martes, 18 de enero de 2011
Nunca es demasiado tarde para soñar
Un nuevo año ha iniciado y con el nuevo concepto que manejamos de tiempo y espacio en nuestra sociedad moderna, si no abrimos los ojos ahora nos encontraremos en diciembre con una expresión de sorpresa que suelo escuchar con frecuencia: “Pero como se fue de rápido este año!”, “Hace nada estábamos celebrando el año nuevo y se pasó volando!”. Puede que detrás de esa sensación que a veces nos invade haya algo de cierto pues los advances tecnológicos han tenido bastante impacto y han cambiado de forma significativa nuestra cotidianidad. Estoy segura que mi padre ha sido testigo de una gran cantidad de inventos e innovaciones y en ocasiones se sigue asombrando al ver una memoria USB que contiene todos los archivos del computador. Para quienes somos jóvenes y para las futuras generaciones hay mayor capacidad de comprender el lenguaje de lo virtual y lo electrónico. Sin embargo, es aquí mi punto de mayor reflexión, no siempre contamos con la disciplina – lo cual solemos atribuir a la falta de tiempo – para sentarnos a pensar en aquello que queremos. Cuan importante es soñar libremente hasta donde nuestras alas se extiendan en un horizonte de posibilidades infinitas. Cada cierre de año representa un ciclo que culmina así como una oportunidad de renovación que solemos pasar por alto reemplazándola por celebraciones, festejos, regalos, banquetes, tarjetas, vacaciones, entre otras. Y entonces y con mucha frecuencia nuestros sueños y proyectos se quedan escondidos en aquel baúl sin fondo que si no nos atrevemos a mirar, terminaremos por olvidar que existe.
Nuestra vida está inspirada en aquello que queremos hacer de ella y si bien no siempre contamos con la claridad absoluta pues nuestra naturaleza humana es cambiante y compleja, considero que es esencial darnos el espacio para indagar en nuestras propias convicciones. Porque es ahí cuando nuestros pasos adquieren sentido y despertar a diario no es un trabajo arduo y tedioso sino fácilmente sonreímos ante el Sol que se ha vuelto cómplice de nuestros nuevos propósitos. Y cuando llegue el momento en que las dudas o el temor hagan presencia, que mejor que mirar hacia dentro de nosotros porque es ahí donde habitan las respuestas, respuestas que a veces no son visibles cuando damos prioridad a la personalidad y nos identificamos con la parte más densa y tangible de nuestro ser, dejando de lado nuestra esencia divina y espiritual. Soñar es un acto que todos disfrutamos ya que la mente suele viajar sin límite alguno para ser, tener y hacer lo que queremos. No se trata solamente de un ejercicio para fin de año. Cualquier mes puede ser una opción para visualizar con fuerza, actuar en consecuencia con las ideas que defendemos y ser conscientes también de lo mucho que el Universo conspira. Soñar es un acto mágico en donde todos somos los arquitectos de nuestra propia vida; somos los actores sin libreto de una obra que culmina quien sabe cuando pero que sin duda tiene escenas de drama, terror, misterio, dolor y victorias.
Que el 2011 sea un año de conquistas internas y externas y de muchas exploraciones guiadas por la sed de nuestra alma. Que cada día sea una motivación para dar lo mejor de nosotros mismos, para amar con mayor generosidad, perdonar con profunda comprensión y seguir buscando cual aventureros los muchos tesoros que la vida tiene para ofrecernos. Que sepamos encontrar el espacio y el tiempo para estar con nuestro interior y escuchar aquella voz sabia que muchas veces y de tantas maneras se ha manifestado pero que en medio de nuestros compromisos no siempre logramos atender. Que nadie sienta que es demasiado tarde para dar luz verde a sus sueños!!!
jueves, 6 de enero de 2011
Hablar de sexo pero sin miedo
Hace varios meses empecé a escribir un poco sobre el tema y el sólo hecho de decidir la temática me causó un poco de nervios, primero porque no soy una experta y segundo porque la palabra no deja de causar sorpresa cuando se nombra, sin embargo todos en cierta proporción nos hemos cruzado con la curiosidad de explorar a fondo lo que ella encierra. Decidí dejar a un lado la idea de no hacerlo por temor pues finalmente el ejercicio de escribir está siempre guiado por la inspiración que algo nos genera y esta vez no me da pena aceptar que el sexo ha capturado mi mente y mis líneas. Lo ha venido hacienda desde hace un tiempo y no culpo las hormonas sino la profunda inquietud filosófica de develar esta experiencia humana que envuelve tantas facetas, desde la propia exploración corporal hasta la búsqueda de creatividad en los encuentros sexuales que se tienen. Mentiría si hablara de las muchas experiencias que he escuchado en los últimos meses porque en mi cotidianidad no hay espacio suficiente ni complicidad como para abordar esos temas. Sin embargo, debo reconocer que encuentro acá cierta aceptación y menos mojigatería porque no hay necesidad de esconder o aparentar en un lugar en donde la diversidad se ve expresada en cada esquina, en cada lugar que se visita, en cada celebración, en cada ser que puede – desde mi punto de vista – ser quien es con menos miedo a ser señalado.
Cuando era adolescente el sexo fue por supuesto parte de mi curiosidad, y creo recordar comentando con amigas para de esta forma despejar las dudas o consultando también alguna enciclopedia en donde las imágenes me atraían mucho más que las palabras. Recuerdo incluso alguna vez que llame a una línea de consultas gratuita y aun sabiendo que no estaba siendo identificada de esta forma, seguía sintiendo un leve dolor en el estómago al leer las preguntas que me robaban el sueño. Mi mente con frecuencia fantaseaba como buena piscis que soy y entonces me imaginaba aquel príncipe encantado de historias de hadas que me cogería en sus brazos, me llevaría al castillo aquel luego de cruzar el bosque nublado (como en las películas) y juntos hallaríamos un espacio en donde hacer el amor, pues ni decir que se trataba de sexo nada más. El sexo debía estar ligado al amor para poder justificarse de lo contrario el sexo sin sentimiento sería casi que cometer un pecado, y mis herencias inconscientes no toleraban ese tipo de vivencias.
Hoy miro hacia atrás con alegría de lo que fueron mis primeras experiencias en lo que se refiere al sexo pero es apenas ahora en donde siento que mis ojos se abren a la maravillosa exploración de lo sexual, sin decir con ello que me refiero solamente al contacto íntimo, el cual no deja de ser sin duda válido y placentero. Visitando el Museo del Erotismo en Paris observaba como las diversas culturas a lo largo del tiempo han encontrado en el sexo una fuente de expresión, de inspiración, de magia, y de misterio a la vez. Porque ignorar entonces que es a través del sexo que estallamos de placer, que nos fundimos en éxtasis, que nos conectamos por segundos con otra dimensión y recorremos cual montaña rusa un camino de inicios deseados y culminaciones exitosas. No soy una experta como lo señalé en un principio, pero creo que el sexo puede llegar a ser un maravilloso medio de encontrarnos a nosotros mismos y de aprender a amar con libertad, sin ese fuerte instinto de querer poseer a quien tiene el privilegio de penetrarnos. Y he aquí otra palabra que me detiene mientras mis manos fluyen. Penetrar un cuerpo es una cosa y penetrar el alma es una opción que tan solo uno puede permitirse si se comprende sanamente que los encuentros no son casuales y que el despertar que viene luego de la pasión fugaz nos brindará siempre un mayor entendimiento de lo que somos, de lo que tememos, de lo que desconocemos. La vida no siempre nos obsequia príncipes pero si hombres nobles con los que podemos sentirnos princesas por momentos y mientras esa sea la sensación, como diría Silvia Salinas, escritora y psicóloga argentina, la relación compensa.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Lista de Gratitud 2010
Gracias a Dios, a la vida, al destino, a las leyes de la Naturaleza, a mi Ser Superior…
Por mi familia (incluyendo todos los miembros pero especialmente mis padres y mi querida hermana).
Por mi trabajo y mi nueva experiencia como profesora.
Por todas las lecciones que logré enseñar en Acrópolis y también las lecciones que recibí como estudiante.
Por la prosperidad y abundancia.
Por haber sido capaz de terminar una relación y meses más tarde comprender qué tan importante es sanar mis pasadas experiencias para vencer el temor a amar nuevamente.
Por cada persona que conocí y que me enseñó algo.
Por mi nuevo compañero quien me ha dado suficiente motivación para ser yo misma.
Por cada viaje y cada lugar que visité.
Por la gran oportunidad de haber ido a Colombia y el tiempo que pude compartir con mi familia y mis amigos.
Por mi blog que empezó en febrero y continuará como un ejercicio que me impulse a escribir un libro en el futuro.
Por los correos electrónicos de gente que aprecia compartir procesos y sentimientos.
Por cada palabra que aprendí en mi vocabulario de inglés.
Por el trasladarme a un nuevo lugar, un pequeño cuarto que me ofrece más libertad e independencia.
Por los momentos que he compartido con gente amable (charlas, cantos, bailes, comidas, etc.).
Por todos esos libros que llegaron a mis manos y me hicieron recordar.
Por el alimento que comí ya que soy bendecida al tener suficiente comida.
Por mi salud y el flujo de energía que constantemente sentí para cumplir con mis compromisos.
Por el contacto con la meditación y las enseñanzas budistas.
Por estar rodeada de gente que manifiesta su generosidad y bondad.
Por hacerme entender que la vida no es una carrera sino un viaje mágico.
Por las respuestas que encontré y las preguntas que todavía tengo (como lo he dicho muchas veces, las
respuestas siempre están esperando que las veamos pero a menudo las ignoramos).
Por dar un paso adelante para conocerme mejor, aunque a veces tenga miedo de lo que veo.
Por cada lección que me ha dado la vida incluyendo penas y alegrías.
Por todo el soporte y amor que obtuve cuando aparentemente estaba sola.
Y por supuesto, gracias por el cuerpo físico, mi energía, mis emociones, mis pensamientos y mi profunda convicción que somos más que lo que pensamos… somos almas en un regreso eterno.
(Traducido del inglës por G Lema. Editado por Natalia)
Por mi familia (incluyendo todos los miembros pero especialmente mis padres y mi querida hermana).
Por mi trabajo y mi nueva experiencia como profesora.
Por todas las lecciones que logré enseñar en Acrópolis y también las lecciones que recibí como estudiante.
Por la prosperidad y abundancia.
Por haber sido capaz de terminar una relación y meses más tarde comprender qué tan importante es sanar mis pasadas experiencias para vencer el temor a amar nuevamente.
Por cada persona que conocí y que me enseñó algo.
Por mi nuevo compañero quien me ha dado suficiente motivación para ser yo misma.
Por cada viaje y cada lugar que visité.
Por la gran oportunidad de haber ido a Colombia y el tiempo que pude compartir con mi familia y mis amigos.
Por mi blog que empezó en febrero y continuará como un ejercicio que me impulse a escribir un libro en el futuro.
Por los correos electrónicos de gente que aprecia compartir procesos y sentimientos.
Por cada palabra que aprendí en mi vocabulario de inglés.
Por el trasladarme a un nuevo lugar, un pequeño cuarto que me ofrece más libertad e independencia.
Por los momentos que he compartido con gente amable (charlas, cantos, bailes, comidas, etc.).
Por todos esos libros que llegaron a mis manos y me hicieron recordar.
Por el alimento que comí ya que soy bendecida al tener suficiente comida.
Por mi salud y el flujo de energía que constantemente sentí para cumplir con mis compromisos.
Por el contacto con la meditación y las enseñanzas budistas.
Por estar rodeada de gente que manifiesta su generosidad y bondad.
Por hacerme entender que la vida no es una carrera sino un viaje mágico.
Por las respuestas que encontré y las preguntas que todavía tengo (como lo he dicho muchas veces, las
respuestas siempre están esperando que las veamos pero a menudo las ignoramos).
Por dar un paso adelante para conocerme mejor, aunque a veces tenga miedo de lo que veo.
Por cada lección que me ha dado la vida incluyendo penas y alegrías.
Por todo el soporte y amor que obtuve cuando aparentemente estaba sola.
Y por supuesto, gracias por el cuerpo físico, mi energía, mis emociones, mis pensamientos y mi profunda convicción que somos más que lo que pensamos… somos almas en un regreso eterno.
(Traducido del inglës por G Lema. Editado por Natalia)
lunes, 20 de diciembre de 2010
Seguir sin tí pero contigo
No comprendo porque me sigo asombrando de los textos que a mis manos llegan si soy una fiel creyente en las leyes cósmicas y kármicas donde todo tiene su razón de ser, incluso en aquellos momentos en que no vemos con claridad el por qué de ciertas vivencias. Leer la experiencia de la autora en el libro Seguir sin tí, quien atraviesa por una separación luego de más de 20 años, escuchar su voz y percibir así las emociones me ha permitido regresar de nuevo a un capítulo que creí había cerrado hace algunos meses. Mejor dicho, lo que creo haber hecho fué acelerar un cierre, un poco de negación por temor al dolor, me encargué de ocupar mi mente para evitar caer en la tentación de pensar, porque cuando se piensa en ocasiones es como querer digerir una porción más grande de la que cabe en nuestra boca… no hubo de otra sino respirar profundo e ir tragando el amargo sabor de una separación. Y cuando hablo de este proceso de separarse no lo reduzco al aspecto físico en donde se cogen unas maletas y se abandonan los espacios, sino además a la sagrada conexión que hay entre dos almas que han vivido unidas por muchos años. El tiempo en este caso ha sido mi amigo galopante y me ha hecho ver con verdaderos ojos lo que antes no era visible para mí pero siempre estuvo ahí; el tiempo me ha ayudado a sanar las heridas de esa niña que existe en mí, comprendiendo que crecer a veces duele; el tiempo me ha enseñado que aún cuando somos derrotados en apariencia hay siempre pequeñas victorias en nuestro interior. Sólo uno sabe cuando ha aprendido, cuando ha dado un paso en la interminable senda de la vida.
Por eso hoy quiero seguir sin tí pero contigo a la vez porque mi corazón sabe a quien ha amado y no olvida como quien borra unas letras de un tablero los procesos compartidos. Invoco la presencia de una llama, una luz mágica que recorra cualquier rincón oscuro que nuestra relación haya dejado, una luz sanadora que tenga efectos terapeúticos, una luz que nos haga recordar lo que nuestras almas siempre han sabido pero con frecuencia olvidan.
Quiero seguir sin tí pero contigo a la vez porque siempre he agradecido la posibilidad de haberte conocido, de haber crecido a tu lado, de haber incluso cambiado en esos años en los que signos de mujer empezaban a hacer su aparición. Hoy, he vuelto a ver en tí de nuevo esa alma noble de la cual me enamoré y esa pequeña semilla que llevabas dentro ha empezado a extenderse hacia el Sol.
Todas las despedidas encierran una dosis de nostalgia, como cuando se deja el colegio o se viaja a otro país o se despide a un ser que ha partido. Pero la existencia de inicios en un mundo dual hace que de inmediato exista su opuesto, los cierres. Lo que entonces importa es la manera como construímos esos cierres: si optamos por azotar la puerta y salir corriendo o, en cambio, honramos el vínculo y nos fundimos en un abrazo eterno.
No cuento aún con la formula mágica para cambiar lo que ya fué pero si pudiera en mi imaginación retroceder el tiempo, escogería la segunda opción porque hay mayor posibilidad de conservar la sonrisa cómplice entre los dos.
Seguiré sin tí pero contigo hasta que sea la hora de regresar.
sábado, 30 de octubre de 2010
El hombre que busco
Un hombre...
con el que pueda construir
con el que pueda ser YO sin miedo a ser juzgada
con el que pueda sonreir, divertirme, reir a carcajadas
con el que pueda explorar la sexualidad sin tabúes y sin temor
con el que pueda leer un texto en compañía con el que pueda compartir unas crispetas y una película romántica
con el que pueda hablar abiertamente de cualquier tema (incluyendo religion, familia, economía)
con el que viaje, cante, baile, cocine, duerma, descubra
Un hombre que sea independiente
que no busque una mamá sino una amante, una compañera de ruta
que tenga sueños y proyectos personales
que tenga inquietudes ante la vida
que se pregunte, que busque respuestas, que siga preguntándose,
que medite, que reflexione, que de vez en cuando escuche su alma para dar prioridad a lo espiritual y lo profundo y no lo superficial
Un hombre que sepa alimentar la relación con detalles
que me sorprenda y que se deje sorprender
que me apoye en mis decisiones
y me haga ver con ternura y con objetividad su punto de vista cuando no comparta mi opinión
que me escuche y me haga partícipe de su mundo interior
que me despierte un día con una canción (aunque no tenga la mejor voz)
o proponga algún plan para pasar el día juntos
Un hombre que tenga la intención – y se note – de conocerse
que no se conforme con lo que es y lo que tiene
que tenga los pies bien puestos en la tierra pero su mirada hacia el horizonte
que no le de miedo de arriesgarse ni a enfrentar cualquier batalla interna
que reconozca sus errores y aprenda de ellos
que sepa discernir con sabiduría ante cualquier situación que se presente….
Un hombre que no sea perfecto pero que tenga deseos de ser mejor,
ese es el HOMBRE que busco con la esperanza que
yo sea la mujer que él busca.
con el que pueda construir
con el que pueda ser YO sin miedo a ser juzgada
con el que pueda sonreir, divertirme, reir a carcajadas
con el que pueda explorar la sexualidad sin tabúes y sin temor
con el que pueda leer un texto en compañía con el que pueda compartir unas crispetas y una película romántica
con el que pueda hablar abiertamente de cualquier tema (incluyendo religion, familia, economía)
con el que viaje, cante, baile, cocine, duerma, descubra
Un hombre que sea independiente
que no busque una mamá sino una amante, una compañera de ruta
que tenga sueños y proyectos personales
que tenga inquietudes ante la vida
que se pregunte, que busque respuestas, que siga preguntándose,
que medite, que reflexione, que de vez en cuando escuche su alma para dar prioridad a lo espiritual y lo profundo y no lo superficial
Un hombre que sepa alimentar la relación con detalles
que me sorprenda y que se deje sorprender
que me apoye en mis decisiones
y me haga ver con ternura y con objetividad su punto de vista cuando no comparta mi opinión
que me escuche y me haga partícipe de su mundo interior
que me despierte un día con una canción (aunque no tenga la mejor voz)
o proponga algún plan para pasar el día juntos
Un hombre que tenga la intención – y se note – de conocerse
que no se conforme con lo que es y lo que tiene
que tenga los pies bien puestos en la tierra pero su mirada hacia el horizonte
que no le de miedo de arriesgarse ni a enfrentar cualquier batalla interna
que reconozca sus errores y aprenda de ellos
que sepa discernir con sabiduría ante cualquier situación que se presente….
Un hombre que no sea perfecto pero que tenga deseos de ser mejor,
ese es el HOMBRE que busco con la esperanza que
yo sea la mujer que él busca.
jueves, 28 de octubre de 2010
Lo que el otoño se lleva
Definitivamente el otoño es una estación hermosa. El suelo se viste de colores y los árboles parecen perder su traje sin lamentos, sin dolor porque aunque queden desnudos por unos meses tienen la certeza que volverán a estar rodeados de hojas, flores, pequeñas criaturas, y que por supuesto, tendrán la oportunidad de renacer una vez más. Observo al caminar las tonalidades de estas hojas; percibo el viento frío que me recuerda que el invierno se aproxima; y algo en mi interior se estremece al invitarme a “dejar ir” (let it go), a dejar partir, a soltar todo aquello que a veces tiendo a cargar sin necesidad alguna, y que por el contrario, cuando vuelvo a topármelo entonces se reviven situaciones grises. Me imagino que esto es parte de vivir y que el hecho de movernos en un mundo dual hará que siempre estemos experimentando los extremos: la felicidad y la tristeza, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, el éxito y el fracaso, entre otras.
Mientras seamos protagonistas de esta rueda de la vida, la rueda de Samsara como la llaman en la India, nuestra barca irá navegando hacia extremos y tan solo cuando haya mayor conciencia entonces nuestro navegar será inspirado en armonía, en paz y en plenitud. Cuando veo pasar el tiempo y me confronto a mi misma de nuevo, despiertan multiples inquietudes de las cuales tengo respuestas en construcción. Y cuando llegan otra vez las preguntas, entonces pareciera que tuviera que alimentar a mi mente con alguna explicación racional y lógica, cuando no siempre las encuentro. Pero si en cambio trato de contactar mi voz interior, esa sí sabe y comprende los procesos por los cuales he atravesado, las conquistas y derrotas que mi alma ha vivenciado, las luces y las sombras que son parte de esta manifestación corporal y de este paso por la Tierra.
Que paradójico resulta a veces que lo que muchos han señalado como nuestra mayor expression de evolución y lo que suele diferenciarnos del reino animal, la capacidad mental, es la que muchas veces no termina siendo la major guía. Creo más en la existencia de una sabia voz que ha aprendido, que ha recorrido grandes distancias y ha explorado en distintos tiempos, una voz que me orienta y me recuerda el sentido de mis pasos. Y entonces, si de repente me enfrento a una multitud de dudas, una particular sonrisa se dibuja y mis ojos se empañan porque dentro de mí está lo que busco. Eso que mantengo buscando, eso que a través de mis viajes, de la gente que conozco, de los libros que leo, de las películas que veo, de las canciones que canto, de los templos que visito, de los planes que construyo… eso tan solo se hace visible cuando estoy lista para aceptarlo.
A veces me hubiera gustado ver ciertas cosas algunos años atrás pero todo tiene sentido y esta vida no es más que una larga aventura donde podemos decidir ser héroes cotidianos o simples espectadores. Que el otoño nos permita despedir sin nostalgia lo que debe irse, y que nuestra atención se mantenga abierta a dar la bienvenida a todos esos pequeños mensajes que a diario suelen aparecer en nuestro sendero.
Mientras seamos protagonistas de esta rueda de la vida, la rueda de Samsara como la llaman en la India, nuestra barca irá navegando hacia extremos y tan solo cuando haya mayor conciencia entonces nuestro navegar será inspirado en armonía, en paz y en plenitud. Cuando veo pasar el tiempo y me confronto a mi misma de nuevo, despiertan multiples inquietudes de las cuales tengo respuestas en construcción. Y cuando llegan otra vez las preguntas, entonces pareciera que tuviera que alimentar a mi mente con alguna explicación racional y lógica, cuando no siempre las encuentro. Pero si en cambio trato de contactar mi voz interior, esa sí sabe y comprende los procesos por los cuales he atravesado, las conquistas y derrotas que mi alma ha vivenciado, las luces y las sombras que son parte de esta manifestación corporal y de este paso por la Tierra.
Que paradójico resulta a veces que lo que muchos han señalado como nuestra mayor expression de evolución y lo que suele diferenciarnos del reino animal, la capacidad mental, es la que muchas veces no termina siendo la major guía. Creo más en la existencia de una sabia voz que ha aprendido, que ha recorrido grandes distancias y ha explorado en distintos tiempos, una voz que me orienta y me recuerda el sentido de mis pasos. Y entonces, si de repente me enfrento a una multitud de dudas, una particular sonrisa se dibuja y mis ojos se empañan porque dentro de mí está lo que busco. Eso que mantengo buscando, eso que a través de mis viajes, de la gente que conozco, de los libros que leo, de las películas que veo, de las canciones que canto, de los templos que visito, de los planes que construyo… eso tan solo se hace visible cuando estoy lista para aceptarlo.
A veces me hubiera gustado ver ciertas cosas algunos años atrás pero todo tiene sentido y esta vida no es más que una larga aventura donde podemos decidir ser héroes cotidianos o simples espectadores. Que el otoño nos permita despedir sin nostalgia lo que debe irse, y que nuestra atención se mantenga abierta a dar la bienvenida a todos esos pequeños mensajes que a diario suelen aparecer en nuestro sendero.
sábado, 28 de agosto de 2010
CUANTA TIERRA NECESITA UN HOMBRE
(Texto abreviado por mi padre Germán Lema)
En “Cuánta tierra necesita un hombre” describe Tolstoy la historia de un campesino honesto que aún habiendo tenido éxito en la vida nunca se sentía satisfecho y quería adquirir más y más propiedades para hacerse rico.
Un día llegó a enterarse que más allá del Volga había una región donde el municipio acostumbraba entregar por mil rublos la tierra que se recorriera durante una jornada, desde la salida del sol hasta que se oscureciera en la tarde. El compromiso por su parte era el de iniciar el recorrido en un punto determinado y regresar a ese mismo punto. De no hacerlo así perdería los mil rublos.
Más se demoró Pajom, que así se llamaba el campesino, en oír esto que en ponerse en marcha.
“Increíble”, pensaba. “Estas gentes desconocen el valor de sus tierras, mejores que las que yo he trabajado antes”. Sin embargo todo el mundo le aseguraba que los funcionarios del municipio respetarían el trato tal como se lo habían prometido.
Así, pues, se fijó el día y el lugar de la partida y muy cumplidamente antes del amanecer llegó Pajom, se quitó el sombrero y puso sobre él los mil rublos requeridos.
“Toda la tierra que abarcas con la vista es de nuestra propiedad y puedes escoger la ruta que quieras. Partirás de aquí y aquí mismo debes regresar. Tuya será la tierra que abarques en tu recorrido”, confirmó el funcionario.
Pajom se quitó la chaqueta, se aseguró el cinturón, colgó de éste una bolsa con pan y una botella de agua. Se arregló las botas y mientras salía el primer rayo de sol observaba que la tierra era buena por todas partes y que le daría igual cualquier dirección que tomase.
Salió el sol y Pajom echó a andar con su azadón al hombro, con paso seguro, ni lento ni rápido. Al poco rato paró, hizo un hoyo y enterró el primer jalón que indicaba visiblemente la ruta que había seguido. Un kilómetro más adelante hizo lo mismo, y así fue adelantando. El calor arreciaba y ya no veía el punto de donde había partido. Calculaba haber recorrido unos cinco kilómetros y sentía que era hora de almorzar.
Se quitó las botas, comió rápidamente, y reemprendió la marcha descalzo pues podía caminar más ligero. Ya llevaba la mitad de la jornada y era hora de pensar en el regreso, pero a medida que avanzaba mejor le parecían las tierras. “¿Cómo no incluir este bosquecito, y aquél valle?” La oportunidad era única. Aunque se sentía cansado no quería recostarse un rato por temor a quedarse dormido, y haciendo una curva prolongada para incluir un laguito inició definitivamente el regreso. Le quedaban cuatro horas todavía y decidió apretar el paso.
Pronto sintió un gran cansancio. Le dolían los pies y le flaqueaban las piernas. Pensaba en descansar pero de hacerlo seguramente no llegaría a la meta. Afortunadamente los rayos del sol ya no caían verticalmente, pero....
“¿Qué será de mi si no alcanzo a regresar? He sido demasiado ambicioso. Lo he echado a perder todo”, pensaba Pajom, y le entró miedo. Se quitó la camisa y la tiró lejos, igual que las botas y la gorra, y también la botella ya vacía.
Al cruzar una depresión le pareció que el sol se había ocultado pero revivieron sus ánimos al llegar a la cima de una colinita desde donde logró divisar la meta. “He adquirido mucha tierra pero no estoy seguro que Dios me permitirá vivir en ella. Creo que todo está perdido”.
Sin embargo un último esfuerzo sería su salvación. Ya divisaba las siluetas de los funcionarios que lo esperaban y oía sus voces que lo animaban a seguir adelante, pero su mente divagaba y se arrepentía de su codicia. El corazón le palpitaba, y casi se le salía del pecho. Veía a las gentes que se reunían para darle la bienvenida, y con un esfuerzo que jamás pensó tener, y al mismo tiempo que se ocultaba el último rayo de sol, pisó la meta y cayó desmayado sobre el sombrero donde había dejado los mil rublos.
“Eres muy valiente y ahora eres muy rico. Has abarcado una gran cantidad de nuestra mejor tierra”, dijo el funcionario jefe.
Cuando acudieron a levantar a Pajom vieron que sangraba por la boca: estaba muerto.
El funcionario ordenó medir su cadáver y cavar el área necesaria para darle sepultura ahí mismo.
En “Cuánta tierra necesita un hombre” describe Tolstoy la historia de un campesino honesto que aún habiendo tenido éxito en la vida nunca se sentía satisfecho y quería adquirir más y más propiedades para hacerse rico.
Un día llegó a enterarse que más allá del Volga había una región donde el municipio acostumbraba entregar por mil rublos la tierra que se recorriera durante una jornada, desde la salida del sol hasta que se oscureciera en la tarde. El compromiso por su parte era el de iniciar el recorrido en un punto determinado y regresar a ese mismo punto. De no hacerlo así perdería los mil rublos.
Más se demoró Pajom, que así se llamaba el campesino, en oír esto que en ponerse en marcha.
“Increíble”, pensaba. “Estas gentes desconocen el valor de sus tierras, mejores que las que yo he trabajado antes”. Sin embargo todo el mundo le aseguraba que los funcionarios del municipio respetarían el trato tal como se lo habían prometido.
Así, pues, se fijó el día y el lugar de la partida y muy cumplidamente antes del amanecer llegó Pajom, se quitó el sombrero y puso sobre él los mil rublos requeridos.
“Toda la tierra que abarcas con la vista es de nuestra propiedad y puedes escoger la ruta que quieras. Partirás de aquí y aquí mismo debes regresar. Tuya será la tierra que abarques en tu recorrido”, confirmó el funcionario.
Pajom se quitó la chaqueta, se aseguró el cinturón, colgó de éste una bolsa con pan y una botella de agua. Se arregló las botas y mientras salía el primer rayo de sol observaba que la tierra era buena por todas partes y que le daría igual cualquier dirección que tomase.
Salió el sol y Pajom echó a andar con su azadón al hombro, con paso seguro, ni lento ni rápido. Al poco rato paró, hizo un hoyo y enterró el primer jalón que indicaba visiblemente la ruta que había seguido. Un kilómetro más adelante hizo lo mismo, y así fue adelantando. El calor arreciaba y ya no veía el punto de donde había partido. Calculaba haber recorrido unos cinco kilómetros y sentía que era hora de almorzar.
Se quitó las botas, comió rápidamente, y reemprendió la marcha descalzo pues podía caminar más ligero. Ya llevaba la mitad de la jornada y era hora de pensar en el regreso, pero a medida que avanzaba mejor le parecían las tierras. “¿Cómo no incluir este bosquecito, y aquél valle?” La oportunidad era única. Aunque se sentía cansado no quería recostarse un rato por temor a quedarse dormido, y haciendo una curva prolongada para incluir un laguito inició definitivamente el regreso. Le quedaban cuatro horas todavía y decidió apretar el paso.
Pronto sintió un gran cansancio. Le dolían los pies y le flaqueaban las piernas. Pensaba en descansar pero de hacerlo seguramente no llegaría a la meta. Afortunadamente los rayos del sol ya no caían verticalmente, pero....
“¿Qué será de mi si no alcanzo a regresar? He sido demasiado ambicioso. Lo he echado a perder todo”, pensaba Pajom, y le entró miedo. Se quitó la camisa y la tiró lejos, igual que las botas y la gorra, y también la botella ya vacía.
Al cruzar una depresión le pareció que el sol se había ocultado pero revivieron sus ánimos al llegar a la cima de una colinita desde donde logró divisar la meta. “He adquirido mucha tierra pero no estoy seguro que Dios me permitirá vivir en ella. Creo que todo está perdido”.
Sin embargo un último esfuerzo sería su salvación. Ya divisaba las siluetas de los funcionarios que lo esperaban y oía sus voces que lo animaban a seguir adelante, pero su mente divagaba y se arrepentía de su codicia. El corazón le palpitaba, y casi se le salía del pecho. Veía a las gentes que se reunían para darle la bienvenida, y con un esfuerzo que jamás pensó tener, y al mismo tiempo que se ocultaba el último rayo de sol, pisó la meta y cayó desmayado sobre el sombrero donde había dejado los mil rublos.
“Eres muy valiente y ahora eres muy rico. Has abarcado una gran cantidad de nuestra mejor tierra”, dijo el funcionario jefe.
Cuando acudieron a levantar a Pajom vieron que sangraba por la boca: estaba muerto.
El funcionario ordenó medir su cadáver y cavar el área necesaria para darle sepultura ahí mismo.
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