martes, 29 de marzo de 2011
Nuestra capacidad de asombro
Hace unos días uno de mis alumnos me trajo, con cara de sorpresa, unas hojas rojas que había encontrado en el jardín donde solemos jugar a diario, nuestro “jardín secreto”. Sus ojos casi que brillaban al haberse topado con aquel tesoro natural que alguno de los árboles le obsequiaba. Y más fue su alegría cuando le dije que las guardara en su bolsillo, obteniendo así mi permiso como “adulto” para llevarse a casa aquellas hojas que quizás ya habían culminado su ciclo y ahora se convertían en un nuevo juguete con dueño. No sé a dónde fueron a parar las hojas pues si aquel niño olvidó sacarlas de su bolsillo, puede que hayan recibido un baño en la lavadora o si fueron descubiertas antes por un adulto seguro que a la basura fueron a dar.
Poco es el asombro que nos queda y me pregunto, quién se lo ha llevado o por qué lo hemos permitido. Qué hará que dejemos de ser niños con mentes curiosas y manos exploradoras? Qué es lo que nos trae el crecer y madurar? Por qué nos permitimos que los años nos arrebaten el deseo curioso por ver más allá de lo material? Casi que a diario y gracias a mi profesión observo muchos niños que por instantes se transforman en guerreros al sostener una rama que se convierte en espada; otros viajan por el espacio y visitan otros planetas; otros tocan lombrices sin temor alguno o cogen mariquitas como si tuvieran el mundo en sus manos; otros en cambio son super héroes que gozan de poderes sobrenaturales, luchando contra los villanos. Todos son seres de luz que a través de sus ojos y sus sonrisas me regalan esperanza, nobleza e inocencia. Muchas son las ocasiones en las que me siento de nuevo viva con su sola presencia. Sería maravilloso entrenar a nuestra mente para que vea las cosas como por primera vez, como quien observa una flor que nunca antes ha visto y se detiene para admirar cada pequeño detalle, su color, su tamaño, su textura, su aroma, su delicadeza, su simetría, entre otras. Pero resulta que nuestra mente se encuentra repleta de juicios, de categorizaciones, de paradigmas, de instrucciones que otros nos han dado, de conceptos transmitidos por los medios, y entonces poco espacio queda para la sorpresa y el asombro.
Casi todo termina por ser parte de lo que ya conocemos, de nuestra rutina diaria y es así como cortamos cualquier posibilidad de ver y acercarnos a algo con la mente nueva, limpia y abierta. El intentar recuperar aquello que hemos perdido no solamente es importante sino que además lo profano y ordinario termina generando suspiros e inspiración. Y al caminar nos detenemos a observar la creatividad del ser humano en cada construcción; vemos la expresión de la geometría en una concha marina; vemos la ciclicidad de la vida y la muerte en el día y en la noche; vemos lo sagrado en cada templo, cueva, cima, fuente, río; vemos la diversidad en los rostros con los que nos topamos a diario; vemos lo infinito del universo al contemplar una constelación; vemos u oímos la sinfonía que hay detrás de cada palabra pronunciada, y así es como vemos nuevas luces en donde aparentemente solo había oscuridad. Sólo cuando nuestra alma desee seremos capaces de ver más que la cortina de ilusión en los que los amos de la caverna nos han envuelto.
martes, 22 de marzo de 2011
Qué le pasa al mundo?
En las últimas semanas me he venido haciendo la misma pregunta pero creo no haber encontrado la respuesta aún. Nunca he sido fan de leer periódicos ni de estar pendiente de las noticias pues debo reconocer que sin duda alguna no las encuentro para nada positivas ni alentadoras. A veces lo hago con el objetivo de estar al tanto de la problemática mundial pero lo único que consigo después de hacerlo es retirarme a estados en los que la tristeza y la impotencia rondan sin parar. Considero que a la luz de la filosofía antigua – la cual no tiene que ver con la filosofía académica moderna - hay una lección detrás de cada situación, por dura, cruel o aterradora que nos parezca. Sin embargo esta vez siento que el límite de comprender el sufrimiento humano está por colapsar. Recuerdo ahora a Buda, quien dedicó su vida a encontrar la razón del sufrimiento y propuso un camino recto como medio de evitar los extremos, los cuales son parte de este mundo dual pero nos impulsan a vivir experiencias extremas alejándonos del equilibrio inicial.
Mi corazón se contrae y llora cuando escucho casos en los que el ser humano es violento y destructivo, en donde poco o nada nos importa arrebatar vidas humanas o pisotear a muchos en beneficio de unos cuantos, en donde las palabras no sirven y se reemplazan con armas; y por supuesto, casos en donde la naturaleza provoca catástrofes como las de Japón y Nueva Zelandia, mostrándonos su poder y fuerza. Imágenes que me evocaban películas antes vistas, películas que son ahora realidad en muchas partes y que quienes tenemos el privilegio de no estar afectados solemos ignorar u olvidar. Comentarios de todo tipo surgen y me cuestiono la validez que tienen: que no hay forma de evitar estos desastres, que eso del cambio ambiental es puro cuento, que peores cosas se acercan, que el hombre es violento por naturaleza, que el planeta se expresa como consecuencia del mucho daño que le hemos hecho, que solamente a través de tragedias y adversidad es que nos volvemos más sensibles, solidarios y generosos, que este año astrológicamente trae numerosos cambios, en fin, muchas son las miradas que pueden ser valoradas en torno a nuestra realidad social.
Quisiera quedarme con la más positiva, con aquella que nos recuerde lo importante que es que seamos conscientes de nuestros actos e incluso de nuestros pensamientos porque con ellos podemos irradiar luz o esparcir odio. Reflexionaba un poco en lo transitorio que es nuestra existencia y en el papel que juega nuestro deseo de poseer cosas, de guardar recuerdos materiales, de acumular posesiones, que en el caso de muchos en Japón lo han perdido todo. Todo en cuanto a lo que podemos ver con estos ojos físicos, pero no lo que en nuestra alma habita porque de este espacio sagrado nosotros somos los amos. Sepamos mantener el fuego interno encendido, enviemos luz a aquellos que no la tienen, amor a quienes solo conocen la maldad, perdón a quienes nos han herido con o sin intención, humildad para reconocer nuestras faltas, y por encima de todo, de cualquier situación que debamos atravesar como humanidad, mantengamos la esperanza y la sonrisa siempre lista para quien está a nuestro lado porque finalmente todos somos tripulantes de una misma barca.
jueves, 17 de febrero de 2011
El dilema de tener hijos
Hace días hablaba con algunos amigos del tema y debo resaltar que en aquel grupo yo era la más jóven y eso que ya tengo casi 28. Sé que muchos son los compañeros de colegio o de Universidad que ya han dado ese paso o por lo menos ya se han casado y para ser sincera poco o nada sé si son felices, si la vida les sonríe – espero de corazón que así sea. Mi caso es algo distinto, quizás porque no siento el afán que hace algunos años llegué a sentir. A mis 25 años decidí viajar al extranjero, no sin ello sentir el dolor de dejar mi país porque son muchos los vínculos que sigo teniendo con Colombia. Mis viajes y mi estadía en Londres es lo único que tengo para ofrecerles porque ni esposo ni hijos tengo en mis planes por el momento.
Me cuestiono hasta que punto podemos seguir nuestra llamada interior en vez de seguir la lista social de cosas que deben hacerse, cosas que deben lograrse en ciertas edades. La idea de estudiar, trabajar, dejar el hogar, buscar una pareja, tener hijos, mantener el hogar a costa de la propia felicidad, ver crecer a nuestros hijos, seguir trabajando, sufrir con las decisiones que nuestros hijos toman, buscar espacios para ocuparnos cuando ya no estemos trabajando, y esperar la llegada de la muerte, orando para que sea de la mejor manera. Y mientras escuchaba las distintas opiniones de la gente, me disponía a indagar en la mía. Fui la última en compartirla porque la verdad que estaba curiosa en conocer las motivaciones que tienen las personas en tener hijos. Una de las intervenciones me llamo la atención y como solemos decir, me dejó pensando por un buen rato. En resumen la idea era la siguiente: hay que tener hijos porque cuando estemos viejos y sin hijos no habrá nadie que pueda cuidar de nosotros. Además que es a través de nuestros hijos que dejamos algo de nosotros cuando sea la hora de partir. Si nos dedicamos al trabajo solamente, al final de todo, eso no nos hará felices. En fin, no sé como les suene a ustedes pero para mi esto tiene un tinte de egoismo y si tener hijos se trata de pensar en lo que uno quiere o no beneficiarse entonces ese negocio no me llama ni poquito la atención.
Amo trabajar con niños y de hecho siento que ya tengo muchos hijos cuando estoy con ellos. Ese espacio de mi corazón lo ocupan los hijos de otras personas que comparten sus cotidianidades conmigo y cualquier docente sabe la proximidad que se establece cuando son 7 horas como mínimo diarias que estamos cerca de estos seres. Por ahora yo juego con la idea de ser sus madres, de hecho algunos de ellos así lo expresan y yo lo recibo con amor porque todo parece ser un juego sano y limpio. Me imagino que la cuestión cambia y se hace más profunda cuando se trata de tener un hijo. Curiosa estoy de escuchar a mi amiga colombiana que vive en Paris que hace poco dió a luz a un hermoso bebé. Cuando veo las fotos que con frecuencia me envía aparece un sentido maternal que me invita a pensar en las posibilidades, y porque no, en un futuro arriesgarme a esa experiencia. La verdad que este dilema no está resuelto aún en mi interior y puede que el día llegue en que la decisión se tome.
Por el momento mi satisfacción personal la encuentro en otras cosas, en especial en la enseñanza, no solamente la del aula de clases sino la que me motiva a escribir, a compartir con otros, a reflexionar, a viajar, a leer en busca de respuestas y a seguir inmersa en un infinito mar de exploraciones.
Me cuestiono hasta que punto podemos seguir nuestra llamada interior en vez de seguir la lista social de cosas que deben hacerse, cosas que deben lograrse en ciertas edades. La idea de estudiar, trabajar, dejar el hogar, buscar una pareja, tener hijos, mantener el hogar a costa de la propia felicidad, ver crecer a nuestros hijos, seguir trabajando, sufrir con las decisiones que nuestros hijos toman, buscar espacios para ocuparnos cuando ya no estemos trabajando, y esperar la llegada de la muerte, orando para que sea de la mejor manera. Y mientras escuchaba las distintas opiniones de la gente, me disponía a indagar en la mía. Fui la última en compartirla porque la verdad que estaba curiosa en conocer las motivaciones que tienen las personas en tener hijos. Una de las intervenciones me llamo la atención y como solemos decir, me dejó pensando por un buen rato. En resumen la idea era la siguiente: hay que tener hijos porque cuando estemos viejos y sin hijos no habrá nadie que pueda cuidar de nosotros. Además que es a través de nuestros hijos que dejamos algo de nosotros cuando sea la hora de partir. Si nos dedicamos al trabajo solamente, al final de todo, eso no nos hará felices. En fin, no sé como les suene a ustedes pero para mi esto tiene un tinte de egoismo y si tener hijos se trata de pensar en lo que uno quiere o no beneficiarse entonces ese negocio no me llama ni poquito la atención.
Amo trabajar con niños y de hecho siento que ya tengo muchos hijos cuando estoy con ellos. Ese espacio de mi corazón lo ocupan los hijos de otras personas que comparten sus cotidianidades conmigo y cualquier docente sabe la proximidad que se establece cuando son 7 horas como mínimo diarias que estamos cerca de estos seres. Por ahora yo juego con la idea de ser sus madres, de hecho algunos de ellos así lo expresan y yo lo recibo con amor porque todo parece ser un juego sano y limpio. Me imagino que la cuestión cambia y se hace más profunda cuando se trata de tener un hijo. Curiosa estoy de escuchar a mi amiga colombiana que vive en Paris que hace poco dió a luz a un hermoso bebé. Cuando veo las fotos que con frecuencia me envía aparece un sentido maternal que me invita a pensar en las posibilidades, y porque no, en un futuro arriesgarme a esa experiencia. La verdad que este dilema no está resuelto aún en mi interior y puede que el día llegue en que la decisión se tome.
Por el momento mi satisfacción personal la encuentro en otras cosas, en especial en la enseñanza, no solamente la del aula de clases sino la que me motiva a escribir, a compartir con otros, a reflexionar, a viajar, a leer en busca de respuestas y a seguir inmersa en un infinito mar de exploraciones.
domingo, 13 de febrero de 2011
El amor es un misterio que me atrae
Mientras estuve en Colombia me encontraba haciendo un ejercicio reflexivo en torno al Amor, leyendo algunos libros, publicaciones en internet e intercambiando con conocidos los múltiples significados que esta corta palabra encierra. Recogí por parte de muchos que ahora me leen la definición que hasta el momento tenían e insistí en que fuera algo personal. Que esta sea la oportunidad para agradecer el ejercicio y la participación de muchos de ustedes. Sin embargo y temo decepcionarlos con ello, para mi el amor sigue siendo un misterio, pero por muy misterioso que sea me sigue atrayendo cada vez más. A veces me atemoriza como misterio que es, algo asi como la sensación de entrar en una cueva oscura sin saber si está habitada o en algun momento nos toparemos de frente con alguna bestia monstruosa. Otras veces en cambio me atrae con la fuerza de dos imanes que se encuentran cerca.
Valoro y respeto la mirada que cada ser pueda llegar a tener del Amor, desde la simple atracción de dos seres hasta la profunda devoción hacia Dios, desde la solidaridad que nace al ayudar a quien lo necesita hasta el ejercicio individual de amarnos como lo que somos. Mañana se celebra el Día de San Valentín y ello me ha motivado a terminar este escrito que empecé hace algunas semanas atrás. Recuerdo que hace exactamente un año asistí a un curso sobre el Amor queriendo con ello encontrar el amor que se me había esfumado sin aviso alguno. Y de lo poco que recuerdo pues fue lo que insistió la mujer que dirigía el evento, es que la mejor manera de amar es empezar con amarnos a nosotros mismos. Sé que es el mismo cuento que siempre escuchamos y aquí estoy yo esta vez diciendo la misma cosa. El problema es que poco o nada nos han enseñado de esta materia y pareciera que se hablara de un egoismo por el simple hecho de hacer referencia a nuestro propio ser. Pero me he convencido con el paso de los años que entre más nos amamos y aceptamos como somos, entre más vínculo logremos con nuestra propia alma, entre más alimentemos ese mundo interior, entre más escuchemos la voz silenciosa, entre más seamos capaces de mirarnos sin traje alguno y decir a viva voz que nos amamos, solo entonces podremos abrir nuestro corazón y amar a otros.
Amar no solamente a nuestra pareja sino a todos los seres que nos rodean, incluso a aquellos que no conocemos pero que si nos topamos con sus miradas entonces nos damos cuenta que son seres como tú y yo en una lucha constante por vivir y por encontrar sentido en los senderos que hemos decidido explorar. Amar no solamente a otros seres humanos sino también amar a los animales, las plantas, cualquier expresión de la Naturaleza; amar a Dios o lo que para nosotros represente esa entidad Superior; y sobre todo amar la Verdad y seguir en una eterna actitud filosófica no con la idea de saber más sino de vivir con mayor dignidad y coherencia. El amor es esa fuerza que mueve, que impulsa, que renueva, que motiva, que nos hace tomar decisiones y encontrarnos a veces frente a laberintos de dudas y desilusiones. Muchas son las historias de amor en donde un pañuelo no sería suficiente para albergar el dolor, pero muchas también son las conquistas que el hombre ha logrado en nombre del amor. Brindo por la experiencia de un amor generoso y limpio, incondicional y puro, que se ofrece sin temor y sin discriminación alguna.
Que nuestros días nos permitan vivir el Amor en nuestros actos cotidianos, en pequeñas oportunidades que se presentan constantemente en donde podríamos dar cabida al Amor. Que nuestros ojos den bienvenida a construir nuevas y mejores realidades.
Valoro y respeto la mirada que cada ser pueda llegar a tener del Amor, desde la simple atracción de dos seres hasta la profunda devoción hacia Dios, desde la solidaridad que nace al ayudar a quien lo necesita hasta el ejercicio individual de amarnos como lo que somos. Mañana se celebra el Día de San Valentín y ello me ha motivado a terminar este escrito que empecé hace algunas semanas atrás. Recuerdo que hace exactamente un año asistí a un curso sobre el Amor queriendo con ello encontrar el amor que se me había esfumado sin aviso alguno. Y de lo poco que recuerdo pues fue lo que insistió la mujer que dirigía el evento, es que la mejor manera de amar es empezar con amarnos a nosotros mismos. Sé que es el mismo cuento que siempre escuchamos y aquí estoy yo esta vez diciendo la misma cosa. El problema es que poco o nada nos han enseñado de esta materia y pareciera que se hablara de un egoismo por el simple hecho de hacer referencia a nuestro propio ser. Pero me he convencido con el paso de los años que entre más nos amamos y aceptamos como somos, entre más vínculo logremos con nuestra propia alma, entre más alimentemos ese mundo interior, entre más escuchemos la voz silenciosa, entre más seamos capaces de mirarnos sin traje alguno y decir a viva voz que nos amamos, solo entonces podremos abrir nuestro corazón y amar a otros.
Amar no solamente a nuestra pareja sino a todos los seres que nos rodean, incluso a aquellos que no conocemos pero que si nos topamos con sus miradas entonces nos damos cuenta que son seres como tú y yo en una lucha constante por vivir y por encontrar sentido en los senderos que hemos decidido explorar. Amar no solamente a otros seres humanos sino también amar a los animales, las plantas, cualquier expresión de la Naturaleza; amar a Dios o lo que para nosotros represente esa entidad Superior; y sobre todo amar la Verdad y seguir en una eterna actitud filosófica no con la idea de saber más sino de vivir con mayor dignidad y coherencia. El amor es esa fuerza que mueve, que impulsa, que renueva, que motiva, que nos hace tomar decisiones y encontrarnos a veces frente a laberintos de dudas y desilusiones. Muchas son las historias de amor en donde un pañuelo no sería suficiente para albergar el dolor, pero muchas también son las conquistas que el hombre ha logrado en nombre del amor. Brindo por la experiencia de un amor generoso y limpio, incondicional y puro, que se ofrece sin temor y sin discriminación alguna.
Que nuestros días nos permitan vivir el Amor en nuestros actos cotidianos, en pequeñas oportunidades que se presentan constantemente en donde podríamos dar cabida al Amor. Que nuestros ojos den bienvenida a construir nuevas y mejores realidades.
viernes, 4 de febrero de 2011
Y dónde queda lo Sagrado?
Hace unos días repasaba algunos textos de filosofía para dictar una de mis clases y como suele suceder, cuando debo organizar las ideas para transmitirlas a otros es cuando más aprendo y cuando mayor conflicto hay si ha de ser algo que no he logrado conquistar internamente. Por eso dicen por ahí que enseñar es aprender dos veces y yo agregaría que no hay mejor manera de aprender que enseñando. No siempre quienes hemos tomado la decisión de enseñar y aportar en la formación de otros es porque estamos totalmente maduros y claros, pero cierta chispa de entusiasmo nos anima a estar frente a otros en un aula pero al mismo tiempo al lado de estos corazones que escuchan sedientos de Ideales filosóficos.
Cuando se habla de lo Sagrado creo ustedes compartirán que se trata de algo especial, importante y sobre todo en conexión con una dimension superior, con aquello que va más allá de nuestro mundo tangible e ilusorio. Mucha prioridad le hemos dado a lo profano, lo ordinario, lo exotérico, lo cotidiano, lo cual no es que sea malo sino que no es suficiente pues no logra de ninguna manera reflejar todo lo que somos. Somos una estructura humana compleja dotados de una esencia divina representada en nuestra alma inmortal. Y así como atendemos con gran afán las necesidades de nuestro cuerpo físico, que sin duda nos exige comida, placer, sexo, descanso, y demás, así mismo debemos ocuparnos por alimentar otros cuerpos menos obvios pero igualmente vitales en nuestro crecimiento y desarrollo. Me atrevo a pensar que este cuerpo físico es un vehículo, el mejor con el que contamos para dar expresión a una semilla atemporal y como toda semilla se requiere de tiempo, disciplina, constancia y esperanza para producir frutos.
Mientras leí encontraba que muchos son los ejemplos de como las civilizaciones antiguas mantenían ese nexo con lo superior, valorando la naturaleza como manifestación de una Mente creadora. Numerosos ritos, ceremonias, celebraciones, ofrendas, construcciones, corroboran la naturalidad con que lo sagrado permeaba lo cotidiano. Y entonces existían espacios sagrados también en donde se podia vibrar y sentir la plenitud de quien se reconoce parte de un todo como lo es una gota en el inmenso océano. Poco nos ha quedado de aquellas épocas y de ahí que de vez en cuando notemos cierto vacío, vacío que no se resuelve en el mercado porque no se trata de algo que se adquiere como quien compra un nuevo traje. De hecho, remover el vacío no tiene precio alguno porque lo sagrado nos pertenece a todos, solamente que lo hemos olvidado.
Que cada uno sepa recuperar y construir espacios mágicos, templos para nuestra alma en donde se nos facilite estar con nosotros mismos y alzar la mirada hacia el cielo. Al hacerlo podremos divisar aquella estrella que aún en la noche más oscura siempre seguirá brillando. Tristemente nuestra sociedad ha promovido una vida más individualista y pocas son las oportunidades en donde nos sentimos como una gran Familia. Que lo Sagrado haga de nuevo aparición para finalmente encontrar sentido a nuestros días, para sentir aquella unión mística con el Cosmos. Hay quienes dicen que la vida es un largo trayecto, no de un punto A a un punto B, sino precisamente un trayecto que nos llevará de nuevo a lo Sagrado.
Cuando se habla de lo Sagrado creo ustedes compartirán que se trata de algo especial, importante y sobre todo en conexión con una dimension superior, con aquello que va más allá de nuestro mundo tangible e ilusorio. Mucha prioridad le hemos dado a lo profano, lo ordinario, lo exotérico, lo cotidiano, lo cual no es que sea malo sino que no es suficiente pues no logra de ninguna manera reflejar todo lo que somos. Somos una estructura humana compleja dotados de una esencia divina representada en nuestra alma inmortal. Y así como atendemos con gran afán las necesidades de nuestro cuerpo físico, que sin duda nos exige comida, placer, sexo, descanso, y demás, así mismo debemos ocuparnos por alimentar otros cuerpos menos obvios pero igualmente vitales en nuestro crecimiento y desarrollo. Me atrevo a pensar que este cuerpo físico es un vehículo, el mejor con el que contamos para dar expresión a una semilla atemporal y como toda semilla se requiere de tiempo, disciplina, constancia y esperanza para producir frutos.
Mientras leí encontraba que muchos son los ejemplos de como las civilizaciones antiguas mantenían ese nexo con lo superior, valorando la naturaleza como manifestación de una Mente creadora. Numerosos ritos, ceremonias, celebraciones, ofrendas, construcciones, corroboran la naturalidad con que lo sagrado permeaba lo cotidiano. Y entonces existían espacios sagrados también en donde se podia vibrar y sentir la plenitud de quien se reconoce parte de un todo como lo es una gota en el inmenso océano. Poco nos ha quedado de aquellas épocas y de ahí que de vez en cuando notemos cierto vacío, vacío que no se resuelve en el mercado porque no se trata de algo que se adquiere como quien compra un nuevo traje. De hecho, remover el vacío no tiene precio alguno porque lo sagrado nos pertenece a todos, solamente que lo hemos olvidado.
Que cada uno sepa recuperar y construir espacios mágicos, templos para nuestra alma en donde se nos facilite estar con nosotros mismos y alzar la mirada hacia el cielo. Al hacerlo podremos divisar aquella estrella que aún en la noche más oscura siempre seguirá brillando. Tristemente nuestra sociedad ha promovido una vida más individualista y pocas son las oportunidades en donde nos sentimos como una gran Familia. Que lo Sagrado haga de nuevo aparición para finalmente encontrar sentido a nuestros días, para sentir aquella unión mística con el Cosmos. Hay quienes dicen que la vida es un largo trayecto, no de un punto A a un punto B, sino precisamente un trayecto que nos llevará de nuevo a lo Sagrado.
martes, 18 de enero de 2011
Nunca es demasiado tarde para soñar
Un nuevo año ha iniciado y con el nuevo concepto que manejamos de tiempo y espacio en nuestra sociedad moderna, si no abrimos los ojos ahora nos encontraremos en diciembre con una expresión de sorpresa que suelo escuchar con frecuencia: “Pero como se fue de rápido este año!”, “Hace nada estábamos celebrando el año nuevo y se pasó volando!”. Puede que detrás de esa sensación que a veces nos invade haya algo de cierto pues los advances tecnológicos han tenido bastante impacto y han cambiado de forma significativa nuestra cotidianidad. Estoy segura que mi padre ha sido testigo de una gran cantidad de inventos e innovaciones y en ocasiones se sigue asombrando al ver una memoria USB que contiene todos los archivos del computador. Para quienes somos jóvenes y para las futuras generaciones hay mayor capacidad de comprender el lenguaje de lo virtual y lo electrónico. Sin embargo, es aquí mi punto de mayor reflexión, no siempre contamos con la disciplina – lo cual solemos atribuir a la falta de tiempo – para sentarnos a pensar en aquello que queremos. Cuan importante es soñar libremente hasta donde nuestras alas se extiendan en un horizonte de posibilidades infinitas. Cada cierre de año representa un ciclo que culmina así como una oportunidad de renovación que solemos pasar por alto reemplazándola por celebraciones, festejos, regalos, banquetes, tarjetas, vacaciones, entre otras. Y entonces y con mucha frecuencia nuestros sueños y proyectos se quedan escondidos en aquel baúl sin fondo que si no nos atrevemos a mirar, terminaremos por olvidar que existe.
Nuestra vida está inspirada en aquello que queremos hacer de ella y si bien no siempre contamos con la claridad absoluta pues nuestra naturaleza humana es cambiante y compleja, considero que es esencial darnos el espacio para indagar en nuestras propias convicciones. Porque es ahí cuando nuestros pasos adquieren sentido y despertar a diario no es un trabajo arduo y tedioso sino fácilmente sonreímos ante el Sol que se ha vuelto cómplice de nuestros nuevos propósitos. Y cuando llegue el momento en que las dudas o el temor hagan presencia, que mejor que mirar hacia dentro de nosotros porque es ahí donde habitan las respuestas, respuestas que a veces no son visibles cuando damos prioridad a la personalidad y nos identificamos con la parte más densa y tangible de nuestro ser, dejando de lado nuestra esencia divina y espiritual. Soñar es un acto que todos disfrutamos ya que la mente suele viajar sin límite alguno para ser, tener y hacer lo que queremos. No se trata solamente de un ejercicio para fin de año. Cualquier mes puede ser una opción para visualizar con fuerza, actuar en consecuencia con las ideas que defendemos y ser conscientes también de lo mucho que el Universo conspira. Soñar es un acto mágico en donde todos somos los arquitectos de nuestra propia vida; somos los actores sin libreto de una obra que culmina quien sabe cuando pero que sin duda tiene escenas de drama, terror, misterio, dolor y victorias.
Que el 2011 sea un año de conquistas internas y externas y de muchas exploraciones guiadas por la sed de nuestra alma. Que cada día sea una motivación para dar lo mejor de nosotros mismos, para amar con mayor generosidad, perdonar con profunda comprensión y seguir buscando cual aventureros los muchos tesoros que la vida tiene para ofrecernos. Que sepamos encontrar el espacio y el tiempo para estar con nuestro interior y escuchar aquella voz sabia que muchas veces y de tantas maneras se ha manifestado pero que en medio de nuestros compromisos no siempre logramos atender. Que nadie sienta que es demasiado tarde para dar luz verde a sus sueños!!!
jueves, 6 de enero de 2011
Hablar de sexo pero sin miedo
Hace varios meses empecé a escribir un poco sobre el tema y el sólo hecho de decidir la temática me causó un poco de nervios, primero porque no soy una experta y segundo porque la palabra no deja de causar sorpresa cuando se nombra, sin embargo todos en cierta proporción nos hemos cruzado con la curiosidad de explorar a fondo lo que ella encierra. Decidí dejar a un lado la idea de no hacerlo por temor pues finalmente el ejercicio de escribir está siempre guiado por la inspiración que algo nos genera y esta vez no me da pena aceptar que el sexo ha capturado mi mente y mis líneas. Lo ha venido hacienda desde hace un tiempo y no culpo las hormonas sino la profunda inquietud filosófica de develar esta experiencia humana que envuelve tantas facetas, desde la propia exploración corporal hasta la búsqueda de creatividad en los encuentros sexuales que se tienen. Mentiría si hablara de las muchas experiencias que he escuchado en los últimos meses porque en mi cotidianidad no hay espacio suficiente ni complicidad como para abordar esos temas. Sin embargo, debo reconocer que encuentro acá cierta aceptación y menos mojigatería porque no hay necesidad de esconder o aparentar en un lugar en donde la diversidad se ve expresada en cada esquina, en cada lugar que se visita, en cada celebración, en cada ser que puede – desde mi punto de vista – ser quien es con menos miedo a ser señalado.
Cuando era adolescente el sexo fue por supuesto parte de mi curiosidad, y creo recordar comentando con amigas para de esta forma despejar las dudas o consultando también alguna enciclopedia en donde las imágenes me atraían mucho más que las palabras. Recuerdo incluso alguna vez que llame a una línea de consultas gratuita y aun sabiendo que no estaba siendo identificada de esta forma, seguía sintiendo un leve dolor en el estómago al leer las preguntas que me robaban el sueño. Mi mente con frecuencia fantaseaba como buena piscis que soy y entonces me imaginaba aquel príncipe encantado de historias de hadas que me cogería en sus brazos, me llevaría al castillo aquel luego de cruzar el bosque nublado (como en las películas) y juntos hallaríamos un espacio en donde hacer el amor, pues ni decir que se trataba de sexo nada más. El sexo debía estar ligado al amor para poder justificarse de lo contrario el sexo sin sentimiento sería casi que cometer un pecado, y mis herencias inconscientes no toleraban ese tipo de vivencias.
Hoy miro hacia atrás con alegría de lo que fueron mis primeras experiencias en lo que se refiere al sexo pero es apenas ahora en donde siento que mis ojos se abren a la maravillosa exploración de lo sexual, sin decir con ello que me refiero solamente al contacto íntimo, el cual no deja de ser sin duda válido y placentero. Visitando el Museo del Erotismo en Paris observaba como las diversas culturas a lo largo del tiempo han encontrado en el sexo una fuente de expresión, de inspiración, de magia, y de misterio a la vez. Porque ignorar entonces que es a través del sexo que estallamos de placer, que nos fundimos en éxtasis, que nos conectamos por segundos con otra dimensión y recorremos cual montaña rusa un camino de inicios deseados y culminaciones exitosas. No soy una experta como lo señalé en un principio, pero creo que el sexo puede llegar a ser un maravilloso medio de encontrarnos a nosotros mismos y de aprender a amar con libertad, sin ese fuerte instinto de querer poseer a quien tiene el privilegio de penetrarnos. Y he aquí otra palabra que me detiene mientras mis manos fluyen. Penetrar un cuerpo es una cosa y penetrar el alma es una opción que tan solo uno puede permitirse si se comprende sanamente que los encuentros no son casuales y que el despertar que viene luego de la pasión fugaz nos brindará siempre un mayor entendimiento de lo que somos, de lo que tememos, de lo que desconocemos. La vida no siempre nos obsequia príncipes pero si hombres nobles con los que podemos sentirnos princesas por momentos y mientras esa sea la sensación, como diría Silvia Salinas, escritora y psicóloga argentina, la relación compensa.
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