"Señora de los libros", "Señora de la Escritura",

sábado, 30 de octubre de 2010

El hombre que busco

Un hombre...
con el que pueda construir
con el que pueda ser YO sin miedo a ser juzgada
con el que pueda sonreir, divertirme, reir a carcajadas
con el que pueda explorar la sexualidad sin tabúes y sin temor
con el que pueda leer un texto en compañía con el que pueda compartir unas crispetas y una película romántica
con el que pueda hablar abiertamente de cualquier tema (incluyendo religion, familia, economía)
con el que viaje, cante, baile, cocine, duerma, descubra

Un hombre que sea independiente
que no busque una mamá sino una amante, una compañera de ruta
que tenga sueños y proyectos personales
que tenga inquietudes ante la vida
que se pregunte, que busque respuestas, que siga preguntándose,
que medite, que reflexione, que de vez en cuando escuche su alma para dar prioridad a lo espiritual y lo profundo y no lo superficial

Un hombre que sepa alimentar la relación con detalles
que me sorprenda y que se deje sorprender
que me apoye en mis decisiones
y me haga ver con ternura y con objetividad su punto de vista cuando no comparta mi opinión
que me escuche y me haga partícipe de su mundo interior
que me despierte un día con una canción (aunque no tenga la mejor voz)
o proponga algún plan para pasar el día juntos

Un hombre que tenga la intención – y se note – de conocerse
que no se conforme con lo que es y lo que tiene
que tenga los pies bien puestos en la tierra pero su mirada hacia el horizonte
que no le de miedo de arriesgarse ni a enfrentar cualquier batalla interna
que reconozca sus errores y aprenda de ellos
que sepa discernir con sabiduría ante cualquier situación que se presente….

Un hombre que no sea perfecto pero que tenga deseos de ser mejor,
ese es el HOMBRE que busco con la esperanza que
yo sea la mujer que él busca.

jueves, 28 de octubre de 2010

Lo que el otoño se lleva

Definitivamente el otoño es una estación hermosa. El suelo se viste de colores y los árboles parecen perder su traje sin lamentos, sin dolor porque aunque queden desnudos por unos meses tienen la certeza que volverán a estar rodeados de hojas, flores, pequeñas criaturas, y que por supuesto, tendrán la oportunidad de renacer una vez más. Observo al caminar las tonalidades de estas hojas; percibo el viento frío que me recuerda que el invierno se aproxima; y algo en mi interior se estremece al invitarme a “dejar ir” (let it go), a dejar partir, a soltar todo aquello que a veces tiendo a cargar sin necesidad alguna, y que por el contrario, cuando vuelvo a topármelo entonces se reviven situaciones grises. Me imagino que esto es parte de vivir y que el hecho de movernos en un mundo dual hará que siempre estemos experimentando los extremos: la felicidad y la tristeza, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, el éxito y el fracaso, entre otras.

Mientras seamos protagonistas de esta rueda de la vida, la rueda de Samsara como la llaman en la India, nuestra barca irá navegando hacia extremos y tan solo cuando haya mayor conciencia entonces nuestro navegar será inspirado en armonía, en paz y en plenitud. Cuando veo pasar el tiempo y me confronto a mi misma de nuevo, despiertan multiples inquietudes de las cuales tengo respuestas en construcción. Y cuando llegan otra vez las preguntas, entonces pareciera que tuviera que alimentar a mi mente con alguna explicación racional y lógica, cuando no siempre las encuentro. Pero si en cambio trato de contactar mi voz interior, esa sí sabe y comprende los procesos por los cuales he atravesado, las conquistas y derrotas que mi alma ha vivenciado, las luces y las sombras que son parte de esta manifestación corporal y de este paso por la Tierra.

Que paradójico resulta a veces que lo que muchos han señalado como nuestra mayor expression de evolución y lo que suele diferenciarnos del reino animal, la capacidad mental, es la que muchas veces no termina siendo la major guía. Creo más en la existencia de una sabia voz que ha aprendido, que ha recorrido grandes distancias y ha explorado en distintos tiempos, una voz que me orienta y me recuerda el sentido de mis pasos. Y entonces, si de repente me enfrento a una multitud de dudas, una particular sonrisa se dibuja y mis ojos se empañan porque dentro de mí está lo que busco. Eso que mantengo buscando, eso que a través de mis viajes, de la gente que conozco, de los libros que leo, de las películas que veo, de las canciones que canto, de los templos que visito, de los planes que construyo… eso tan solo se hace visible cuando estoy lista para aceptarlo.

A veces me hubiera gustado ver ciertas cosas algunos años atrás pero todo tiene sentido y esta vida no es más que una larga aventura donde podemos decidir ser héroes cotidianos o simples espectadores. Que el otoño nos permita despedir sin nostalgia lo que debe irse, y que nuestra atención se mantenga abierta a dar la bienvenida a todos esos pequeños mensajes que a diario suelen aparecer en nuestro sendero.

sábado, 28 de agosto de 2010

CUANTA TIERRA NECESITA UN HOMBRE

(Texto abreviado por mi padre Germán Lema)

En “Cuánta tierra necesita un hombre” describe Tolstoy la historia de un campesino honesto que aún habiendo tenido éxito en la vida nunca se sentía satisfecho y quería adquirir más y más propiedades para hacerse rico.

Un día llegó a enterarse que más allá del Volga había una región donde el municipio acostumbraba entregar por mil rublos la tierra que se recorriera durante una jornada, desde la salida del sol hasta que se oscureciera en la tarde. El compromiso por su parte era el de iniciar el recorrido en un punto determinado y regresar a ese mismo punto. De no hacerlo así perdería los mil rublos.

Más se demoró Pajom, que así se llamaba el campesino, en oír esto que en ponerse en marcha.

“Increíble”, pensaba. “Estas gentes desconocen el valor de sus tierras, mejores que las que yo he trabajado antes”. Sin embargo todo el mundo le aseguraba que los funcionarios del municipio respetarían el trato tal como se lo habían prometido.

Así, pues, se fijó el día y el lugar de la partida y muy cumplidamente antes del amanecer llegó Pajom, se quitó el sombrero y puso sobre él los mil rublos requeridos.

“Toda la tierra que abarcas con la vista es de nuestra propiedad y puedes escoger la ruta que quieras. Partirás de aquí y aquí mismo debes regresar. Tuya será la tierra que abarques en tu recorrido”, confirmó el funcionario.

Pajom se quitó la chaqueta, se aseguró el cinturón, colgó de éste una bolsa con pan y una botella de agua. Se arregló las botas y mientras salía el primer rayo de sol observaba que la tierra era buena por todas partes y que le daría igual cualquier dirección que tomase.

Salió el sol y Pajom echó a andar con su azadón al hombro, con paso seguro, ni lento ni rápido. Al poco rato paró, hizo un hoyo y enterró el primer jalón que indicaba visiblemente la ruta que había seguido. Un kilómetro más adelante hizo lo mismo, y así fue adelantando. El calor arreciaba y ya no veía el punto de donde había partido. Calculaba haber recorrido unos cinco kilómetros y sentía que era hora de almorzar.

Se quitó las botas, comió rápidamente, y reemprendió la marcha descalzo pues podía caminar más ligero. Ya llevaba la mitad de la jornada y era hora de pensar en el regreso, pero a medida que avanzaba mejor le parecían las tierras. “¿Cómo no incluir este bosquecito, y aquél valle?” La oportunidad era única. Aunque se sentía cansado no quería recostarse un rato por temor a quedarse dormido, y haciendo una curva prolongada para incluir un laguito inició definitivamente el regreso. Le quedaban cuatro horas todavía y decidió apretar el paso.

Pronto sintió un gran cansancio. Le dolían los pies y le flaqueaban las piernas. Pensaba en descansar pero de hacerlo seguramente no llegaría a la meta. Afortunadamente los rayos del sol ya no caían verticalmente, pero....

“¿Qué será de mi si no alcanzo a regresar? He sido demasiado ambicioso. Lo he echado a perder todo”, pensaba Pajom, y le entró miedo. Se quitó la camisa y la tiró lejos, igual que las botas y la gorra, y también la botella ya vacía.

Al cruzar una depresión le pareció que el sol se había ocultado pero revivieron sus ánimos al llegar a la cima de una colinita desde donde logró divisar la meta. “He adquirido mucha tierra pero no estoy seguro que Dios me permitirá vivir en ella. Creo que todo está perdido”.

Sin embargo un último esfuerzo sería su salvación. Ya divisaba las siluetas de los funcionarios que lo esperaban y oía sus voces que lo animaban a seguir adelante, pero su mente divagaba y se arrepentía de su codicia. El corazón le palpitaba, y casi se le salía del pecho. Veía a las gentes que se reunían para darle la bienvenida, y con un esfuerzo que jamás pensó tener, y al mismo tiempo que se ocultaba el último rayo de sol, pisó la meta y cayó desmayado sobre el sombrero donde había dejado los mil rublos.

“Eres muy valiente y ahora eres muy rico. Has abarcado una gran cantidad de nuestra mejor tierra”, dijo el funcionario jefe.

Cuando acudieron a levantar a Pajom vieron que sangraba por la boca: estaba muerto.

El funcionario ordenó medir su cadáver y cavar el área necesaria para darle sepultura ahí mismo.

lunes, 23 de agosto de 2010

Errores que matan al AMOR

Estando en Barranquilla visitando a un gran amigo – el cual aprecio mucho – me topé curiosamente con este tema, el cual sin duda me llamó la atención. Tal vez porque pienso que he sido igual una de aquellas que cometió errores en su relación aunque preferiría no llamarlos errores porque pienso que conscientemente no se cometen sino que nuestros ojos se tornan ciegos por momentos y nos enredamos en las múltiples situaciones que nos llegan cuando tenemos una pareja. Creo y con mucha más firmeza hoy, que en nuestras manos está el destino aunque no desconozco que hay influencias superiores también como seres espirituales que somos. Eso que se conoce como el Karma no es más que el resultado de nuestros propios actos, así que no deberíamos sorprendernos cuando llegan las victorias y cuando igualmente llegan los fracasos. Y cuando digo esto siento como cae el peso de la responsabilidad de lo que hasta el momento he logrado en mi vida, de la misma manera que aquello que he perdido o se ha simplemente esfumado de entre mis manos.

Leí un texto corto basado en esos errores comunes y para ser sincera no estuve de acuerdo con todos los puntos y me imagino esto hace parte de comprender lo diversos que somos y los muchos colores con que podemos ver las cosas que pasan a nuestro alrededor. No es mi intención realizar un consenso y estar todos de acuerdo, pero si deseo señalar algunos de los aspectos negativos que llevan a una relación a su fin o a una crisis.

- Creer que cambiaremos al otro. Quién somos para disponer de nuestra pareja? Acaso no es mejor concentrarnos en lo que nos corresponde cambiar de nosotros mismos en vez de pretender que sea el otro el que cambie?

- Infidelidad. Si es humano y natural sentirnos atraídos por más de una persona, cómo manejar este principio? Por el momento me reservo a opinar al respecto ya que mi concepto se encuentra en construcción.

- Violencia psicológica. Conocemos al otro a tal punto que tenemos la capacidad de lastimar y manipular a nuestro antojo, lo cual son más que golpes duros.
- Relaciones rápidas. El tiempo es algo relativo y puede que a veces nos basten unos instantes para percibir la nobleza de un alma.

- Miedo a estar solos. Pensar en la soledad suele atemorizarnos aunque es en medio de la soledad que se abren puertas internas que antes no habíamos visto.

- Basar la relación en el aspecto sexual. El sexo se puede llegar a vivir de manera plena y maravillosamente profunda incluyendo sabiamente otros elementos más sublimes.

- Buscar imponerse para dominar al otro. Tendemos a disfrutar de la idea de “mandar” al otro, de insistir en nuestra propia forma ignorando que el otro merece ser reconocido.

- Resolver los problemas en la cama. El sexo puede jugar un papel fundamental pero hay situaciones que requieren mayor atención y la cama no se presta para ello.

- Comparar la relación actual con la anterior. Que incómodo se torna estar en esta actitud de señalar como eran antes las cosas, recordando con nostalgia lo que ya se ha ido. El presente merece una oportunidad de renovación, un empezar de nuevo.

- Permitir que la familia se inmiscuya. No siempre resulta positivo involucrar a otros en algo que es de 2.

- Idealizar a la pareja. Quien toma nuestra mano no es un ser perfecto colmado de virtudes solamente.

He aquí otras ideas pensadas desde mi propia experiencia.
- Altas expectativas. Esperar mucho del otro, de uno, de la relación
- Dificultad en construir en conjunto y ver un destino en común
- No manejo de las diferencias. Intolerancia a lo que no es nuestro pensar
- Rutina y la creencia que los años traen consigo la afirmación en el amor
- Falta de tiempo o más bien, de calidad en los momentos que se destinan para alimentar la relación. El amor por tanto no crece
- Creer que somos mitades buscando completura en el otro. Solo en la medida en que trabajamos en nuestro interior lograremos ofrecer al otro lo mejor de nosotros. No se trata de ir en busca de lo que carecemos.

Y para ti que lees esta reflexión, cuál o cuáles crees que son los errores que matan al amor?

Qué es eso de la magia en los amores múltiples?

No sé si por casualidad o más bien, por causalidad he vuelto a toparme con un libro el cual extrañamente he devorado en 2 días mientras visitaba junto con mi padre a un primo muy cercano de Pereira. Así que además de recorrer la ciudad y regresar a las tierras de Salento, en donde estuve hace algunos años atrás, pude igualmente adentrarme en un tema que no quise comprender ni me llamo la atención cuando mi hermana me lo compartió. He aquí mi primera reflexión: la vida nos ofrece oportunidades pero no siempre estamos atentos ni dispuestos a escuchar. El tema no me sonó y mis preocupaciones estaban en otras cosas. Ahora desde el mismo título del libro me sentí atraída por aprender. ( "Las virtudes del poliamor" de Yves-Alexandre Thalmann ). Comparto casi que cada una de las líneas partiendo por reconocer que "todos estamos inmersos en un universo de atracciones diversas y frecuentes". Pero a medida que vamos creciendo nuestra forma de acercarnos a la relación sentimental nos va ofreciendo un panorama multicolor que puede llegar a desestabilizarnos o por el contrario, a hacernos ver estrellas donde no las hay.

No obstante, son impresionantes los grandes porcentajes de fracaso en las relaciones monógamas, aquellas que la mayoría de nosotros no solamente profesamos sino que aparentemente vivimos al iniciar un vínculo con otro ser. Inconscientemente estamos condicionados a considerar que este tipo de uniones son las únicas, las ideales, las mejores. Sin embargo, la práctica nos muestra las grandes dificultades que ello implica, o no? Será acaso una utopía amar a alguien para toda la vida?
Es que la realidad de cantidades de parejas que se torna casi que imposible vivir esos ideales. Hoy en día son muchas las problemáticas que encontramos: el incremento del comercio sexual en el que para la venta de cualquier objeto o servicio se exhibe una mujer bien dotada físicamente en la mayoría de los casos. Por internet cada vez se promueve más el sexo virtual, los videos pornográficos, entre otras.

Personalmente no juzgo nada que vaya en pro de la sana exploración, la innovación, la creatividad en el conocimiento del ser o en una pareja. Pero estoy en desacuerdo con el detrimento del ser, la valoración que hay del mismo desde su corporalidad y el exceso de cualquier acto que termina en vicio. A esto se suma el concepto de “infidelidad” y del engaño porque se oculta por temor a asumirse y no se cuenta con la claridad y madurez emocional y mental para dar cabida a lo que se conoce como el poliamor. Eso ni se nos ocurre porque suena a libertinaje, a promiscuidad, y finalmente, suena hasta peligroso. Para ser franca mi primera reacción fue: “No he podido con uno, cómo será con más!”. Leyendo este texto comprendo el porque de mi respuesta y el rechazo de muchas personas. Quizás usted en estos momentos se encuentre pensando que el poliamor no es para usted ni nunca lo será. Esta actitud ante el amor no es conveniente para quienes son frágiles de corazón, o más bien, para quienes somos frágiles de corazón.

No pretendo extenderme porque el tema da para más. A qué nos lleva todo esto? A cuestionarnos, diría yo, la concepción que manejamos del AMOR porque si nuestra línea es la relación monógama, hablamos acaso de un amor exclusivo, un amor que no puede abarcar más de uno, un amor egoísta y posesivo donde somos dueño del otro y pertenecemos por lo tanto a ese otro; un amor condicional que se pierde al darse en vez de multiplicarse; un amor en el que vale más la cantidad que la calidad; un amor que muchas veces se basa en la insatisfacción y en la carencia. Y entonces para dónde se fue el AMOR noble y generoso, ese que con frecuencia nos hace suspirar en las películas, ese que nos motiva a iniciar el día, ese que nos hace ver la luz cuando se ha ido. “Ser poliamoroso es abrirse al amor y responder favorablemente cuando se presente” y esto no significa andar buscando con quien pasar la noche sino que abarca el verdadero sentido de dar sin temor y sin esperar, lo cual nos cuesta mucho. Que hermoso sería poder amar sin dejar de ser nosotros mismo sino atreviéndonos a permanecer naturales, sin necesidad de máscara alguna.

Aclaro y comparto que mi posición es cuestionarnos y repensar nuestras relaciones pues he encontrado que los mismos principios del poliamor se pueden aplicar en la monogamia. Se trata del respeto al otro, la comunicación franca, la no posesividad y la igualdad en los géneros. Si bien Freud afirmaba que “todos somos polígamos reprimidos”, yo sigo contenta con la idea de construir vínculos monógamos porque creo que carezco de la comprensión profunda en la práctica de esta posibilidad. Me daré a la tarea de construir inspirada en lo que este texto pudo obsequiarme y lo que yo pude leer entre líneas desde mi poca experiencia.

lunes, 2 de agosto de 2010

Cuando de terminar se trata

He encontrado que escribir un poco sobre mis propios procesos no solamente me permite compartir con otros sino también me exige realizar una mirada retrospectiva de lo que fué para con mayor sabiduría comprender el presente. Y en medio de ello me inspiro en la filosofía budista que se sustenta en la impermanencia de las cosas de este mundo. Así como hay inicios, hay cierres. Así como el sol nos despierta, también se oculta por un tiempo. Así como abrimos nuevas puertas, también cerramos otras, quizás con candados con el propósito consciente de conservar lo que fue bello, lo que fue noble y sigue siendo metafóricamente eterno.

Cuando empecé mi relación tenía 18 – 19 años. Tuve la fortuna de toparme con un sapo que al besar se transformó en un bello príncipe que supo llevarme al cielo en más de una ocasión. Sin ser una princesa juntos construimos castillos donde dimos espacio al amor juvenil y a la complicidad de dos almas inquietas, almas que no se contentaban con las propuestas que veían cercanas a sus cotidianidades. Quienes fueron testigos por los muchos años de esta historia de vida, conocen con más detalles las circunstancias que caracterizaron esta relación. No deja de ser complejo el resumir en líneas los más de 8 años compartidos. Sin embargo, el corazón sabe atesorar aquello que ni el tiempo ni las muchas justificaciones del ego pueden borrar. Basta con cerrar mis ojos por unos instantes para evocar los muchos instantes de luz y de sombra que como pareja la vida nos ofreció y también el karma que juntos fuimos cosechando.

Cuando de terminar se trata se hace frente a una batalla interna que pretende hacerte ver las muchas consecuencias que ello implica ya que durante el tiempo se han creado hábitos, se han establecido vínculos, se han alimentado imágenes, se han planeado proyectos, se ha dado espacio a la confianza, se han visitado tantos espacios y se han compartido tantas fechas, se ha pensado y sentido tanto que incluso nos perdemos en el otro ser y dejamos de ser quienes somos.

Cuando de terminar se trata se encuentra uno frente a sí mismo, sólo de nuevo, frente a lo que verdaderamente somos. Ya no hay a quien culpar, ya no hay víctimas sino responsables de actos humanos, de procesos en los que interiormente crecemos de manera significativa porque parte de nuestra propia experiencia y no de lo que otros nos han dicho o de lo que hemos escuchado o hasta leído por ahí en algún momento. Ya ni siquiera son las voces de nuestros padres transmitiendo sus vivencias sino que son voces internas de un alma que solamente madura por medio de las múltiples circunstancias terrenales.

Cuando de terminar se trata el ego se arma de razones, señala listas de motivos para justificar e identificar diferencias, aquellas que generan las fricciones entre los seres humanos y nos llevan a que finalmente se diga: “basta! y se acabó”. Es el ego el que fácilmente hace aparición, el que lastima, el que permite sentirse lastimado. Pero más allá de ello, somos seres de luz y claridad que tan sólo por medio de tomar decisiones hacemos frente a nuevos retos y situaciones que no dan espera porque van fluyendo como el río fluye con sus aguas.

Cuando de terminar se trata se comprende con mayor fuerza que en esta vida son pocas las cosas que son eternas aunque nuestra esencia lo sea. Pero puede ser que nos cueste construir esos vínculos inmortales con otros seres porque en ello juega un papel fundamental la convivencia, la construcción colectiva, la negociación, y por supuesto, la libertad de ser quienes creemos que somos. Ser naturales, ser nosotros mismos frente a los demás es una tarea que me resulta en este momento más importante que antes.

Cuando de terminar se trata hay que realizar una limpieza interna y externa; una renovación que te permita respirar de nuevo el aire de vida que se impregna en cada cosa que nos rodea. Sólo así se encuentra la determinación de seguir adelante, mostrando sonrisas cuando hay motivos – los cuales son muchos – y compartiendo nuestras lágrimas también. Somos todo ello y es hermoso que así sea porque tiene su sentido aunque muchas veces nos cueste estar de acuerdo con esto al estar atravesando alguna dificultad.

Cuando de terminar se trata el corazón tiende a cerrarse temporalmente con temor a permitir que sea otro quien se adueñe de él y entonces el camino se torna un poco incierto, los pasos temerosos muestran alguien que ha amado y no cree inicialmente que cuente con la posibilidad de volver a amar. Sin embargo, por más oscura que sea la noche, el Sol siempre hará aparición al día siguiente y he ahí la esperanza de volver a renacer. De lo contrario, no habría mayor motivación ni sentido en esperar ni en continuar caminando.

No deseo extenderme porque si hay algo que he aprendido en los últimos meses es que cada quien tiene que vivir, a cada uno de nosotros la vida nos tiene una serie de experiencias que son las que nos corresponden y no hay duda en que en nuestro interior contamos con las armas necesarias para salir victoriosos. Y aclaro, victoria no es siempre ganar sino aprender.

Cuando de terminar se trata se pasa una hoja del libro y se cierra un capítulo de vida. Y yo, la misma que ustedes ya conocen, seguiré creyendo en los príncipes azules porque alguna vez tuve uno en mis brazos y si bien ya no lo está en estos momentos, me alegra alimentar la idea que habrán nuevos castillos si me dispongo a explorar los muchos y nuevos horizontes que se abren ante mis ojos de mujer.

jueves, 22 de julio de 2010

Reflexiones inspiradas en la filosofía budista

Mientras hablaba de Buda y compartía con otras personas las enseñanzas de este Maestro Espiritual venían muchas ideas a mi mente de lo que es la vida, de cómo nos resulta tan complejo comprender que las cosas en este mundo son pasajeras. Todo viene y se va, llega y parte, sin que podamos hacer nada al respecto porque esa es la naturaleza de este mundo material en el que estamos inmersos. Tan solo la esencia del ser permanecerá y para quienes creemos que a este mundo hemos de regresar, pues esta esencia encontrará de nuevo la forma de manifestarse para seguir un proceso evolutivo y de crecimiento. Solemos poner nuestra felicidad en manos de objetos, de situaciones, de seres que nos rodean; y entonces cuando algo de esto nos falta o nos falla pareciera que estuviéramos condenamos a sufrir, a recorrer la senda de la infelicidad.

La felicidad es un estado interno al que se llega sin dependencia alguna en el mundo externo – o por lo menos a esa conclusión he llegado hasta el momento después de leer a Buda y de recordar algunas palabras sabias de Plotino. Pero como no estamos muy conscientes de la realidad, de aquello a lo que llamamos real, pues terminamos apegándonos a lo ilusorio y pasajero. Un día no planeado la vida nos muestra que se trata de una rueda – la rueda del Samsara – en donde hay subidas y bajadas, nacimientos y muertes, luces y sombras, días y noches, triunfos y derrotas, y así sucesivamente. Una rueda en la que estamos destinados a permanecer mientras no hayamos alcanzado la liberación o lo que los budistas conocen como el Nirvana. Y no por ello debemos sentir que no hay al respecto por hacer, sino por el contrario, el ejercicio es estar conscientes de nuestra actitud, de nuestras reacciones, de nuestras justificaciones para hacer o no hacer algo, de nuestras tendencias a reproducir lo que el sistema nos vende o lo que hemos heredado de nuestros padres.
Afortunados aquellos que pueden ver más allá de la superficie para divisar a lo lejos las estrellas, aquellas que nos guiarán a las profundidades de nuestro ser.

Quisiera igualmente compartir algunos ejercicios que pueden llegar a ser útiles para quienes deseen acercarse a la filosofía budista o simplemente experimentar un poco con el objetivo de Despertar.

• Caminata consciente: aquellos recorridos que hacemos a diario a pie los podemos aprovechar para estar en contacto con nosotros y descubrir que hay rincones que aún no hemos explorado en nuestro interior.

• Preguntarnos: Es realmente cierto? A veces hay ideas que rondan en nuestra cabeza sobre algún comentario, alguna situación en particular, etc. En vez de seguir alimentando esta idea, podemos hacer un alto y preguntarnos si eso es cierto. Muchas veces nos damos cuenta que no vale la pena desgastarnos con juicios destructivos que otros hacen para con nosotros.

• Diario: al final del día escribir unos breves renglones sobre algo que hayamos notado en particular, algún aprendizaje, alguna inquietud, alguna reflexión. Regresar con el tiempo y leer aquello que hemos escrito no solamente es interesante sino que nos permite ser cómplices de nuestro propio proceso.

• Meditación o momento mágico: concentrarnos en la respiración y trayendo de nuevo nuestra atención cuando la mente se dispersa y se haya viajando por los múltiples pasadizos con los que juega. Se recomiendo hacer un conteo de 1 a 8 y regresar de 8 a 1 y así seguir. Contar nos ayuda a centrarnos más.

• Dieta cultural: asistir a eventos culturales, a presentaciones de ballet, de ópera, visitar museos, galerías de arte, bibliotecas, ir a charlas, a talleres, a cine. Todo lo anterior nos alimenta y nos nutre de una manera positiva.

• Lo que no quiero cambiar: para identificar nuestras luces es bueno tomarnos el tiempo para hacer un listado de aquello que no queremos cambiar. Estas son nuestras piedras fuertes en las que podemos sostenernos mientras trabajamos en las sombras que también hacen parte del paquete con el que venimos.

• Salir al campo: buscar espacios en los que podamos estar en contacto con la naturaleza para recargarnos de energía. La naturaleza es un libro abierto para aquel que está dispuesto a leer las maravillas de la vida. Observar un árbol, un camino de hormigas, una gota de rocío, el sol ocultándose para dar bienvenida a la noche; observar y compartir con nuestra tierra es vital.

• 1 acto consciente: escoger a diario un acto en el cual queramos practicar la presencia consciente. Puede ser lavando los platos, cepillándonos los dientes, comiendo, cocinando, entre otras. Durante ese periodo que no debe ser muy largo, nos proponemos vivirlo a plenitud.

• Atención a nuestros monólogos: nuestra mente es increíble y con frecuencia nos ofrece una serie de películas de drama que si estamos atentos podemos darle un final feliz en vez de alimentar esos diálogos que nos acostumbramos a tener.

Deseando que cada uno sepa encontrar el camino adecuado para encontrarse a sí mismo, la cual parece ser una tarea de nunca acabar.