pueda sonreir, divertirme, reir a carcajadas
con el que pueda explorar la sexualidad sin tabúes y sin temor
con el que pueda leer un texto en compañía con el que pueda compartir unas crispetas y una película romántica
con el que pueda hablar abiertamente de cualquier tema (incluyendo religion, familia, economía)
con el que viaje, cante, baile, cocine, duerma, descubra
Un hombre que sea independiente
que no busque una mamá sino una amante, una compañera de ruta
que tenga sueños y proyectos personales
que tenga inquietudes ante la vida
que se pregunte, que busque respuestas, que siga preguntándose,
que medite, que reflexione, que de vez en cuando escuche su alma para dar prioridad a lo espiritual y lo profundo y no lo superficial
Un hombre que sepa alimentar la relación con detalles
que me sorprenda y que se deje sorprender
que me apoye en mis decisiones
y me haga ver con ternura y con objetividad su punto de vista cuando no comparta mi opinión
que me escuche y me haga partícipe de su mundo interior
que me despierte un día con una canción (aunque no tenga la mejor voz)
o proponga algún plan para pasar el día juntos
Un hombre que tenga la intención – y se note – de conocerse
que no se conforme con lo que es y lo que tiene
que tenga los pies bien puestos en la tierra pero su mirada hacia el horizonte
que no le de miedo de arriesgarse ni a enfrentar cualquier batalla interna
que reconozca sus errores y aprenda de ellos
que sepa discernir con sabiduría ante cualquier situación que se presente….
Un hombre que no sea perfecto pero que tenga deseos de ser mejor,
ese es el HOMBRE que busco con la esperanza que
yo sea la mujer que él busca.
jueves, 28 de octubre de 2010
Lo que el otoño se lleva
Definitivamente el otoño es una estación hermosa. El suelo se viste de colores y los árboles parecen perder su traje sin lamentos, sin dolor porque aunque queden desnudos por unos meses tienen la certeza que volverán a estar rodeados de hojas, flores, pequeñas criaturas, y que por supuesto, tendrán la oportunidad de renacer una vez más. Observo al caminar las tonalidades de estas hojas; percibo el viento frío que me recuerda que el invierno se aproxima; y algo en mi interior se estremece al invitarme a “dejar ir” (let it go), a dejar partir, a soltar todo aquello que a veces tiendo a cargar sin necesidad alguna, y que por el contrario, cuando vuelvo a topármelo entonces se reviven situaciones grises. Me imagino que esto es parte de vivir y que el hecho de movernos en un mundo dual hará que siempre estemos experimentando los extremos: la felicidad y la tristeza, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, el éxito y el fracaso, entre otras.
Mientras seamos protagonistas de esta rueda de la vida, la rueda de Samsara como la llaman en la India, nuestra barca irá navegando hacia extremos y tan solo cuando haya mayor conciencia entonces nuestro navegar será inspirado en armonía, en paz y en plenitud. Cuando veo pasar el tiempo y me confronto a mi misma de nuevo, despiertan multiples inquietudes de las cuales tengo respuestas en construcción. Y cuando llegan otra vez las preguntas, entonces pareciera que tuviera que alimentar a mi mente con alguna explicación racional y lógica, cuando no siempre las encuentro. Pero si en cambio trato de contactar mi voz interior, esa sí sabe y comprende los procesos por los cuales he atravesado, las conquistas y derrotas que mi alma ha vivenciado, las luces y las sombras que son parte de esta manifestación corporal y de este paso por la Tierra.
Que paradójico resulta a veces que lo que muchos han señalado como nuestra mayor expression de evolución y lo que suele diferenciarnos del reino animal, la capacidad mental, es la que muchas veces no termina siendo la major guía. Creo más en la existencia de una sabia voz que ha aprendido, que ha recorrido grandes distancias y ha explorado en distintos tiempos, una voz que me orienta y me recuerda el sentido de mis pasos. Y entonces, si de repente me enfrento a una multitud de dudas, una particular sonrisa se dibuja y mis ojos se empañan porque dentro de mí está lo que busco. Eso que mantengo buscando, eso que a través de mis viajes, de la gente que conozco, de los libros que leo, de las películas que veo, de las canciones que canto, de los templos que visito, de los planes que construyo… eso tan solo se hace visible cuando estoy lista para aceptarlo.
A veces me hubiera gustado ver ciertas cosas algunos años atrás pero todo tiene sentido y esta vida no es más que una larga aventura donde podemos decidir ser héroes cotidianos o simples espectadores. Que el otoño nos permita despedir sin nostalgia lo que debe irse, y que nuestra atención se mantenga abierta a dar la bienvenida a todos esos pequeños mensajes que a diario suelen aparecer en nuestro sendero.
Mientras seamos protagonistas de esta rueda de la vida, la rueda de Samsara como la llaman en la India, nuestra barca irá navegando hacia extremos y tan solo cuando haya mayor conciencia entonces nuestro navegar será inspirado en armonía, en paz y en plenitud. Cuando veo pasar el tiempo y me confronto a mi misma de nuevo, despiertan multiples inquietudes de las cuales tengo respuestas en construcción. Y cuando llegan otra vez las preguntas, entonces pareciera que tuviera que alimentar a mi mente con alguna explicación racional y lógica, cuando no siempre las encuentro. Pero si en cambio trato de contactar mi voz interior, esa sí sabe y comprende los procesos por los cuales he atravesado, las conquistas y derrotas que mi alma ha vivenciado, las luces y las sombras que son parte de esta manifestación corporal y de este paso por la Tierra.
Que paradójico resulta a veces que lo que muchos han señalado como nuestra mayor expression de evolución y lo que suele diferenciarnos del reino animal, la capacidad mental, es la que muchas veces no termina siendo la major guía. Creo más en la existencia de una sabia voz que ha aprendido, que ha recorrido grandes distancias y ha explorado en distintos tiempos, una voz que me orienta y me recuerda el sentido de mis pasos. Y entonces, si de repente me enfrento a una multitud de dudas, una particular sonrisa se dibuja y mis ojos se empañan porque dentro de mí está lo que busco. Eso que mantengo buscando, eso que a través de mis viajes, de la gente que conozco, de los libros que leo, de las películas que veo, de las canciones que canto, de los templos que visito, de los planes que construyo… eso tan solo se hace visible cuando estoy lista para aceptarlo.
A veces me hubiera gustado ver ciertas cosas algunos años atrás pero todo tiene sentido y esta vida no es más que una larga aventura donde podemos decidir ser héroes cotidianos o simples espectadores. Que el otoño nos permita despedir sin nostalgia lo que debe irse, y que nuestra atención se mantenga abierta a dar la bienvenida a todos esos pequeños mensajes que a diario suelen aparecer en nuestro sendero.
sábado, 28 de agosto de 2010
CUANTA TIERRA NECESITA UN HOMBRE
(Texto abreviado por mi padre Germán Lema)
En “Cuánta tierra necesita un hombre” describe Tolstoy la historia de un campesino honesto que aún habiendo tenido éxito en la vida nunca se sentía satisfecho y quería adquirir más y más propiedades para hacerse rico.
Un día llegó a enterarse que más allá del Volga había una región donde el municipio acostumbraba entregar por mil rublos la tierra que se recorriera durante una jornada, desde la salida del sol hasta que se oscureciera en la tarde. El compromiso por su parte era el de iniciar el recorrido en un punto determinado y regresar a ese mismo punto. De no hacerlo así perdería los mil rublos.
Más se demoró Pajom, que así se llamaba el campesino, en oír esto que en ponerse en marcha.
“Increíble”, pensaba. “Estas gentes desconocen el valor de sus tierras, mejores que las que yo he trabajado antes”. Sin embargo todo el mundo le aseguraba que los funcionarios del municipio respetarían el trato tal como se lo habían prometido.
Así, pues, se fijó el día y el lugar de la partida y muy cumplidamente antes del amanecer llegó Pajom, se quitó el sombrero y puso sobre él los mil rublos requeridos.
“Toda la tierra que abarcas con la vista es de nuestra propiedad y puedes escoger la ruta que quieras. Partirás de aquí y aquí mismo debes regresar. Tuya será la tierra que abarques en tu recorrido”, confirmó el funcionario.
Pajom se quitó la chaqueta, se aseguró el cinturón, colgó de éste una bolsa con pan y una botella de agua. Se arregló las botas y mientras salía el primer rayo de sol observaba que la tierra era buena por todas partes y que le daría igual cualquier dirección que tomase.
Salió el sol y Pajom echó a andar con su azadón al hombro, con paso seguro, ni lento ni rápido. Al poco rato paró, hizo un hoyo y enterró el primer jalón que indicaba visiblemente la ruta que había seguido. Un kilómetro más adelante hizo lo mismo, y así fue adelantando. El calor arreciaba y ya no veía el punto de donde había partido. Calculaba haber recorrido unos cinco kilómetros y sentía que era hora de almorzar.
Se quitó las botas, comió rápidamente, y reemprendió la marcha descalzo pues podía caminar más ligero. Ya llevaba la mitad de la jornada y era hora de pensar en el regreso, pero a medida que avanzaba mejor le parecían las tierras. “¿Cómo no incluir este bosquecito, y aquél valle?” La oportunidad era única. Aunque se sentía cansado no quería recostarse un rato por temor a quedarse dormido, y haciendo una curva prolongada para incluir un laguito inició definitivamente el regreso. Le quedaban cuatro horas todavía y decidió apretar el paso.
Pronto sintió un gran cansancio. Le dolían los pies y le flaqueaban las piernas. Pensaba en descansar pero de hacerlo seguramente no llegaría a la meta. Afortunadamente los rayos del sol ya no caían verticalmente, pero....
“¿Qué será de mi si no alcanzo a regresar? He sido demasiado ambicioso. Lo he echado a perder todo”, pensaba Pajom, y le entró miedo. Se quitó la camisa y la tiró lejos, igual que las botas y la gorra, y también la botella ya vacía.
Al cruzar una depresión le pareció que el sol se había ocultado pero revivieron sus ánimos al llegar a la cima de una colinita desde donde logró divisar la meta. “He adquirido mucha tierra pero no estoy seguro que Dios me permitirá vivir en ella. Creo que todo está perdido”.
Sin embargo un último esfuerzo sería su salvación. Ya divisaba las siluetas de los funcionarios que lo esperaban y oía sus voces que lo animaban a seguir adelante, pero su mente divagaba y se arrepentía de su codicia. El corazón le palpitaba, y casi se le salía del pecho. Veía a las gentes que se reunían para darle la bienvenida, y con un esfuerzo que jamás pensó tener, y al mismo tiempo que se ocultaba el último rayo de sol, pisó la meta y cayó desmayado sobre el sombrero donde había dejado los mil rublos.
“Eres muy valiente y ahora eres muy rico. Has abarcado una gran cantidad de nuestra mejor tierra”, dijo el funcionario jefe.
Cuando acudieron a levantar a Pajom vieron que sangraba por la boca: estaba muerto.
El funcionario ordenó medir su cadáver y cavar el área necesaria para darle sepultura ahí mismo.
En “Cuánta tierra necesita un hombre” describe Tolstoy la historia de un campesino honesto que aún habiendo tenido éxito en la vida nunca se sentía satisfecho y quería adquirir más y más propiedades para hacerse rico.
Un día llegó a enterarse que más allá del Volga había una región donde el municipio acostumbraba entregar por mil rublos la tierra que se recorriera durante una jornada, desde la salida del sol hasta que se oscureciera en la tarde. El compromiso por su parte era el de iniciar el recorrido en un punto determinado y regresar a ese mismo punto. De no hacerlo así perdería los mil rublos.
Más se demoró Pajom, que así se llamaba el campesino, en oír esto que en ponerse en marcha.
“Increíble”, pensaba. “Estas gentes desconocen el valor de sus tierras, mejores que las que yo he trabajado antes”. Sin embargo todo el mundo le aseguraba que los funcionarios del municipio respetarían el trato tal como se lo habían prometido.
Así, pues, se fijó el día y el lugar de la partida y muy cumplidamente antes del amanecer llegó Pajom, se quitó el sombrero y puso sobre él los mil rublos requeridos.
“Toda la tierra que abarcas con la vista es de nuestra propiedad y puedes escoger la ruta que quieras. Partirás de aquí y aquí mismo debes regresar. Tuya será la tierra que abarques en tu recorrido”, confirmó el funcionario.
Pajom se quitó la chaqueta, se aseguró el cinturón, colgó de éste una bolsa con pan y una botella de agua. Se arregló las botas y mientras salía el primer rayo de sol observaba que la tierra era buena por todas partes y que le daría igual cualquier dirección que tomase.
Salió el sol y Pajom echó a andar con su azadón al hombro, con paso seguro, ni lento ni rápido. Al poco rato paró, hizo un hoyo y enterró el primer jalón que indicaba visiblemente la ruta que había seguido. Un kilómetro más adelante hizo lo mismo, y así fue adelantando. El calor arreciaba y ya no veía el punto de donde había partido. Calculaba haber recorrido unos cinco kilómetros y sentía que era hora de almorzar.
Se quitó las botas, comió rápidamente, y reemprendió la marcha descalzo pues podía caminar más ligero. Ya llevaba la mitad de la jornada y era hora de pensar en el regreso, pero a medida que avanzaba mejor le parecían las tierras. “¿Cómo no incluir este bosquecito, y aquél valle?” La oportunidad era única. Aunque se sentía cansado no quería recostarse un rato por temor a quedarse dormido, y haciendo una curva prolongada para incluir un laguito inició definitivamente el regreso. Le quedaban cuatro horas todavía y decidió apretar el paso.
Pronto sintió un gran cansancio. Le dolían los pies y le flaqueaban las piernas. Pensaba en descansar pero de hacerlo seguramente no llegaría a la meta. Afortunadamente los rayos del sol ya no caían verticalmente, pero....
“¿Qué será de mi si no alcanzo a regresar? He sido demasiado ambicioso. Lo he echado a perder todo”, pensaba Pajom, y le entró miedo. Se quitó la camisa y la tiró lejos, igual que las botas y la gorra, y también la botella ya vacía.
Al cruzar una depresión le pareció que el sol se había ocultado pero revivieron sus ánimos al llegar a la cima de una colinita desde donde logró divisar la meta. “He adquirido mucha tierra pero no estoy seguro que Dios me permitirá vivir en ella. Creo que todo está perdido”.
Sin embargo un último esfuerzo sería su salvación. Ya divisaba las siluetas de los funcionarios que lo esperaban y oía sus voces que lo animaban a seguir adelante, pero su mente divagaba y se arrepentía de su codicia. El corazón le palpitaba, y casi se le salía del pecho. Veía a las gentes que se reunían para darle la bienvenida, y con un esfuerzo que jamás pensó tener, y al mismo tiempo que se ocultaba el último rayo de sol, pisó la meta y cayó desmayado sobre el sombrero donde había dejado los mil rublos.
“Eres muy valiente y ahora eres muy rico. Has abarcado una gran cantidad de nuestra mejor tierra”, dijo el funcionario jefe.
Cuando acudieron a levantar a Pajom vieron que sangraba por la boca: estaba muerto.
El funcionario ordenó medir su cadáver y cavar el área necesaria para darle sepultura ahí mismo.
lunes, 23 de agosto de 2010
Errores que matan al AMOR
Estando en Barranquilla visitando a un gran amigo – el cual aprecio mucho – me topé curiosamente con este tema, el cual sin duda me llamó la atención. Tal vez porque pienso que he sido igual una de aquellas que cometió errores en su relación aunque preferiría no llamarlos errores porque pienso que conscientemente no se cometen sino que nuestros ojos se tornan ciegos por momentos y nos enredamos en las múltiples situaciones que nos llegan cuando tenemos una pareja. Creo y con mucha más firmeza hoy, que en nuestras manos está el destino aunque no desconozco que hay influencias superiores también como seres espirituales que somos. Eso que se conoce como el Karma no es más que el resultado de nuestros propios actos, así que no deberíamos sorprendernos cuando llegan las victorias y cuando igualmente llegan los fracasos. Y cuando digo esto siento como cae el peso de la responsabilidad de lo que hasta el momento he logrado en mi vida, de la misma manera que aquello que he perdido o se ha simplemente esfumado de entre mis manos.
Leí un texto corto basado en esos errores comunes y para ser sincera no estuve de acuerdo con todos los puntos y me imagino esto hace parte de comprender lo diversos que somos y los muchos colores con que podemos ver las cosas que pasan a nuestro alrededor. No es mi intención realizar un consenso y estar todos de acuerdo, pero si deseo señalar algunos de los aspectos negativos que llevan a una relación a su fin o a una crisis.
- Creer que cambiaremos al otro. Quién somos para disponer de nuestra pareja? Acaso no es mejor concentrarnos en lo que nos corresponde cambiar de nosotros mismos en vez de pretender que sea el otro el que cambie?
- Infidelidad. Si es humano y natural sentirnos atraídos por más de una persona, cómo manejar este principio? Por el momento me reservo a opinar al respecto ya que mi concepto se encuentra en construcción.
- Violencia psicológica. Conocemos al otro a tal punto que tenemos la capacidad de lastimar y manipular a nuestro antojo, lo cual son más que golpes duros.
- Relaciones rápidas. El tiempo es algo relativo y puede que a veces nos basten unos instantes para percibir la nobleza de un alma.
- Miedo a estar solos. Pensar en la soledad suele atemorizarnos aunque es en medio de la soledad que se abren puertas internas que antes no habíamos visto.
- Basar la relación en el aspecto sexual. El sexo se puede llegar a vivir de manera plena y maravillosamente profunda incluyendo sabiamente otros elementos más sublimes.
- Buscar imponerse para dominar al otro. Tendemos a disfrutar de la idea de “mandar” al otro, de insistir en nuestra propia forma ignorando que el otro merece ser reconocido.
- Resolver los problemas en la cama. El sexo puede jugar un papel fundamental pero hay situaciones que requieren mayor atención y la cama no se presta para ello.
- Comparar la relación actual con la anterior. Que incómodo se torna estar en esta actitud de señalar como eran antes las cosas, recordando con nostalgia lo que ya se ha ido. El presente merece una oportunidad de renovación, un empezar de nuevo.
- Permitir que la familia se inmiscuya. No siempre resulta positivo involucrar a otros en algo que es de 2.
- Idealizar a la pareja. Quien toma nuestra mano no es un ser perfecto colmado de virtudes solamente.
He aquí otras ideas pensadas desde mi propia experiencia.
- Altas expectativas. Esperar mucho del otro, de uno, de la relación
- Dificultad en construir en conjunto y ver un destino en común
- No manejo de las diferencias. Intolerancia a lo que no es nuestro pensar
- Rutina y la creencia que los años traen consigo la afirmación en el amor
- Falta de tiempo o más bien, de calidad en los momentos que se destinan para alimentar la relación. El amor por tanto no crece
- Creer que somos mitades buscando completura en el otro. Solo en la medida en que trabajamos en nuestro interior lograremos ofrecer al otro lo mejor de nosotros. No se trata de ir en busca de lo que carecemos.
Y para ti que lees esta reflexión, cuál o cuáles crees que son los errores que matan al amor?
Leí un texto corto basado en esos errores comunes y para ser sincera no estuve de acuerdo con todos los puntos y me imagino esto hace parte de comprender lo diversos que somos y los muchos colores con que podemos ver las cosas que pasan a nuestro alrededor. No es mi intención realizar un consenso y estar todos de acuerdo, pero si deseo señalar algunos de los aspectos negativos que llevan a una relación a su fin o a una crisis.
- Creer que cambiaremos al otro. Quién somos para disponer de nuestra pareja? Acaso no es mejor concentrarnos en lo que nos corresponde cambiar de nosotros mismos en vez de pretender que sea el otro el que cambie?
- Infidelidad. Si es humano y natural sentirnos atraídos por más de una persona, cómo manejar este principio? Por el momento me reservo a opinar al respecto ya que mi concepto se encuentra en construcción.
- Violencia psicológica. Conocemos al otro a tal punto que tenemos la capacidad de lastimar y manipular a nuestro antojo, lo cual son más que golpes duros.
- Relaciones rápidas. El tiempo es algo relativo y puede que a veces nos basten unos instantes para percibir la nobleza de un alma.
- Miedo a estar solos. Pensar en la soledad suele atemorizarnos aunque es en medio de la soledad que se abren puertas internas que antes no habíamos visto.
- Basar la relación en el aspecto sexual. El sexo se puede llegar a vivir de manera plena y maravillosamente profunda incluyendo sabiamente otros elementos más sublimes.
- Buscar imponerse para dominar al otro. Tendemos a disfrutar de la idea de “mandar” al otro, de insistir en nuestra propia forma ignorando que el otro merece ser reconocido.
- Resolver los problemas en la cama. El sexo puede jugar un papel fundamental pero hay situaciones que requieren mayor atención y la cama no se presta para ello.
- Comparar la relación actual con la anterior. Que incómodo se torna estar en esta actitud de señalar como eran antes las cosas, recordando con nostalgia lo que ya se ha ido. El presente merece una oportunidad de renovación, un empezar de nuevo.
- Permitir que la familia se inmiscuya. No siempre resulta positivo involucrar a otros en algo que es de 2.
- Idealizar a la pareja. Quien toma nuestra mano no es un ser perfecto colmado de virtudes solamente.
He aquí otras ideas pensadas desde mi propia experiencia.
- Altas expectativas. Esperar mucho del otro, de uno, de la relación
- Dificultad en construir en conjunto y ver un destino en común
- No manejo de las diferencias. Intolerancia a lo que no es nuestro pensar
- Rutina y la creencia que los años traen consigo la afirmación en el amor
- Falta de tiempo o más bien, de calidad en los momentos que se destinan para alimentar la relación. El amor por tanto no crece
- Creer que somos mitades buscando completura en el otro. Solo en la medida en que trabajamos en nuestro interior lograremos ofrecer al otro lo mejor de nosotros. No se trata de ir en busca de lo que carecemos.
Y para ti que lees esta reflexión, cuál o cuáles crees que son los errores que matan al amor?
Qué es eso de la magia en los amores múltiples?
No sé si por casualidad o más bien, por causalidad he vuelto a toparme con un libro el cual extrañamente he devorado en 2 días mientras visitaba junto con mi padre a un primo muy cercano de Pereira. Así que además de recorrer la ciudad y regresar a las tierras de Salento, en donde estuve hace algunos años atrás, pude igualmente adentrarme en un tema que no quise comprender ni me llamo la atención cuando mi hermana me lo compartió. He aquí mi primera reflexión: la vida nos ofrece oportunidades pero no siempre estamos atentos ni dispuestos a escuchar. El tema no me sonó y mis preocupaciones estaban en otras cosas. Ahora desde el mismo título del libro me sentí atraída por aprender. ( "Las virtudes del poliamor" de Yves-Alexandre Thalmann ). Comparto casi que cada una de las líneas partiendo por reconocer que "todos estamos inmersos en un universo de atracciones diversas y frecuentes". Pero a medida que vamos creciendo nuestra forma de acercarnos a la relación sentimental nos va ofreciendo un panorama multicolor que puede llegar a desestabilizarnos o por el contrario, a hacernos ver estrellas donde no las hay.
No obstante, son impresionantes los grandes porcentajes de fracaso en las relaciones monógamas, aquellas que la mayoría de nosotros no solamente profesamos sino que aparentemente vivimos al iniciar un vínculo con otro ser. Inconscientemente estamos condicionados a considerar que este tipo de uniones son las únicas, las ideales, las mejores. Sin embargo, la práctica nos muestra las grandes dificultades que ello implica, o no? Será acaso una utopía amar a alguien para toda la vida?
Es que la realidad de cantidades de parejas que se torna casi que imposible vivir esos ideales. Hoy en día son muchas las problemáticas que encontramos: el incremento del comercio sexual en el que para la venta de cualquier objeto o servicio se exhibe una mujer bien dotada físicamente en la mayoría de los casos. Por internet cada vez se promueve más el sexo virtual, los videos pornográficos, entre otras.
Personalmente no juzgo nada que vaya en pro de la sana exploración, la innovación, la creatividad en el conocimiento del ser o en una pareja. Pero estoy en desacuerdo con el detrimento del ser, la valoración que hay del mismo desde su corporalidad y el exceso de cualquier acto que termina en vicio. A esto se suma el concepto de “infidelidad” y del engaño porque se oculta por temor a asumirse y no se cuenta con la claridad y madurez emocional y mental para dar cabida a lo que se conoce como el poliamor. Eso ni se nos ocurre porque suena a libertinaje, a promiscuidad, y finalmente, suena hasta peligroso. Para ser franca mi primera reacción fue: “No he podido con uno, cómo será con más!”. Leyendo este texto comprendo el porque de mi respuesta y el rechazo de muchas personas. Quizás usted en estos momentos se encuentre pensando que el poliamor no es para usted ni nunca lo será. Esta actitud ante el amor no es conveniente para quienes son frágiles de corazón, o más bien, para quienes somos frágiles de corazón.
No pretendo extenderme porque el tema da para más. A qué nos lleva todo esto? A cuestionarnos, diría yo, la concepción que manejamos del AMOR porque si nuestra línea es la relación monógama, hablamos acaso de un amor exclusivo, un amor que no puede abarcar más de uno, un amor egoísta y posesivo donde somos dueño del otro y pertenecemos por lo tanto a ese otro; un amor condicional que se pierde al darse en vez de multiplicarse; un amor en el que vale más la cantidad que la calidad; un amor que muchas veces se basa en la insatisfacción y en la carencia. Y entonces para dónde se fue el AMOR noble y generoso, ese que con frecuencia nos hace suspirar en las películas, ese que nos motiva a iniciar el día, ese que nos hace ver la luz cuando se ha ido. “Ser poliamoroso es abrirse al amor y responder favorablemente cuando se presente” y esto no significa andar buscando con quien pasar la noche sino que abarca el verdadero sentido de dar sin temor y sin esperar, lo cual nos cuesta mucho. Que hermoso sería poder amar sin dejar de ser nosotros mismo sino atreviéndonos a permanecer naturales, sin necesidad de máscara alguna.
Aclaro y comparto que mi posición es cuestionarnos y repensar nuestras relaciones pues he encontrado que los mismos principios del poliamor se pueden aplicar en la monogamia. Se trata del respeto al otro, la comunicación franca, la no posesividad y la igualdad en los géneros. Si bien Freud afirmaba que “todos somos polígamos reprimidos”, yo sigo contenta con la idea de construir vínculos monógamos porque creo que carezco de la comprensión profunda en la práctica de esta posibilidad. Me daré a la tarea de construir inspirada en lo que este texto pudo obsequiarme y lo que yo pude leer entre líneas desde mi poca experiencia.
No obstante, son impresionantes los grandes porcentajes de fracaso en las relaciones monógamas, aquellas que la mayoría de nosotros no solamente profesamos sino que aparentemente vivimos al iniciar un vínculo con otro ser. Inconscientemente estamos condicionados a considerar que este tipo de uniones son las únicas, las ideales, las mejores. Sin embargo, la práctica nos muestra las grandes dificultades que ello implica, o no? Será acaso una utopía amar a alguien para toda la vida?
Es que la realidad de cantidades de parejas que se torna casi que imposible vivir esos ideales. Hoy en día son muchas las problemáticas que encontramos: el incremento del comercio sexual en el que para la venta de cualquier objeto o servicio se exhibe una mujer bien dotada físicamente en la mayoría de los casos. Por internet cada vez se promueve más el sexo virtual, los videos pornográficos, entre otras.
Personalmente no juzgo nada que vaya en pro de la sana exploración, la innovación, la creatividad en el conocimiento del ser o en una pareja. Pero estoy en desacuerdo con el detrimento del ser, la valoración que hay del mismo desde su corporalidad y el exceso de cualquier acto que termina en vicio. A esto se suma el concepto de “infidelidad” y del engaño porque se oculta por temor a asumirse y no se cuenta con la claridad y madurez emocional y mental para dar cabida a lo que se conoce como el poliamor. Eso ni se nos ocurre porque suena a libertinaje, a promiscuidad, y finalmente, suena hasta peligroso. Para ser franca mi primera reacción fue: “No he podido con uno, cómo será con más!”. Leyendo este texto comprendo el porque de mi respuesta y el rechazo de muchas personas. Quizás usted en estos momentos se encuentre pensando que el poliamor no es para usted ni nunca lo será. Esta actitud ante el amor no es conveniente para quienes son frágiles de corazón, o más bien, para quienes somos frágiles de corazón.
No pretendo extenderme porque el tema da para más. A qué nos lleva todo esto? A cuestionarnos, diría yo, la concepción que manejamos del AMOR porque si nuestra línea es la relación monógama, hablamos acaso de un amor exclusivo, un amor que no puede abarcar más de uno, un amor egoísta y posesivo donde somos dueño del otro y pertenecemos por lo tanto a ese otro; un amor condicional que se pierde al darse en vez de multiplicarse; un amor en el que vale más la cantidad que la calidad; un amor que muchas veces se basa en la insatisfacción y en la carencia. Y entonces para dónde se fue el AMOR noble y generoso, ese que con frecuencia nos hace suspirar en las películas, ese que nos motiva a iniciar el día, ese que nos hace ver la luz cuando se ha ido. “Ser poliamoroso es abrirse al amor y responder favorablemente cuando se presente” y esto no significa andar buscando con quien pasar la noche sino que abarca el verdadero sentido de dar sin temor y sin esperar, lo cual nos cuesta mucho. Que hermoso sería poder amar sin dejar de ser nosotros mismo sino atreviéndonos a permanecer naturales, sin necesidad de máscara alguna.
Aclaro y comparto que mi posición es cuestionarnos y repensar nuestras relaciones pues he encontrado que los mismos principios del poliamor se pueden aplicar en la monogamia. Se trata del respeto al otro, la comunicación franca, la no posesividad y la igualdad en los géneros. Si bien Freud afirmaba que “todos somos polígamos reprimidos”, yo sigo contenta con la idea de construir vínculos monógamos porque creo que carezco de la comprensión profunda en la práctica de esta posibilidad. Me daré a la tarea de construir inspirada en lo que este texto pudo obsequiarme y lo que yo pude leer entre líneas desde mi poca experiencia.
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