"Señora de los libros", "Señora de la Escritura",

viernes, 8 de abril de 2011

El despertar


Había amanecido nuevamente. Eso le recordaba a aquella mujer que un día nuevo había empezado, que la vida una vez más le obsequiaba la oportunidad – obsequio que se reducía en 24 horas más -. Deslizó su cuerpo y agregando voluntad se levantó de la cama como solía hacerlo a diario pero esta vez notó que algo había cambiado. Aquel lugar en el que se encontraba ya no le era familiar sino extrañamente desconocido. Dudando de sus pasos decidió recorrer la oscura habitación. Esta no era muy grande y para mayor sorpresa no tenía ni puertas ni ventanas, tan sólo se veía un gran espejo hacia el fondo. La mujer lentamente se acercó a él con un poco de miedo pues aún no comprendía lo que estaba sucediendo. Al hacerlo vislumbró la imagen de una niña con mirada transparente, cabellos claros, piel blanca y en cuyo rostro se dibujaba una sonrisa. La mujer cerró los ojos por un instante y sin poder evitar las lágrimas brotaron al reconocer que la pequeña era ella misma hacía unos años atrás. Muchos recuerdos vinieron a su mente; evocó a sus padres – con quienes ya no vivía -, sus palabras, los momentos compartidos y todos aquellos lugares que había conocido. Recordó sus canciones favoritas, las muñecas que adornaban su escritorio, los juegos con sus amigas del colegio, las travesuras, las promesas de amistad eterna, las fiestas, el circo, la navidad, los sueños…. y tantas cosas vividas y hasta entonces olvidadas.

Se apartó rápidamente del espejo queriendo esquivar ese sentimiento que la invadía y en una esquina de la habitación dejó caer su cuerpo, debilitado y triste por el inesperado encuentro. Se mantuvo en silencio intentando organizar y comprender sus ideas y devolviéndose en el tiempo encontró que no todo lo que había soñado de niña se había realizado, que muchas habían sido las cosas que se habían modificado y que talvez había sido muy ingenua al creer que en sus manos estaba el destino. A pesar de ello, cierta tranquilidad penetró su ser en los siguientes minutos y aceptando lo que había sido, lo que había hecho y dejado de hacer, rompió por primera vez un eslabón de aquellas cadenas que empezaban a ser visibles para sus ojos. Entonces, fue como tomar de la mano a la pequeña y descubrir que eran una, que estando separadas hoy volvían a juntarse de nuevo con la seguridad de que permanecerían así hasta el final de su existencia.

El tiempo galopaba constante mientras la habitación seguía oscura, solitaria y silenciosa. Por segunda vez, la mujer decide acercarse al espejo, algo inquieta por lo que vería pero con la certeza que no estaba sola. Una luz blanca brotó del centro encegueciendo por un momento a la mujer. Cuando pudo recobrar la visión, miró de frente a una joven atractiva, de cuerpo esbelto, cabellos largos, rostro tierno pero mirada perdida. De nuevo sus ojos parecían empaparse e intentando articular palabras emitió un grito desesperado al reconocer y revelar que su alma de joven había estado vacía mientras su cuerpo cautivaba a muchos hombres a su alrededor. No contando con muchas fuerzas para desplazarse, colocó sus manos sobre el espejo queriendo por un segundo romperlo pero, en el fondo algo le decía que no era necesario o más bien, que no serviría de nada pues lo que debía seguir rompiendo eran las cadenas que la ataban, aquellas que crecían y se hacían más fuertes con el paso de los años. Respiró profundamente y arrodillándose pidió a la diosa Atenea le indicara el camino, pues todo era oscuridad en su vida y la antorcha que creía tener se había desvanecido por lo ocurrido en la habitación. En pocos minutos la mujer quedó profundamente dormida.

Mientras ella descansaba, algo extraño empezó a suceder. De su pecho surgió una guerrera con silueta elegante y armadura que reflejaba las antiguas batallas. Portaba una espada, cómplice de las continuas luchas en las que participaba y tomándola entre sus manos y elevándola hacia el cielo taciturno, la colocó al lado de la mujer que yacía dormida en ese lugar. Algunas horas transcurrieron para que ésta despertara y con asombro encontrara el mágico objeto. Al verla, detalló su belleza pero también su filo, capaz de derrotar a cualquier minotauro. Al cogerla y acercarla a su cuerpo, un aire de victoria se percibía en el ambiente. Con una inspiración y una fuerza interior que no lograba comprender con la razón, la mujer se puso de pie y mirando con firmeza se sintió dispuesta a continuar la batalla. ¿A quién enfrentaría? ¿Dónde sería la batalla? Con claridad la mujer conocía las respuestas: Lucharía contra sí misma para vencerse, superarse y conquistarse. Lucharía contra sus vicios, miedos y temores. Lucharía contra sus propios dragones. Dicha batalla sólo tendría lugar en su interior.

Fue en ese preciso momento y no antes, que aquella mujer había dado el primer paso en el sendero. Y aunque despertándose inmediatamente en su habitación con un sol radiante en la ventana, ella, sólo ella sabía que lo sucedido: no había sido un sueño….sino real. Su corazón palpitaba aceleradamente al sentirse capaz de remontar el vuelo y perderse en el horizonte. Por fin había llegado el día para hacerlo y su alma lo celebrada. Hoy, son muchos los que como ella buscan salir victoriosos de la gran batalla, esa batalla que no es más que nuestra cotidianidad pero que en ocasiones nos inhibe soñar, volar y llegar hacia costas lejanas y mejores.

jueves, 7 de abril de 2011

Entre las cosas que ODIO

Todos tenemos situaciones, personas, recuerdos, imágenes, ideas, emociones, sensaciones que nos molestan, todas aquellas que generan un sabor amargo en nuestros labios y que difícilmente digerimos con calma y serenidad. Hacernos los sorprendidos con ello no tiene sentido, quizás resulta más interesante identificarlos y aceptarlos como parte del paquete de experiencias humanas que nos corresponden vivir. Por algo se nos presentan y para ser capaces de comprenderlos se requiere madurez y una gran dosis de aceptología. Muchas son las veces en las que me recuerdo a mi misma que poco control tenemos de los acontecimientos externos y en muchas ocasiones nos toman por sorpresa. De ahí que no haya a quien culpar cuando obramos de una manera u otra porque sin duda somos quienes construimos nuestra propia existencia. La música de esta fiesta que es la vida la colocan los de arriba, la forma en que decidimos bailar y gozárnosla es nuestra. Quejarnos del que escoge la música (DJ) es sencillo; criticar los estilos de los otros al bailar es tentador; pero abrir los oídos y percibir el sonido de cada nota musical es definitivamente un reto cotidiano. Ahora sin más preámbulos compartiré de manera reflexiva lo que personalmente tiende a ser una oportunidad de aprendizaje a través de las cosas que odio.

• Odio que sucedan catástrofes naturales en donde somos tan frágiles en relación a la fuerza de la Naturaleza
• Odio que el hombre encuentre razones para pelear, para arrebatar vidas como si se tratase de un juego en el que hay que ganar por encima de todo
• Odio que las cosas no sean claras y que no hagamos nada al respecto para clarificarlas
• Odio que tengamos que justificarnos, a veces incluso cuando lo hacemos sin que haya necesidad, tan sólo por el placer de satisfacer nuestro ego
• Odio que las cosas no resulten como las hemos planeado (es cuestión de flexibilidad!)
• Odio que haya gente, niños, ancianos, discapacitados en las calles mendigando y que poco hagamos al respecto. A veces nos conmovemos y otras veces cerramos nuestros ojos para no ver aquello que nos refleja lo que es “injusto”
• Odio que veamos con mayor rapidez lo que nos separa en vez de nuestras similitudes. Todos estamos en el mismo sendero evolutivo por más o menos conciencia que tengamos
• Odio que lo espiritual se confunda con lo religioso y que además lo religioso se convierta a veces en tema de rivalidad y discusión sin que pueda honrarse lo que la palabra significaba en tiempos pasados
• Odio que no seamos capaces de ser libres, naturales, de ser Nosotros Mismos sin temor alguno al qué dirán
• Odio que la sociedad de consumo nos entretenga cada vez con más posesiones y lo que es peor aún, que creamos que al adquirirlas seremos felices
• Odio que las relaciones humanas se tornen en telarañas de confusiones cuando no hacemos un uso adecuado de la comunicación
• Odio que olvidemos nuestras propias conquistas y logros cuando estamos frente a un nuevo desafío
• Odio que otros sean capaces de ver en nosotros el potencial que nosotros nos negamos a ver porque la autoestima y la confianza en nosotros no es suficiente
• Odio que no seamos capaces de amar abierta y generosamente simplemente porque el egoísmo puede más y poco nos han enseñado a amar de verdad
• Odio que el sexo se convierta en un tabú o en algo de lo cual no estamos dispuestos a compartir con una apertura mental y con la convicción que es medio sagrado de unión
• Odio que el tiempo o mejor, el que hacemos del tiempo, no nos permita en ocasiones abarcar todo lo que quisiéramos hacer
• Odio que nos sintamos jóvenes y de pronto viejos; con proyectos e ilusiones y de pronto con un afán absurdo de ver materializadas todas nuestras ideas
• Odio que tengamos que dar tantas vueltas alrededor de nuestros sueños hasta un día levantarnos con la determinación necesaria para hacerlos realidad
• Odio que empecemos algo, por ejemplo, empecemos a leer un libro y unos meses más tarde nos topemos de nuevo con este tesoro que no hemos terminado de leer. A veces son años después que un libro resulta ser significativo habiéndolo tenido a disposición
• Odio que nos quejemos del clima como si pudiéramos hacer algo, como si tuviéramos el poder divino de escoger cuando llueve y cuando hace calor. Es en la ciclicidad de la estaciones que se esconde la belleza de la Naturaleza
• Odio que circulen pensamientos e ideas destructivas en nuestra mente porque sé el daño que producen
• Odio que no sepamos asumir compromisos por temor a no ser fieles a ellos
• Odio que reacciones con drama y exageración cuando conscientemente sabemos que todo tiene una solución (y si no hay solución pues no sirve de nada reaccionar así)
• Odio que no seamos capaces de tomar riesgos, de aventurarnos a lo desconocido, de probar, de decir Si, de dar bienvenida a otras experiencias
• Odio que creamos tener la razón cuando existen multitudes de creencias, concepciones, estilos de vida, todos igualmente válidos

Entre las cosas que odio siempre hay un espacio para encontrar de nuevo la serenidad, aquella que se nos escurre entre las manos cuando más deseo hay por poseerla.

martes, 29 de marzo de 2011

Nuestra capacidad de asombro


Hace unos días uno de mis alumnos me trajo, con cara de sorpresa, unas hojas rojas que había encontrado en el jardín donde solemos jugar a diario, nuestro “jardín secreto”. Sus ojos casi que brillaban al haberse topado con aquel tesoro natural que alguno de los árboles le obsequiaba. Y más fue su alegría cuando le dije que las guardara en su bolsillo, obteniendo así mi permiso como “adulto” para llevarse a casa aquellas hojas que quizás ya habían culminado su ciclo y ahora se convertían en un nuevo juguete con dueño. No sé a dónde fueron a parar las hojas pues si aquel niño olvidó sacarlas de su bolsillo, puede que hayan recibido un baño en la lavadora o si fueron descubiertas antes por un adulto seguro que a la basura fueron a dar.

Poco es el asombro que nos queda y me pregunto, quién se lo ha llevado o por qué lo hemos permitido. Qué hará que dejemos de ser niños con mentes curiosas y manos exploradoras? Qué es lo que nos trae el crecer y madurar? Por qué nos permitimos que los años nos arrebaten el deseo curioso por ver más allá de lo material? Casi que a diario y gracias a mi profesión observo muchos niños que por instantes se transforman en guerreros al sostener una rama que se convierte en espada; otros viajan por el espacio y visitan otros planetas; otros tocan lombrices sin temor alguno o cogen mariquitas como si tuvieran el mundo en sus manos; otros en cambio son super héroes que gozan de poderes sobrenaturales, luchando contra los villanos. Todos son seres de luz que a través de sus ojos y sus sonrisas me regalan esperanza, nobleza e inocencia. Muchas son las ocasiones en las que me siento de nuevo viva con su sola presencia. Sería maravilloso entrenar a nuestra mente para que vea las cosas como por primera vez, como quien observa una flor que nunca antes ha visto y se detiene para admirar cada pequeño detalle, su color, su tamaño, su textura, su aroma, su delicadeza, su simetría, entre otras. Pero resulta que nuestra mente se encuentra repleta de juicios, de categorizaciones, de paradigmas, de instrucciones que otros nos han dado, de conceptos transmitidos por los medios, y entonces poco espacio queda para la sorpresa y el asombro.

Casi todo termina por ser parte de lo que ya conocemos, de nuestra rutina diaria y es así como cortamos cualquier posibilidad de ver y acercarnos a algo con la mente nueva, limpia y abierta. El intentar recuperar aquello que hemos perdido no solamente es importante sino que además lo profano y ordinario termina generando suspiros e inspiración. Y al caminar nos detenemos a observar la creatividad del ser humano en cada construcción; vemos la expresión de la geometría en una concha marina; vemos la ciclicidad de la vida y la muerte en el día y en la noche; vemos lo sagrado en cada templo, cueva, cima, fuente, río; vemos la diversidad en los rostros con los que nos topamos a diario; vemos lo infinito del universo al contemplar una constelación; vemos u oímos la sinfonía que hay detrás de cada palabra pronunciada, y así es como vemos nuevas luces en donde aparentemente solo había oscuridad. Sólo cuando nuestra alma desee seremos capaces de ver más que la cortina de ilusión en los que los amos de la caverna nos han envuelto.

martes, 22 de marzo de 2011

Qué le pasa al mundo?



En las últimas semanas me he venido haciendo la misma pregunta pero creo no haber encontrado la respuesta aún. Nunca he sido fan de leer periódicos ni de estar pendiente de las noticias pues debo reconocer que sin duda alguna no las encuentro para nada positivas ni alentadoras. A veces lo hago con el objetivo de estar al tanto de la problemática mundial pero lo único que consigo después de hacerlo es retirarme a estados en los que la tristeza y la impotencia rondan sin parar. Considero que a la luz de la filosofía antigua – la cual no tiene que ver con la filosofía académica moderna - hay una lección detrás de cada situación, por dura, cruel o aterradora que nos parezca. Sin embargo esta vez siento que el límite de comprender el sufrimiento humano está por colapsar. Recuerdo ahora a Buda, quien dedicó su vida a encontrar la razón del sufrimiento y propuso un camino recto como medio de evitar los extremos, los cuales son parte de este mundo dual pero nos impulsan a vivir experiencias extremas alejándonos del equilibrio inicial.

Mi corazón se contrae y llora cuando escucho casos en los que el ser humano es violento y destructivo, en donde poco o nada nos importa arrebatar vidas humanas o pisotear a muchos en beneficio de unos cuantos, en donde las palabras no sirven y se reemplazan con armas; y por supuesto, casos en donde la naturaleza provoca catástrofes como las de Japón y Nueva Zelandia, mostrándonos su poder y fuerza. Imágenes que me evocaban películas antes vistas, películas que son ahora realidad en muchas partes y que quienes tenemos el privilegio de no estar afectados solemos ignorar u olvidar. Comentarios de todo tipo surgen y me cuestiono la validez que tienen: que no hay forma de evitar estos desastres, que eso del cambio ambiental es puro cuento, que peores cosas se acercan, que el hombre es violento por naturaleza, que el planeta se expresa como consecuencia del mucho daño que le hemos hecho, que solamente a través de tragedias y adversidad es que nos volvemos más sensibles, solidarios y generosos, que este año astrológicamente trae numerosos cambios, en fin, muchas son las miradas que pueden ser valoradas en torno a nuestra realidad social.

Quisiera quedarme con la más positiva, con aquella que nos recuerde lo importante que es que seamos conscientes de nuestros actos e incluso de nuestros pensamientos porque con ellos podemos irradiar luz o esparcir odio. Reflexionaba un poco en lo transitorio que es nuestra existencia y en el papel que juega nuestro deseo de poseer cosas, de guardar recuerdos materiales, de acumular posesiones, que en el caso de muchos en Japón lo han perdido todo. Todo en cuanto a lo que podemos ver con estos ojos físicos, pero no lo que en nuestra alma habita porque de este espacio sagrado nosotros somos los amos. Sepamos mantener el fuego interno encendido, enviemos luz a aquellos que no la tienen, amor a quienes solo conocen la maldad, perdón a quienes nos han herido con o sin intención, humildad para reconocer nuestras faltas, y por encima de todo, de cualquier situación que debamos atravesar como humanidad, mantengamos la esperanza y la sonrisa siempre lista para quien está a nuestro lado porque finalmente todos somos tripulantes de una misma barca.

jueves, 17 de febrero de 2011

El dilema de tener hijos

Hace días hablaba con algunos amigos del tema y debo resaltar que en aquel grupo yo era la más jóven y eso que ya tengo casi 28. Sé que muchos son los compañeros de colegio o de Universidad que ya han dado ese paso o por lo menos ya se han casado y para ser sincera poco o nada sé si son felices, si la vida les sonríe – espero de corazón que así sea. Mi caso es algo distinto, quizás porque no siento el afán que hace algunos años llegué a sentir. A mis 25 años decidí viajar al extranjero, no sin ello sentir el dolor de dejar mi país porque son muchos los vínculos que sigo teniendo con Colombia. Mis viajes y mi estadía en Londres es lo único que tengo para ofrecerles porque ni esposo ni hijos tengo en mis planes por el momento.

Me cuestiono hasta que punto podemos seguir nuestra llamada interior en vez de seguir la lista social de cosas que deben hacerse, cosas que deben lograrse en ciertas edades. La idea de estudiar, trabajar, dejar el hogar, buscar una pareja, tener hijos, mantener el hogar a costa de la propia felicidad, ver crecer a nuestros hijos, seguir trabajando, sufrir con las decisiones que nuestros hijos toman, buscar espacios para ocuparnos cuando ya no estemos trabajando, y esperar la llegada de la muerte, orando para que sea de la mejor manera. Y mientras escuchaba las distintas opiniones de la gente, me disponía a indagar en la mía. Fui la última en compartirla porque la verdad que estaba curiosa en conocer las motivaciones que tienen las personas en tener hijos. Una de las intervenciones me llamo la atención y como solemos decir, me dejó pensando por un buen rato. En resumen la idea era la siguiente: hay que tener hijos porque cuando estemos viejos y sin hijos no habrá nadie que pueda cuidar de nosotros. Además que es a través de nuestros hijos que dejamos algo de nosotros cuando sea la hora de partir. Si nos dedicamos al trabajo solamente, al final de todo, eso no nos hará felices. En fin, no sé como les suene a ustedes pero para mi esto tiene un tinte de egoismo y si tener hijos se trata de pensar en lo que uno quiere o no beneficiarse entonces ese negocio no me llama ni poquito la atención.

Amo trabajar con niños y de hecho siento que ya tengo muchos hijos cuando estoy con ellos. Ese espacio de mi corazón lo ocupan los hijos de otras personas que comparten sus cotidianidades conmigo y cualquier docente sabe la proximidad que se establece cuando son 7 horas como mínimo diarias que estamos cerca de estos seres. Por ahora yo juego con la idea de ser sus madres, de hecho algunos de ellos así lo expresan y yo lo recibo con amor porque todo parece ser un juego sano y limpio. Me imagino que la cuestión cambia y se hace más profunda cuando se trata de tener un hijo. Curiosa estoy de escuchar a mi amiga colombiana que vive en Paris que hace poco dió a luz a un hermoso bebé. Cuando veo las fotos que con frecuencia me envía aparece un sentido maternal que me invita a pensar en las posibilidades, y porque no, en un futuro arriesgarme a esa experiencia. La verdad que este dilema no está resuelto aún en mi interior y puede que el día llegue en que la decisión se tome.

Por el momento mi satisfacción personal la encuentro en otras cosas, en especial en la enseñanza, no solamente la del aula de clases sino la que me motiva a escribir, a compartir con otros, a reflexionar, a viajar, a leer en busca de respuestas y a seguir inmersa en un infinito mar de exploraciones.

domingo, 13 de febrero de 2011

El amor es un misterio que me atrae

Mientras estuve en Colombia me encontraba haciendo un ejercicio reflexivo en torno al Amor, leyendo algunos libros, publicaciones en internet e intercambiando con conocidos los múltiples significados que esta corta palabra encierra. Recogí por parte de muchos que ahora me leen la definición que hasta el momento tenían e insistí en que fuera algo personal. Que esta sea la oportunidad para agradecer el ejercicio y la participación de muchos de ustedes. Sin embargo y temo decepcionarlos con ello, para mi el amor sigue siendo un misterio, pero por muy misterioso que sea me sigue atrayendo cada vez más. A veces me atemoriza como misterio que es, algo asi como la sensación de entrar en una cueva oscura sin saber si está habitada o en algun momento nos toparemos de frente con alguna bestia monstruosa. Otras veces en cambio me atrae con la fuerza de dos imanes que se encuentran cerca.

Valoro y respeto la mirada que cada ser pueda llegar a tener del Amor, desde la simple atracción de dos seres hasta la profunda devoción hacia Dios, desde la solidaridad que nace al ayudar a quien lo necesita hasta el ejercicio individual de amarnos como lo que somos. Mañana se celebra el Día de San Valentín y ello me ha motivado a terminar este escrito que empecé hace algunas semanas atrás. Recuerdo que hace exactamente un año asistí a un curso sobre el Amor queriendo con ello encontrar el amor que se me había esfumado sin aviso alguno. Y de lo poco que recuerdo pues fue lo que insistió la mujer que dirigía el evento, es que la mejor manera de amar es empezar con amarnos a nosotros mismos. Sé que es el mismo cuento que siempre escuchamos y aquí estoy yo esta vez diciendo la misma cosa. El problema es que poco o nada nos han enseñado de esta materia y pareciera que se hablara de un egoismo por el simple hecho de hacer referencia a nuestro propio ser. Pero me he convencido con el paso de los años que entre más nos amamos y aceptamos como somos, entre más vínculo logremos con nuestra propia alma, entre más alimentemos ese mundo interior, entre más escuchemos la voz silenciosa, entre más seamos capaces de mirarnos sin traje alguno y decir a viva voz que nos amamos, solo entonces podremos abrir nuestro corazón y amar a otros.

Amar no solamente a nuestra pareja sino a todos los seres que nos rodean, incluso a aquellos que no conocemos pero que si nos topamos con sus miradas entonces nos damos cuenta que son seres como tú y yo en una lucha constante por vivir y por encontrar sentido en los senderos que hemos decidido explorar. Amar no solamente a otros seres humanos sino también amar a los animales, las plantas, cualquier expresión de la Naturaleza; amar a Dios o lo que para nosotros represente esa entidad Superior; y sobre todo amar la Verdad y seguir en una eterna actitud filosófica no con la idea de saber más sino de vivir con mayor dignidad y coherencia. El amor es esa fuerza que mueve, que impulsa, que renueva, que motiva, que nos hace tomar decisiones y encontrarnos a veces frente a laberintos de dudas y desilusiones. Muchas son las historias de amor en donde un pañuelo no sería suficiente para albergar el dolor, pero muchas también son las conquistas que el hombre ha logrado en nombre del amor. Brindo por la experiencia de un amor generoso y limpio, incondicional y puro, que se ofrece sin temor y sin discriminación alguna.

Que nuestros días nos permitan vivir el Amor en nuestros actos cotidianos, en pequeñas oportunidades que se presentan constantemente en donde podríamos dar cabida al Amor. Que nuestros ojos den bienvenida a construir nuevas y mejores realidades.

viernes, 4 de febrero de 2011

Y dónde queda lo Sagrado?

Hace unos días repasaba algunos textos de filosofía para dictar una de mis clases y como suele suceder, cuando debo organizar las ideas para transmitirlas a otros es cuando más aprendo y cuando mayor conflicto hay si ha de ser algo que no he logrado conquistar internamente. Por eso dicen por ahí que enseñar es aprender dos veces y yo agregaría que no hay mejor manera de aprender que enseñando. No siempre quienes hemos tomado la decisión de enseñar y aportar en la formación de otros es porque estamos totalmente maduros y claros, pero cierta chispa de entusiasmo nos anima a estar frente a otros en un aula pero al mismo tiempo al lado de estos corazones que escuchan sedientos de Ideales filosóficos.

Cuando se habla de lo Sagrado creo ustedes compartirán que se trata de algo especial, importante y sobre todo en conexión con una dimension superior, con aquello que va más allá de nuestro mundo tangible e ilusorio. Mucha prioridad le hemos dado a lo profano, lo ordinario, lo exotérico, lo cotidiano, lo cual no es que sea malo sino que no es suficiente pues no logra de ninguna manera reflejar todo lo que somos. Somos una estructura humana compleja dotados de una esencia divina representada en nuestra alma inmortal. Y así como atendemos con gran afán las necesidades de nuestro cuerpo físico, que sin duda nos exige comida, placer, sexo, descanso, y demás, así mismo debemos ocuparnos por alimentar otros cuerpos menos obvios pero igualmente vitales en nuestro crecimiento y desarrollo. Me atrevo a pensar que este cuerpo físico es un vehículo, el mejor con el que contamos para dar expresión a una semilla atemporal y como toda semilla se requiere de tiempo, disciplina, constancia y esperanza para producir frutos.

Mientras leí encontraba que muchos son los ejemplos de como las civilizaciones antiguas mantenían ese nexo con lo superior, valorando la naturaleza como manifestación de una Mente creadora. Numerosos ritos, ceremonias, celebraciones, ofrendas, construcciones, corroboran la naturalidad con que lo sagrado permeaba lo cotidiano. Y entonces existían espacios sagrados también en donde se podia vibrar y sentir la plenitud de quien se reconoce parte de un todo como lo es una gota en el inmenso océano. Poco nos ha quedado de aquellas épocas y de ahí que de vez en cuando notemos cierto vacío, vacío que no se resuelve en el mercado porque no se trata de algo que se adquiere como quien compra un nuevo traje. De hecho, remover el vacío no tiene precio alguno porque lo sagrado nos pertenece a todos, solamente que lo hemos olvidado.

Que cada uno sepa recuperar y construir espacios mágicos, templos para nuestra alma en donde se nos facilite estar con nosotros mismos y alzar la mirada hacia el cielo. Al hacerlo podremos divisar aquella estrella que aún en la noche más oscura siempre seguirá brillando. Tristemente nuestra sociedad ha promovido una vida más individualista y pocas son las oportunidades en donde nos sentimos como una gran Familia. Que lo Sagrado haga de nuevo aparición para finalmente encontrar sentido a nuestros días, para sentir aquella unión mística con el Cosmos. Hay quienes dicen que la vida es un largo trayecto, no de un punto A a un punto B, sino precisamente un trayecto que nos llevará de nuevo a lo Sagrado.