No sé si por casualidad o más bien, por causalidad he vuelto a toparme con un libro el cual extrañamente he devorado en 2 días mientras visitaba junto con mi padre a un primo muy cercano de Pereira. Así que además de recorrer la ciudad y regresar a las tierras de Salento, en donde estuve hace algunos años atrás, pude igualmente adentrarme en un tema que no quise comprender ni me llamo la atención cuando mi hermana me lo compartió. He aquí mi primera reflexión: la vida nos ofrece oportunidades pero no siempre estamos atentos ni dispuestos a escuchar. El tema no me sonó y mis preocupaciones estaban en otras cosas. Ahora desde el mismo título del libro me sentí atraída por aprender. ( "Las virtudes del poliamor" de Yves-Alexandre Thalmann ). Comparto casi que cada una de las líneas partiendo por reconocer que "todos estamos inmersos en un universo de atracciones diversas y frecuentes". Pero a medida que vamos creciendo nuestra forma de acercarnos a la relación sentimental nos va ofreciendo un panorama multicolor que puede llegar a desestabilizarnos o por el contrario, a hacernos ver estrellas donde no las hay.
No obstante, son impresionantes los grandes porcentajes de fracaso en las relaciones monógamas, aquellas que la mayoría de nosotros no solamente profesamos sino que aparentemente vivimos al iniciar un vínculo con otro ser. Inconscientemente estamos condicionados a considerar que este tipo de uniones son las únicas, las ideales, las mejores. Sin embargo, la práctica nos muestra las grandes dificultades que ello implica, o no? Será acaso una utopía amar a alguien para toda la vida?
Es que la realidad de cantidades de parejas que se torna casi que imposible vivir esos ideales. Hoy en día son muchas las problemáticas que encontramos: el incremento del comercio sexual en el que para la venta de cualquier objeto o servicio se exhibe una mujer bien dotada físicamente en la mayoría de los casos. Por internet cada vez se promueve más el sexo virtual, los videos pornográficos, entre otras.
Personalmente no juzgo nada que vaya en pro de la sana exploración, la innovación, la creatividad en el conocimiento del ser o en una pareja. Pero estoy en desacuerdo con el detrimento del ser, la valoración que hay del mismo desde su corporalidad y el exceso de cualquier acto que termina en vicio. A esto se suma el concepto de “infidelidad” y del engaño porque se oculta por temor a asumirse y no se cuenta con la claridad y madurez emocional y mental para dar cabida a lo que se conoce como el poliamor. Eso ni se nos ocurre porque suena a libertinaje, a promiscuidad, y finalmente, suena hasta peligroso. Para ser franca mi primera reacción fue: “No he podido con uno, cómo será con más!”. Leyendo este texto comprendo el porque de mi respuesta y el rechazo de muchas personas. Quizás usted en estos momentos se encuentre pensando que el poliamor no es para usted ni nunca lo será. Esta actitud ante el amor no es conveniente para quienes son frágiles de corazón, o más bien, para quienes somos frágiles de corazón.
No pretendo extenderme porque el tema da para más. A qué nos lleva todo esto? A cuestionarnos, diría yo, la concepción que manejamos del AMOR porque si nuestra línea es la relación monógama, hablamos acaso de un amor exclusivo, un amor que no puede abarcar más de uno, un amor egoísta y posesivo donde somos dueño del otro y pertenecemos por lo tanto a ese otro; un amor condicional que se pierde al darse en vez de multiplicarse; un amor en el que vale más la cantidad que la calidad; un amor que muchas veces se basa en la insatisfacción y en la carencia. Y entonces para dónde se fue el AMOR noble y generoso, ese que con frecuencia nos hace suspirar en las películas, ese que nos motiva a iniciar el día, ese que nos hace ver la luz cuando se ha ido. “Ser poliamoroso es abrirse al amor y responder favorablemente cuando se presente” y esto no significa andar buscando con quien pasar la noche sino que abarca el verdadero sentido de dar sin temor y sin esperar, lo cual nos cuesta mucho. Que hermoso sería poder amar sin dejar de ser nosotros mismo sino atreviéndonos a permanecer naturales, sin necesidad de máscara alguna.
Aclaro y comparto que mi posición es cuestionarnos y repensar nuestras relaciones pues he encontrado que los mismos principios del poliamor se pueden aplicar en la monogamia. Se trata del respeto al otro, la comunicación franca, la no posesividad y la igualdad en los géneros. Si bien Freud afirmaba que “todos somos polígamos reprimidos”, yo sigo contenta con la idea de construir vínculos monógamos porque creo que carezco de la comprensión profunda en la práctica de esta posibilidad. Me daré a la tarea de construir inspirada en lo que este texto pudo obsequiarme y lo que yo pude leer entre líneas desde mi poca experiencia.
lunes, 23 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Cuando de terminar se trata
He encontrado que escribir un poco sobre mis propios procesos no solamente me permite compartir con otros sino también me exige realizar una mirada retrospectiva de lo que fué para con mayor sabiduría comprender el presente. Y en medio de ello me inspiro en la filosofía budista que se sustenta en la impermanencia de las cosas de este mundo. Así como hay inicios, hay cierres. Así como el sol nos despierta, también se oculta por un tiempo. Así como abrimos nuevas puertas, también cerramos otras, quizás con candados con el propósito consciente de conservar lo que fue bello, lo que fue noble y sigue siendo metafóricamente eterno.
Cuando empecé mi relación tenía 18 – 19 años. Tuve la fortuna de toparme con un sapo que al besar se transformó en un bello príncipe que supo llevarme al cielo en más de una ocasión. Sin ser una princesa juntos construimos castillos donde dimos espacio al amor juvenil y a la complicidad de dos almas inquietas, almas que no se contentaban con las propuestas que veían cercanas a sus cotidianidades. Quienes fueron testigos por los muchos años de esta historia de vida, conocen con más detalles las circunstancias que caracterizaron esta relación. No deja de ser complejo el resumir en líneas los más de 8 años compartidos. Sin embargo, el corazón sabe atesorar aquello que ni el tiempo ni las muchas justificaciones del ego pueden borrar. Basta con cerrar mis ojos por unos instantes para evocar los muchos instantes de luz y de sombra que como pareja la vida nos ofreció y también el karma que juntos fuimos cosechando.
Cuando de terminar se trata se hace frente a una batalla interna que pretende hacerte ver las muchas consecuencias que ello implica ya que durante el tiempo se han creado hábitos, se han establecido vínculos, se han alimentado imágenes, se han planeado proyectos, se ha dado espacio a la confianza, se han visitado tantos espacios y se han compartido tantas fechas, se ha pensado y sentido tanto que incluso nos perdemos en el otro ser y dejamos de ser quienes somos.
Cuando de terminar se trata se encuentra uno frente a sí mismo, sólo de nuevo, frente a lo que verdaderamente somos. Ya no hay a quien culpar, ya no hay víctimas sino responsables de actos humanos, de procesos en los que interiormente crecemos de manera significativa porque parte de nuestra propia experiencia y no de lo que otros nos han dicho o de lo que hemos escuchado o hasta leído por ahí en algún momento. Ya ni siquiera son las voces de nuestros padres transmitiendo sus vivencias sino que son voces internas de un alma que solamente madura por medio de las múltiples circunstancias terrenales.
Cuando de terminar se trata el ego se arma de razones, señala listas de motivos para justificar e identificar diferencias, aquellas que generan las fricciones entre los seres humanos y nos llevan a que finalmente se diga: “basta! y se acabó”. Es el ego el que fácilmente hace aparición, el que lastima, el que permite sentirse lastimado. Pero más allá de ello, somos seres de luz y claridad que tan sólo por medio de tomar decisiones hacemos frente a nuevos retos y situaciones que no dan espera porque van fluyendo como el río fluye con sus aguas.
Cuando de terminar se trata se comprende con mayor fuerza que en esta vida son pocas las cosas que son eternas aunque nuestra esencia lo sea. Pero puede ser que nos cueste construir esos vínculos inmortales con otros seres porque en ello juega un papel fundamental la convivencia, la construcción colectiva, la negociación, y por supuesto, la libertad de ser quienes creemos que somos. Ser naturales, ser nosotros mismos frente a los demás es una tarea que me resulta en este momento más importante que antes.
Cuando de terminar se trata hay que realizar una limpieza interna y externa; una renovación que te permita respirar de nuevo el aire de vida que se impregna en cada cosa que nos rodea. Sólo así se encuentra la determinación de seguir adelante, mostrando sonrisas cuando hay motivos – los cuales son muchos – y compartiendo nuestras lágrimas también. Somos todo ello y es hermoso que así sea porque tiene su sentido aunque muchas veces nos cueste estar de acuerdo con esto al estar atravesando alguna dificultad.
Cuando de terminar se trata el corazón tiende a cerrarse temporalmente con temor a permitir que sea otro quien se adueñe de él y entonces el camino se torna un poco incierto, los pasos temerosos muestran alguien que ha amado y no cree inicialmente que cuente con la posibilidad de volver a amar. Sin embargo, por más oscura que sea la noche, el Sol siempre hará aparición al día siguiente y he ahí la esperanza de volver a renacer. De lo contrario, no habría mayor motivación ni sentido en esperar ni en continuar caminando.
No deseo extenderme porque si hay algo que he aprendido en los últimos meses es que cada quien tiene que vivir, a cada uno de nosotros la vida nos tiene una serie de experiencias que son las que nos corresponden y no hay duda en que en nuestro interior contamos con las armas necesarias para salir victoriosos. Y aclaro, victoria no es siempre ganar sino aprender.
Cuando de terminar se trata se pasa una hoja del libro y se cierra un capítulo de vida. Y yo, la misma que ustedes ya conocen, seguiré creyendo en los príncipes azules porque alguna vez tuve uno en mis brazos y si bien ya no lo está en estos momentos, me alegra alimentar la idea que habrán nuevos castillos si me dispongo a explorar los muchos y nuevos horizontes que se abren ante mis ojos de mujer.
Cuando empecé mi relación tenía 18 – 19 años. Tuve la fortuna de toparme con un sapo que al besar se transformó en un bello príncipe que supo llevarme al cielo en más de una ocasión. Sin ser una princesa juntos construimos castillos donde dimos espacio al amor juvenil y a la complicidad de dos almas inquietas, almas que no se contentaban con las propuestas que veían cercanas a sus cotidianidades. Quienes fueron testigos por los muchos años de esta historia de vida, conocen con más detalles las circunstancias que caracterizaron esta relación. No deja de ser complejo el resumir en líneas los más de 8 años compartidos. Sin embargo, el corazón sabe atesorar aquello que ni el tiempo ni las muchas justificaciones del ego pueden borrar. Basta con cerrar mis ojos por unos instantes para evocar los muchos instantes de luz y de sombra que como pareja la vida nos ofreció y también el karma que juntos fuimos cosechando.
Cuando de terminar se trata se hace frente a una batalla interna que pretende hacerte ver las muchas consecuencias que ello implica ya que durante el tiempo se han creado hábitos, se han establecido vínculos, se han alimentado imágenes, se han planeado proyectos, se ha dado espacio a la confianza, se han visitado tantos espacios y se han compartido tantas fechas, se ha pensado y sentido tanto que incluso nos perdemos en el otro ser y dejamos de ser quienes somos.
Cuando de terminar se trata se encuentra uno frente a sí mismo, sólo de nuevo, frente a lo que verdaderamente somos. Ya no hay a quien culpar, ya no hay víctimas sino responsables de actos humanos, de procesos en los que interiormente crecemos de manera significativa porque parte de nuestra propia experiencia y no de lo que otros nos han dicho o de lo que hemos escuchado o hasta leído por ahí en algún momento. Ya ni siquiera son las voces de nuestros padres transmitiendo sus vivencias sino que son voces internas de un alma que solamente madura por medio de las múltiples circunstancias terrenales.
Cuando de terminar se trata el ego se arma de razones, señala listas de motivos para justificar e identificar diferencias, aquellas que generan las fricciones entre los seres humanos y nos llevan a que finalmente se diga: “basta! y se acabó”. Es el ego el que fácilmente hace aparición, el que lastima, el que permite sentirse lastimado. Pero más allá de ello, somos seres de luz y claridad que tan sólo por medio de tomar decisiones hacemos frente a nuevos retos y situaciones que no dan espera porque van fluyendo como el río fluye con sus aguas.
Cuando de terminar se trata se comprende con mayor fuerza que en esta vida son pocas las cosas que son eternas aunque nuestra esencia lo sea. Pero puede ser que nos cueste construir esos vínculos inmortales con otros seres porque en ello juega un papel fundamental la convivencia, la construcción colectiva, la negociación, y por supuesto, la libertad de ser quienes creemos que somos. Ser naturales, ser nosotros mismos frente a los demás es una tarea que me resulta en este momento más importante que antes.
Cuando de terminar se trata hay que realizar una limpieza interna y externa; una renovación que te permita respirar de nuevo el aire de vida que se impregna en cada cosa que nos rodea. Sólo así se encuentra la determinación de seguir adelante, mostrando sonrisas cuando hay motivos – los cuales son muchos – y compartiendo nuestras lágrimas también. Somos todo ello y es hermoso que así sea porque tiene su sentido aunque muchas veces nos cueste estar de acuerdo con esto al estar atravesando alguna dificultad.
Cuando de terminar se trata el corazón tiende a cerrarse temporalmente con temor a permitir que sea otro quien se adueñe de él y entonces el camino se torna un poco incierto, los pasos temerosos muestran alguien que ha amado y no cree inicialmente que cuente con la posibilidad de volver a amar. Sin embargo, por más oscura que sea la noche, el Sol siempre hará aparición al día siguiente y he ahí la esperanza de volver a renacer. De lo contrario, no habría mayor motivación ni sentido en esperar ni en continuar caminando.
No deseo extenderme porque si hay algo que he aprendido en los últimos meses es que cada quien tiene que vivir, a cada uno de nosotros la vida nos tiene una serie de experiencias que son las que nos corresponden y no hay duda en que en nuestro interior contamos con las armas necesarias para salir victoriosos. Y aclaro, victoria no es siempre ganar sino aprender.
Cuando de terminar se trata se pasa una hoja del libro y se cierra un capítulo de vida. Y yo, la misma que ustedes ya conocen, seguiré creyendo en los príncipes azules porque alguna vez tuve uno en mis brazos y si bien ya no lo está en estos momentos, me alegra alimentar la idea que habrán nuevos castillos si me dispongo a explorar los muchos y nuevos horizontes que se abren ante mis ojos de mujer.
jueves, 22 de julio de 2010
Reflexiones inspiradas en la filosofía budista
Mientras hablaba de Buda y compartía con otras personas las enseñanzas de este Maestro Espiritual venían muchas ideas a mi mente de lo que es la vida, de cómo nos resulta tan complejo comprender que las cosas en este mundo son pasajeras. Todo viene y se va, llega y parte, sin que podamos hacer nada al respecto porque esa es la naturaleza de este mundo material en el que estamos inmersos. Tan solo la esencia del ser permanecerá y para quienes creemos que a este mundo hemos de regresar, pues esta esencia encontrará de nuevo la forma de manifestarse para seguir un proceso evolutivo y de crecimiento. Solemos poner nuestra felicidad en manos de objetos, de situaciones, de seres que nos rodean; y entonces cuando algo de esto nos falta o nos falla pareciera que estuviéramos condenamos a sufrir, a recorrer la senda de la infelicidad.
La felicidad es un estado interno al que se llega sin dependencia alguna en el mundo externo – o por lo menos a esa conclusión he llegado hasta el momento después de leer a Buda y de recordar algunas palabras sabias de Plotino. Pero como no estamos muy conscientes de la realidad, de aquello a lo que llamamos real, pues terminamos apegándonos a lo ilusorio y pasajero. Un día no planeado la vida nos muestra que se trata de una rueda – la rueda del Samsara – en donde hay subidas y bajadas, nacimientos y muertes, luces y sombras, días y noches, triunfos y derrotas, y así sucesivamente. Una rueda en la que estamos destinados a permanecer mientras no hayamos alcanzado la liberación o lo que los budistas conocen como el Nirvana. Y no por ello debemos sentir que no hay al respecto por hacer, sino por el contrario, el ejercicio es estar conscientes de nuestra actitud, de nuestras reacciones, de nuestras justificaciones para hacer o no hacer algo, de nuestras tendencias a reproducir lo que el sistema nos vende o lo que hemos heredado de nuestros padres.
Afortunados aquellos que pueden ver más allá de la superficie para divisar a lo lejos las estrellas, aquellas que nos guiarán a las profundidades de nuestro ser.
Quisiera igualmente compartir algunos ejercicios que pueden llegar a ser útiles para quienes deseen acercarse a la filosofía budista o simplemente experimentar un poco con el objetivo de Despertar.
• Caminata consciente: aquellos recorridos que hacemos a diario a pie los podemos aprovechar para estar en contacto con nosotros y descubrir que hay rincones que aún no hemos explorado en nuestro interior.
• Preguntarnos: Es realmente cierto? A veces hay ideas que rondan en nuestra cabeza sobre algún comentario, alguna situación en particular, etc. En vez de seguir alimentando esta idea, podemos hacer un alto y preguntarnos si eso es cierto. Muchas veces nos damos cuenta que no vale la pena desgastarnos con juicios destructivos que otros hacen para con nosotros.
• Diario: al final del día escribir unos breves renglones sobre algo que hayamos notado en particular, algún aprendizaje, alguna inquietud, alguna reflexión. Regresar con el tiempo y leer aquello que hemos escrito no solamente es interesante sino que nos permite ser cómplices de nuestro propio proceso.
• Meditación o momento mágico: concentrarnos en la respiración y trayendo de nuevo nuestra atención cuando la mente se dispersa y se haya viajando por los múltiples pasadizos con los que juega. Se recomiendo hacer un conteo de 1 a 8 y regresar de 8 a 1 y así seguir. Contar nos ayuda a centrarnos más.
• Dieta cultural: asistir a eventos culturales, a presentaciones de ballet, de ópera, visitar museos, galerías de arte, bibliotecas, ir a charlas, a talleres, a cine. Todo lo anterior nos alimenta y nos nutre de una manera positiva.
• Lo que no quiero cambiar: para identificar nuestras luces es bueno tomarnos el tiempo para hacer un listado de aquello que no queremos cambiar. Estas son nuestras piedras fuertes en las que podemos sostenernos mientras trabajamos en las sombras que también hacen parte del paquete con el que venimos.
• Salir al campo: buscar espacios en los que podamos estar en contacto con la naturaleza para recargarnos de energía. La naturaleza es un libro abierto para aquel que está dispuesto a leer las maravillas de la vida. Observar un árbol, un camino de hormigas, una gota de rocío, el sol ocultándose para dar bienvenida a la noche; observar y compartir con nuestra tierra es vital.
• 1 acto consciente: escoger a diario un acto en el cual queramos practicar la presencia consciente. Puede ser lavando los platos, cepillándonos los dientes, comiendo, cocinando, entre otras. Durante ese periodo que no debe ser muy largo, nos proponemos vivirlo a plenitud.
• Atención a nuestros monólogos: nuestra mente es increíble y con frecuencia nos ofrece una serie de películas de drama que si estamos atentos podemos darle un final feliz en vez de alimentar esos diálogos que nos acostumbramos a tener.
Deseando que cada uno sepa encontrar el camino adecuado para encontrarse a sí mismo, la cual parece ser una tarea de nunca acabar.
La felicidad es un estado interno al que se llega sin dependencia alguna en el mundo externo – o por lo menos a esa conclusión he llegado hasta el momento después de leer a Buda y de recordar algunas palabras sabias de Plotino. Pero como no estamos muy conscientes de la realidad, de aquello a lo que llamamos real, pues terminamos apegándonos a lo ilusorio y pasajero. Un día no planeado la vida nos muestra que se trata de una rueda – la rueda del Samsara – en donde hay subidas y bajadas, nacimientos y muertes, luces y sombras, días y noches, triunfos y derrotas, y así sucesivamente. Una rueda en la que estamos destinados a permanecer mientras no hayamos alcanzado la liberación o lo que los budistas conocen como el Nirvana. Y no por ello debemos sentir que no hay al respecto por hacer, sino por el contrario, el ejercicio es estar conscientes de nuestra actitud, de nuestras reacciones, de nuestras justificaciones para hacer o no hacer algo, de nuestras tendencias a reproducir lo que el sistema nos vende o lo que hemos heredado de nuestros padres.
Afortunados aquellos que pueden ver más allá de la superficie para divisar a lo lejos las estrellas, aquellas que nos guiarán a las profundidades de nuestro ser.
Quisiera igualmente compartir algunos ejercicios que pueden llegar a ser útiles para quienes deseen acercarse a la filosofía budista o simplemente experimentar un poco con el objetivo de Despertar.
• Caminata consciente: aquellos recorridos que hacemos a diario a pie los podemos aprovechar para estar en contacto con nosotros y descubrir que hay rincones que aún no hemos explorado en nuestro interior.
• Preguntarnos: Es realmente cierto? A veces hay ideas que rondan en nuestra cabeza sobre algún comentario, alguna situación en particular, etc. En vez de seguir alimentando esta idea, podemos hacer un alto y preguntarnos si eso es cierto. Muchas veces nos damos cuenta que no vale la pena desgastarnos con juicios destructivos que otros hacen para con nosotros.
• Diario: al final del día escribir unos breves renglones sobre algo que hayamos notado en particular, algún aprendizaje, alguna inquietud, alguna reflexión. Regresar con el tiempo y leer aquello que hemos escrito no solamente es interesante sino que nos permite ser cómplices de nuestro propio proceso.
• Meditación o momento mágico: concentrarnos en la respiración y trayendo de nuevo nuestra atención cuando la mente se dispersa y se haya viajando por los múltiples pasadizos con los que juega. Se recomiendo hacer un conteo de 1 a 8 y regresar de 8 a 1 y así seguir. Contar nos ayuda a centrarnos más.
• Dieta cultural: asistir a eventos culturales, a presentaciones de ballet, de ópera, visitar museos, galerías de arte, bibliotecas, ir a charlas, a talleres, a cine. Todo lo anterior nos alimenta y nos nutre de una manera positiva.
• Lo que no quiero cambiar: para identificar nuestras luces es bueno tomarnos el tiempo para hacer un listado de aquello que no queremos cambiar. Estas son nuestras piedras fuertes en las que podemos sostenernos mientras trabajamos en las sombras que también hacen parte del paquete con el que venimos.
• Salir al campo: buscar espacios en los que podamos estar en contacto con la naturaleza para recargarnos de energía. La naturaleza es un libro abierto para aquel que está dispuesto a leer las maravillas de la vida. Observar un árbol, un camino de hormigas, una gota de rocío, el sol ocultándose para dar bienvenida a la noche; observar y compartir con nuestra tierra es vital.
• 1 acto consciente: escoger a diario un acto en el cual queramos practicar la presencia consciente. Puede ser lavando los platos, cepillándonos los dientes, comiendo, cocinando, entre otras. Durante ese periodo que no debe ser muy largo, nos proponemos vivirlo a plenitud.
• Atención a nuestros monólogos: nuestra mente es increíble y con frecuencia nos ofrece una serie de películas de drama que si estamos atentos podemos darle un final feliz en vez de alimentar esos diálogos que nos acostumbramos a tener.
Deseando que cada uno sepa encontrar el camino adecuado para encontrarse a sí mismo, la cual parece ser una tarea de nunca acabar.
Regresando a mi tierra Colombia
Estoy a unas cuantas horas de pisar nuevamente tierra colombiana y cuando pienso en ello se me hace un nudo en la garganta, mis ojos se humedecen y una sonrisa pícara se dibuja en mi rostro. Quienes han vivido este tipo de situaciones comprenderán más fácilmente esta sensación extraña, mezcla de alegría y de nostalgia, que me invade y me acompaña. Talvez a ello se suma la claridad que hay un partir, que en 6 semanas el avión irá en dirección contraria para aterrizar en Londres.
Cuando pienso en este viaje no puedo dejar de agradecer a la vida por facilitarme y hacer realidad el reencontrarme de nuevo con mis padres, mi familia y amigos. Han pasado 2 años y no sé si eso es poco o mucho pues termina siendo un concepto relativo. Poco para accedera la gran variedad de oportunidades que Londres ofrece pero mucho si me refiero a los lazos que me unen a la gente, vínculos con todos aquellos que han participado activamente en mi vida.
Estoy segura y así lo dice mi intuición, que muchas cosas han sucedido en estos dos años. Lo veo en mi propia vida y decisiones que he venido tomando y lo siento igualmente en mi interior. Me inquieta saber como será mi actitud estando en el lugar donde crecí, como percibiré a la gente, como será el sabor de cada plato, como me encontrarán aquellos que aprecio, como será despertar de nuevo en la cama que me perteneció en algún momento por tantos años.
Ya habrá tiempo para resolver estas dudas y para enriquecer mi experiencia personal...
Cuando pienso en este viaje no puedo dejar de agradecer a la vida por facilitarme y hacer realidad el reencontrarme de nuevo con mis padres, mi familia y amigos. Han pasado 2 años y no sé si eso es poco o mucho pues termina siendo un concepto relativo. Poco para accedera la gran variedad de oportunidades que Londres ofrece pero mucho si me refiero a los lazos que me unen a la gente, vínculos con todos aquellos que han participado activamente en mi vida.
Estoy segura y así lo dice mi intuición, que muchas cosas han sucedido en estos dos años. Lo veo en mi propia vida y decisiones que he venido tomando y lo siento igualmente en mi interior. Me inquieta saber como será mi actitud estando en el lugar donde crecí, como percibiré a la gente, como será el sabor de cada plato, como me encontrarán aquellos que aprecio, como será despertar de nuevo en la cama que me perteneció en algún momento por tantos años.
Ya habrá tiempo para resolver estas dudas y para enriquecer mi experiencia personal...
lunes, 3 de mayo de 2010
El ingrediente secreto es nada...
Ayer compartí una película infantil Kung fu Panda con unos amigos y a pesar de ser un género infantil encontré elementos de reflexión que me robaron por momentos mis pensamientos pero afortunadamente no me desvelaron pues el cansancio acumulado me permitió disfrutar de horas extra de sueño en Paris. Para quienes han visto la película puede que les resulte más sencillo entender mis líneas. Panda descubre que el ingrediente secreto que su padre y sus antecesores han venido usando en su especial receta es: nada. Y luego en otra escena en la que recibe el tan anhelado pergamino con la sabiduría necesaria para ser un buen guerrero, lo abre y lo encuentra vacío “aparentemente” pues su imagen se refleja cual espejo.
Yo observo este tipo de imágenes y es como si algo se activara en mi ser para leer el profundo mensaje que se oculta tras un velo, velo que pocos muestran interés en remover hoy en día. Hace muchos años tuve la oportunidad de ver otra película sobre un hombre guerrero que debía pasar por un sin número de pruebas, arriesgando su vida, superando las dificultades, entre otras, para que al final pudiera encontrar el tesoro que inspiraba su aventura. Cuando lo abre se sorprende al ver frente a si mismo su propia imagen reflejada en un espejo. Definitivamente es ahí donde debemos buscar y no en otro lugar. Es ahí donde albergamos las herramientas, el poder, el potencial para abrir nuestras alas y alzar vuelo como Juan Salvador Gaviota, para no seguir eternamente sobrevolando la superficie.
Hay tanto que conocer de nosotros mismos pero a veces nos resulta más atractivo atender más los afanes de un mundo externo en el que se nos exige producir, consumir, volver a producir para volver a consumir y así sucesivamente. Y en medio de esa rutina y las preocupaciones por adquirir nuevas cosas para poder “ser felices” y satisfacer “nuestras necesidades”, el tiempo se nos empieza a pasar sin mirar hacia dentro de nosotros y sin alimentar nuestra vida interior. Así como nuestro cuerpo físico necesita de alimentos para mantenerse vital, con la misma urgencia e importancia nuestra vida interior requiere de otro tipo de alimentos que no se encuentran en las cadenas de almacenes que solemos visitar.
He aquí algunas sugerencias que desde mi propia experiencia puedo compartir:
- Propiciar espacios de silencio. Aprender a estar con nosotros mismos
- Tener contacto con la naturaleza. Salir a caminar. Sentarnos en un parque
- Hacer una pausa antes de comer. ( Esta es inspirada en mi hermana! )
- Caminar con conciencia y abrir los sentidos hacia dentro.
- Meditar
- Leer y pensar en eso que se ha leído
- Servir por una causa noble
- Compartir con la gente. Escuchar lo que otros tienen por contar.
Qué tal si construimos algunas otras ideas de cómo enriquecer nuestra vida interior a partir de las que se vivencian?
Agradeciendo desde ya su participación.
Yo observo este tipo de imágenes y es como si algo se activara en mi ser para leer el profundo mensaje que se oculta tras un velo, velo que pocos muestran interés en remover hoy en día. Hace muchos años tuve la oportunidad de ver otra película sobre un hombre guerrero que debía pasar por un sin número de pruebas, arriesgando su vida, superando las dificultades, entre otras, para que al final pudiera encontrar el tesoro que inspiraba su aventura. Cuando lo abre se sorprende al ver frente a si mismo su propia imagen reflejada en un espejo. Definitivamente es ahí donde debemos buscar y no en otro lugar. Es ahí donde albergamos las herramientas, el poder, el potencial para abrir nuestras alas y alzar vuelo como Juan Salvador Gaviota, para no seguir eternamente sobrevolando la superficie.
Hay tanto que conocer de nosotros mismos pero a veces nos resulta más atractivo atender más los afanes de un mundo externo en el que se nos exige producir, consumir, volver a producir para volver a consumir y así sucesivamente. Y en medio de esa rutina y las preocupaciones por adquirir nuevas cosas para poder “ser felices” y satisfacer “nuestras necesidades”, el tiempo se nos empieza a pasar sin mirar hacia dentro de nosotros y sin alimentar nuestra vida interior. Así como nuestro cuerpo físico necesita de alimentos para mantenerse vital, con la misma urgencia e importancia nuestra vida interior requiere de otro tipo de alimentos que no se encuentran en las cadenas de almacenes que solemos visitar.
He aquí algunas sugerencias que desde mi propia experiencia puedo compartir:
- Propiciar espacios de silencio. Aprender a estar con nosotros mismos
- Tener contacto con la naturaleza. Salir a caminar. Sentarnos en un parque
- Hacer una pausa antes de comer. ( Esta es inspirada en mi hermana! )
- Caminar con conciencia y abrir los sentidos hacia dentro.
- Meditar
- Leer y pensar en eso que se ha leído
- Servir por una causa noble
- Compartir con la gente. Escuchar lo que otros tienen por contar.
Qué tal si construimos algunas otras ideas de cómo enriquecer nuestra vida interior a partir de las que se vivencian?
Agradeciendo desde ya su participación.
El eterno presente
He vuelto a recordar una frase que mi padre solía repetirme de niña, tantas veces lo hizo que me la aprendí y esta vez hace parte de lo que me inspira a escribir. “Qué es la vida? Un frenesí. Qué es la vida? Una ilusión. Que toda la vida es sueño y los sueños sueño son ... como a nuestro parecer todo tiempo pasado fue mejor”. Con frecuencia se tiende a mirar a aquello que ya no está en nuestras manos, aquellas memorias de tiempos en los que sonreíamos, en donde todo parecía ser más sencillo y fácil, tiempos en los que apenas se iniciaba y por lo tanto todo era más novedoso y al mismo lugar era enigmático porque no se lograba visualizar futuro alguno.
Siempre he sido una amante de los buenos recuerdos, trayéndolos a mi mente cuando considero necesario y por ello talvez es que termino descuidando por no decir evadiendo este presente que se nos ofrece a cada instante. Porque ni para que hablar del mañana si en gran parte es incierto, robando de nuevo la atención del aquí y el ahora. He leído algunos textos sobre ese poder o esa capacidad de vivir el eterno presente pero sin embargo en la práctica para ser sincera aún me muevo como un péndulo entre la visita nostálgica de un pasado y el ansioso y poco claro panorama del futuro. Imagino que se trata de un equilibrio armónico que nos permita vivir inteligentemente un día a día, basándonos en las experiencias y el aprendizaje adquirido y proyectando con mayor certeza y una gran dosis de flexibilidad lo que vendrá. Quisiera encontrar la fórmula mágica – y si alguno ya la tiene pues se las recomiendo – para solamente albergar lo bueno, lo positive, lo bonito en mi corazón y no dejar que la oscuridad ingrese pues es tan fácil que empiezo a percibir dolor, empiezo a identificar fricciones que para nada enriquecen.
Que tan importante se vuelve dar entonces prioridad al amor, al perdón, a la profunda comprensión de los seres humanos y de nuestra complejidad reflejada en las relaciones que establecemos. Si esta vida es tan solo una ilusión, si este viaje no es tan largo y es aquí y ahora en donde nos encontramos, pues deberíamos ser más concientes de rodearnos de espacios fraternos en donde dar un abrazo se convierte en lo natural y no en lo que escasea; en donde podemos entregarnos sin miedo alguno y sin necesidad de usar máscara alguna pues hay la libertad de ser quien se es. El hoy es lo que tenemos en frente. Estas líneas al ser leídas han quedado revoloteando en mi mente como un pájaro lo hace cuando hay una jaula que lo ha capturado. No pretendo que suceda lo mismo con ustedes pero si que nos obsequiemos unos segundos para digerir la frase con la que cierro esta entrada.
“El pasado es historia,
el futuro un misterio pero el HOY es un regalo,
por eso se llama PRESENTE”.
Siempre he sido una amante de los buenos recuerdos, trayéndolos a mi mente cuando considero necesario y por ello talvez es que termino descuidando por no decir evadiendo este presente que se nos ofrece a cada instante. Porque ni para que hablar del mañana si en gran parte es incierto, robando de nuevo la atención del aquí y el ahora. He leído algunos textos sobre ese poder o esa capacidad de vivir el eterno presente pero sin embargo en la práctica para ser sincera aún me muevo como un péndulo entre la visita nostálgica de un pasado y el ansioso y poco claro panorama del futuro. Imagino que se trata de un equilibrio armónico que nos permita vivir inteligentemente un día a día, basándonos en las experiencias y el aprendizaje adquirido y proyectando con mayor certeza y una gran dosis de flexibilidad lo que vendrá. Quisiera encontrar la fórmula mágica – y si alguno ya la tiene pues se las recomiendo – para solamente albergar lo bueno, lo positive, lo bonito en mi corazón y no dejar que la oscuridad ingrese pues es tan fácil que empiezo a percibir dolor, empiezo a identificar fricciones que para nada enriquecen.
Que tan importante se vuelve dar entonces prioridad al amor, al perdón, a la profunda comprensión de los seres humanos y de nuestra complejidad reflejada en las relaciones que establecemos. Si esta vida es tan solo una ilusión, si este viaje no es tan largo y es aquí y ahora en donde nos encontramos, pues deberíamos ser más concientes de rodearnos de espacios fraternos en donde dar un abrazo se convierte en lo natural y no en lo que escasea; en donde podemos entregarnos sin miedo alguno y sin necesidad de usar máscara alguna pues hay la libertad de ser quien se es. El hoy es lo que tenemos en frente. Estas líneas al ser leídas han quedado revoloteando en mi mente como un pájaro lo hace cuando hay una jaula que lo ha capturado. No pretendo que suceda lo mismo con ustedes pero si que nos obsequiemos unos segundos para digerir la frase con la que cierro esta entrada.
“El pasado es historia,
el futuro un misterio pero el HOY es un regalo,
por eso se llama PRESENTE”.
Gli Italiani sono molto gentili
Regresaré pronto a Londres con algunas pocas palabras en italiano que espero conservar en mi mente hasta una próxima aventura en esta bota itálica en la que brevemente y sin exagerar puedo decir pase unos días maravillosos en compañía de una familia colombo-italiana. Vine inicialmente a Bérgamo a reencontrame con una amiga colombiana, la cual fue mi profesora cuando yo era pequeñita. Me he sentido como en casa, creo que he sido adoptada por unos días y eso lo percibo ante la profunda generosidad que no creo yo tener. Pensé en esa valiosa virtud de dar y como muchas personas, en este caso esta familia en particular, tiene esa actitud de entregar sin condición. Muchas de las veces cuando damos y somos generosos es porque hay una pequeña dosis de interés, un deseo por sacar provecho o por lo menos de recibir un reconocimiento. Como quisiera erradicar este tipo de acciones en mi vida en donde se espera recompensa.
Recuerdo mientras escribo aquel cuento que narra que una vez un hombre se encontró con otro hombre y este segundo estaba sembrando unas semillas en el camino. El primer hombre se acercó y lo cuestionó sobre lo absurdo que era estar sembrando semillas por todo el tiempo que implicaba esperar para obtener los frutos. Y el hombre continuó haciéndolo mientras decía algo como “aquellos árboles que yo he disfrutado y de los cuales he podido recoger frutos los sembró alguien que pensó en los que vendrían después”. Y eso es dar sin esperar, eso es entregarse sin egoísmos. Como parte de una sorpresa familiar resulté yendo a Milán y a Venecia. Y lo positivo de no planearlo es que aquello que llegó fue bienvenido y las expectativas que había construido de alguna manera no solamente se cumplieron sino que sobrepasaron mi pensar. Recorrí algunos de sus sitios turísticos compartiendo un poco y esta vez tomando menos fotos de lo que usualmente tomo. Italia me dio calor humano y del sol también; me regaló un buen sabor de pasta, pizza y helados; recorrí lugares que me hacían pensar en una vida más tranquila y en el contacto con la naturaleza.
Es increíble como los lazos que se han construido en algún momento se sigan manteniendo a pesar del tiempo y de la distancia. Vi fotos de mi niñez en las que compartía con mi amiga y ahora siento que puedo mirar sus ojos y leer un poco en ellos de su propia historia y de lo que en algunas conversaciones pudimos compartir. La generosidad será parte de mi reflexión para las próximas semanas. Estoy segura que si todos diéramos un poco más, incluso, estoy casi segura que si lo damos todo nunca nos faltará porque es como una fuente permanente que fluye, que va y viene sin que haya necesidad de esperarlo.
Recuerdo mientras escribo aquel cuento que narra que una vez un hombre se encontró con otro hombre y este segundo estaba sembrando unas semillas en el camino. El primer hombre se acercó y lo cuestionó sobre lo absurdo que era estar sembrando semillas por todo el tiempo que implicaba esperar para obtener los frutos. Y el hombre continuó haciéndolo mientras decía algo como “aquellos árboles que yo he disfrutado y de los cuales he podido recoger frutos los sembró alguien que pensó en los que vendrían después”. Y eso es dar sin esperar, eso es entregarse sin egoísmos. Como parte de una sorpresa familiar resulté yendo a Milán y a Venecia. Y lo positivo de no planearlo es que aquello que llegó fue bienvenido y las expectativas que había construido de alguna manera no solamente se cumplieron sino que sobrepasaron mi pensar. Recorrí algunos de sus sitios turísticos compartiendo un poco y esta vez tomando menos fotos de lo que usualmente tomo. Italia me dio calor humano y del sol también; me regaló un buen sabor de pasta, pizza y helados; recorrí lugares que me hacían pensar en una vida más tranquila y en el contacto con la naturaleza.
Es increíble como los lazos que se han construido en algún momento se sigan manteniendo a pesar del tiempo y de la distancia. Vi fotos de mi niñez en las que compartía con mi amiga y ahora siento que puedo mirar sus ojos y leer un poco en ellos de su propia historia y de lo que en algunas conversaciones pudimos compartir. La generosidad será parte de mi reflexión para las próximas semanas. Estoy segura que si todos diéramos un poco más, incluso, estoy casi segura que si lo damos todo nunca nos faltará porque es como una fuente permanente que fluye, que va y viene sin que haya necesidad de esperarlo.
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